Filed under: Uncategorized
Por Víctor-Jacinto Flecha
Rubén Bareiro – Saguier parte de Asunción rumbo a París en septiembre de 1962. Los amigos que lo despedíamos –casi todos compañeros suyos en la Revista ALCOR, fundada por el mismo, años antes- no lo imaginábamos, ni él tampoco, que estábamos asistiendo a un “momentos crucial” en su vida individual y de escritor. Ese instante condensará, años después, el quiebre entre la presencia y la ausencia de su patria. Toda su escritura desde aquél entonces. Será el testimonio del destierro.
Su primer libro de cuentos, OJO POR DIENTE, (Premio Casa de las Américas, 1971) lo produce durante los primeros años de su exilio. Es decir, justo en el tiempo ñeque el arco de la distancia física comenzaba a carcomerle la representación trivial de los hechos cotidianos – eso que llamamos la pequeña historia – para ser suplantada por una cosmovisión de totalidad (en su sentido histórico) de esa realidad negada en su que hacer diario. De esta forma, Bareiro se instala dentro de la corriente de la literatura paraguaya, que desde el exilio – fuera del clima oprimente de la dictadura militar – se aplica a develar las circunstancias trágicas en que vive un pueblo demasiado castigado por su propia historia.
En efecto, para Bareiro – Saguier, la escritura funciona como acto de recuperación de la imagen cotidiana de su tierra que fluidamente amenaza diluirse por el alejamiento. Más bien, podríamos decir, que su escritura es la captación de un mundo de imágenes del pasado, “una forma de rebrotar raíces, ramas, flores, pájaros, cantos”, en fin una atmósfera que vuelve al escritor a través de la producción textual para salvarlo de la soledad y la ausencia.
Entonces el texto – en este caso OJO POR DIENTE – se ubica entre la ausencia real y la aparente presencia (recreación del recuerdo) y juega un rol de mediación entre ambos polos. Pero la palabra trasciende la propia mediación para constituirse – fuera de la dicotomía arriba indicada – en una realidad en ella misma, con contornos precisos. En este universo, material recuperado del negado por la ausencia, es donde una puede intentar descifrar los enigmas del mundo extrañado. Los once cuentos del libro, a pesar de la diversidad temática, no son más que una sola única historia descrita desde distintos ángulos y niveles, adheridos entre sí por el espacio, el tiempo y la violencia. Pero la unidad del mundo recreado y los hilos que hilvanan los relatos sólo son perceptibles cuando se los lee frente a la realidad inmediata de la que el autor los ha recuperado.

1) LA VIOLENCIA.
OJO POR DIENTE (1) es un libro de violencia acumulada, casi como si fuera el cuenco donde se juntara la ofuscación de la tierra ausente y la de la expatriación. El exilio es desde ya una furia aplicada al individuo de una vez y para todos los días de su existencia desterrada. Un desgarramiento tenso y contínuo, una “apacible” violencia cotidiana. Y para el paraguayo, el destierro no es más que la continuación, en forma distinta, de una ira presente y sufrida en su propio territorio. Entonces resulta “casi natural” que el texto asuma la virulencia de un contexto, el de la patria y la del exilio.
La violencia aparece en la escritura de Bareiro como algo que invade todo, sin mojones ciertos, con causalidad errática, que no tiene ni comienzo ni final. Sin embargo, el texto contiene algunos elementos que funcionan como claves que pueden permitirnos leer tras la apariencia una cierta causalidad, una realidad oculta tras los pliegues de las palabras.
2) APROXIMACIONES A LA VIOLENCIA:
A) Viento Norte.
El cuento “Viento Norte” funciona como bisagra, como la costura interna del libro, ya que está ubicado justo en el medio del volumen, pero también en los costados. Es un elemento pleno de violencia gratuita, que constantemente aparece y reaparece en el devenir del texto.
“Al recibir el puntapié, el pichincha lanzó una chillido agudo y de golpe todo cambió. Tereso, que acaba de ingerir un trago, sintió que la mitad de la caña se le volvía amarga en la boca, sus cabellos doing…doing… se pusieron de punta. Por otra parte, Cristoso hizo una mueca de disgusto al tragar y miró al otro lado de través. El bolichero buscaba al perro dando saltitos de boxeador y puñetazos al aire. Tereso tiró un billete arrugado sobre el mostrador y salió sin despedirse. A punto de franquear el umbral, todavía oyó el ruido seco de la bofetada que Don Tito acababa de asestar a su mujer en el trascuarto…” (Pág. 72 – 73)
Nada presagiaba, antes de este fragmento, la llegada del viento norte. Pero bruscamente este se hace presente y la gente lo percibe como una explosión en pleno rostro. Desde este momento los cordones de la furia se trenzarán col las tripas y la apacible cotidianidad se transformará en una violencia incontenible. Y “Tereso, sentía el fuego paseándose por todas partes, en el estómago, en las orejas, en la garganta, en los talones…” (“Viento Norte”), Pág. 77.
Después, todo lo que suceda será la noria ciega de la desgracia. La contabilidad del arrasamiento se hará como si nada extraordinario sucediera.
“…Seis se hirieron nomás…(…)
… y dice que Don Cristaldo, el peluquero, le sacó un pedazo de la oreja a Lacú Noguera con la navaja y le tajeó todo el pescuezo y la cara a tras más; a Don Robú si que le peló bolero…, ahora está preso porque Lacú Noguera es pariente del comisario…” (Pág. 76 – 77)
Que Nachí se cayó en el excusado donde había estado saltando y se hundió hasta el cuello; que Ña Jacinta le tomó parálisis y no puede hablar, “la más grande desgracia, primera vez que se calla…”; que en lo de Don Cuquejo hubo una riña, unas cuantas cabezas rotas, sin importancia; que Don Melitón le había apuñaleado al amante de su esposa y eso que eran buenos amigos;…” “Viento Norte” (Pág. 77)
Y las desgracias, las muertes y los “ocurridos” seguirán un curso normal, “hasta que venga la lluvia…”, “Pacto de sangre”. Y luego toda la transcurrencia durante el viento norte, desaparecerá hasta diluirse simplemente sin dejar rastros ni memorias.
“…De repente empezó a bramar y echar relámpagos por la boca. La tierra se puso a humear y se cubrió de un aroma tibio – vaho de madera, bosta, polvareda, hoja, pasto, insecto – , cuando cayeron las primeras gotas, gordas como puñetazos.
Al día siguiente, Tereso se encasquetó sus sombrero sonriente cantando salió a la calle limpia, que rodaba en corriente verde hacia el río. Nadie se acordaba del viento norte.” “Viento Norte” (Pág.79)
La violencia funciona dentro del texto con esta misma lógica: la del viento norte. Se instala y desaparece inesperadamente, “… como un ventarrón de odio y fuego que arrasaba los montes, el valle, los ranchos…” “sólo un momentito”, pág.16. Sólo así es compresible el comportamiento de los personajes del libro. De esta manera el padrino – tío, Comandante de un destacamento que va a fusilar a sus sobrinos, no hace absolutamente nada, pudiéndolo, por salvarlo. Entre ambos no existe el odio, al contrario se nota cariño y al parecer, hasta una profunda compresión de que “así nomás tenia que ser”. Los códigos manejados en toda la extensión de “sólo un momentito” hacen de la violencia un hecho natural como comerse una fruta o “bañarse en un tajamar”. O en “Diente por diente” los campesinos persiguiendo brutalmente a sus propios conocidos y amigos. “…Todo el mundo puteaba contra Secú, y su primo Tanasio escupió sobre el montón de queresa tirado en el suelo…”, pág.36; también es relatado como un hecho natural.
En todo el libro existe un tipo de violencia “pautada” como una costumbre o prejuicio más del mundo que pone en evidencia el texto. Es aquí donde el eje viento norte/violencia juega una especie de ligazón en lo que uno explica al otro y viceversa en intercambios de correspondencias texto/contexto histórico. Y bien, una hipótesis interesante para hacer plantada es la de la naturalidad de la violencia bien que podría ser una cristalización ideológica de la experiencia histórica de la sociedad paraguaya después de la derrota del Estado Nacional en 1970 por las fuerza de la Triple Alianza que componían Brasil, Argentina y Uruguay.
Después de esta fecha, un largo período de la historia paraguaya está cargado de guerras civiles, asesinatos políticos, y golpes de estado. La imposibilidad de la clase dominante en transformarse en clase nacional hegemónica dio origen a los enfrentamientos de sus distintos sectores por acaparar el poder como fuente de concesiones, privilegios y enriquecimientos. El sistema caudillista de dominación hizo el resto. Familias enteras envueltas en las espirales de violencias donde la muerte era el pan cotidiano. Esta situación duró hasta bien entrada la década del siglo XX, con la última guerra caudillista entre 1922 y 1923.
b) El color.
Pero además, la violencia tiene un código simbólico cromático. El mismo es el resultado de la división de la sociedad paraguaya en colores irreconciliables en el arco- iris letal del espectro político.
“Desde que nací tengo el color que mi padre y mis abuelos me ataron como un nudo mordido al cuello, a los huesos, a la sangre. Y lo mismo pasa cono mis vecinos. Cada uno tiene su color….”. “Diente por diente” Pág.33
Tras esta apariencia color/enfrentamiento social, estructurada y heredada por cada familia, está la existencia de los dos partidos políticos tradicionales en que se ha dividido la sociedad paraguaya, desde el siglo pasado.
Desde la conformación de estas dos corrientes políticos en el país (1887), las épocas de hegemonía de ambos resultaron bien diferenciadas: la del partido Nacional Republicano (el partido Colorado) hasta 1904, y la del partido Liberal hasta 1936. Desde esta fecha el poder pasó a manos de los militares y el estado encontró una conformación nacional – militar autoritaria.
Durante la hegemonía colorada, el régimen era totalmente instrumental y capturado en el sentido que el estado estaba controlado por la misma clase dominante (latifundistas y banqueros). Un simple cotejo de las listas de presidentes y sus respectivos gabinetes comparadas con las de la Sociedad Rural o de presidentes de entidades bancarias revela la identidad casi absoluta entre clase dominante y clase política. Esta directa relación estado/clase propietaria, inhibió la conformación de un estado de relativa autonomía sobre los intereses de las distintas facciones hegemónicas.
El ascenso al poder de una nueva clase política (“los abogados de los inversionistas anglo-argentinos”) en 1904 (comienzo de la hegemonía liberal) reflejó hasta cierto punto el declive económico de la camarilla colorada, perjudicada por las prácticas librecambistas adoptadas en el país. Con el rápido fortalecimiento de las empresas extranjeras, el centro de gravedad de la economía se desplazó de las simples funciones productivas al eje que combina producción, comercialización y exportación.
Pero a pesar de esta “modernización”, el sistema político caudillesco no varió mucho. En esencia, “los partidos” no se diferenciaban entre sí, sino por los colores que cada uno portaba, es decir un elemento exterior cromático: el uno colorado (color rojo), y el otro liberal (azul). Las masas seguían a los colores personificados por los caudillos zonales y regionales. A pesar de que los caudillos nacionales – la clase políticas propiamente dicha – las más de las veces, pugnaban por el gobierno como una lucha por controlar las menguadas finanzas estatales y así poder cumplir con los acreedores de este, uno de un color, otro del contrario, la “imaginaria política” de los mismos era de alguna forma, el cumplimiento de las libertades inscriptas dentro de la Constitución Nacional. Los enfrentamientos armados entre distintos grupos políticos fueron las formas habituales de “hacer política” en el Paraguay y eran conocidos bajo el nombre de “revoluciones” y es en este sentido que se hace mención en el texto y a la vez se lo emparenta con la violencia.
c) Color estatal
Dentro del texto encontramos que no sólo los agentes partidarios tienen color sino el estado mismo está impregnado de color. Si los colores de los primeros son conocidos por las masas, el color estatal es totalmente extraño a ellas. El cuento “Salmón y dorado” expone una contraposición interesante en este sentido. En un primer momento la contraposición es entre peces conocido y desconocido; luego en un segundo momento, el pescado desconocido se transforma también en un color. Este será el de las paredes de la dependencia estatal, donde una madre campesina recurre para averiguar sobre el paradero de su hijo desaparecido que participa en una guerilla.
“… el salmón refulgía centelleante en las paredes, pero la viejecita en su vida había visto es pez, nunca lo había, no le preocupan los muros de la espera, sólo su hijo…” (“Salmón y Dorado” Pág.90)
El hecho de intentar entrevistarse con el ministro, sin ninguna recomendación de algún color que pudiera entrar en contacto con el color estatal, demuestra de por si, que el no conocimiento de éste, supone asimismo la ignorancia de su mecanismo. El poder central estatal es ajeno a ella.
Ella y los demás personajes (“los pobres para lastar nomás estamos”) solo reconocen dos pescados (pakú y dorado) y no el salmón. Si remitimos esta trilogía de pescados a una simbología posible; los dos conocidos a los partidos tradicionales que habíamos hechos mención más arriba. El conocimiento del otro, sólo puede ser desvelado por “iniciados”. En este caso, el curandero – espiritista Popyté. Quien no solo es capaz de reconocer el salmón sino a su alter ego el águila sobre las inscripciones en inglés. Aquí la relación pueblo-color se contrapondría a la ignorada trilogía salmón-estado-águila, como metáfora de un estado extraño a su propia gente y capturado por un poder transnacional. Dentro del contexto histórico, no es secreto para nadie, el apoyo norteamericano a la dictadura paraguaya en su represión campesina-guerrillera. Pero yendo a una perspectiva histórica más profunda, se puede constatar que muchas de las revueltas en el país no tuvieron sus orígenes en la sociedad nacional sino obedecían a intereses exteriores, que financiaban las “revoluciones” para asegurar concesiones empresariales.
Entonces tras la apariencia de gratuidad de la violencia, el texto con el contexto, nos da una posible clave para develar el origen de la violencia que agobia a la comunidad del país. Esta interpretación posible sería el resultado de una recuperación del caos, como una toma de conciencia dolorosa del narrador hecha desde la perspectiva de la ausencia. La eventual pista puede no ser resultado de una búsqueda consiente del autor – no tiene por que serlo – sino trasunto de su profunda impregnación en el magma de su comunidad, agudiza por la visión hipertrófica del exilio. La lucidez extrema del ostracismo empuja a una forma de asumir modalidades del inconsciente colectivo a través de la escritura.
3) EL ESPACIO
No existe en todo el texto una mención explícita al espacio donde se desarrolla la acción narrativa, sin embargo toda una serie de elementos descriptivos nos ofrecen las pistas para ubicar la misma. Un elemento geográfico recurrente es la presencia del río que en la mayoría de los casos sirve de cinturón a un pueblo típicamente colonial (plaza cuadrada, iglesia, alcaldía, casas de tejas con corredor al frente). El medio rural es pobre, y en él se manifiesta una relación de poder caudillesco íntimamente entrelazados entre clase poseedora, intendente, juez, comisario, y cura párroco, por un lado y por el otro los campesinos pobres. Apreciamos también la presencia de lo religioso a través de la Virgen del Rosario, patrona del lugar. Aún en los cuentos de presumible es pació citadino, como “Ronda Nocturna”, “Salmón y Dorado”, y “La operación”, están presentes, de alguna forma, estos elementos. Todo esto nos hace pensar en el pueblo de Villeta y sus alrededores. “Patricia chica” de Rubén-Saguier y territorio de toda su infancia. Este pueblo está ubicado a 50 kilómetros de la capital Asunción, sobre la ribera del río Paraguay. Antiguo puerto naranjero del país hasta la cuarta década del siglo y unida a Asunción, hasta bien adelantada la década del cincuenta por un servicio de diario de lanchas. Cabecera de una zona de minifundios, tierras desgastadas por el uso desde la época colonial. Pero dejemos que el propio escritor nos ofrezca la imagen de su pueblo natal:
“Nací en la Villeta del Guarnipitán, un pueblo legendario a orillas del río. (…) Mis primeros recuerdos son los del río, lustral azul, los de otro río aromado olor en las calles, ampliado en la plazoleta inmensa del puerto por donde se embarca la naranja que producía bien se exportaba hacia otros lugares, para mi remotos, en el sur desde donde subía el misterio de mundos, lejanos. De todo ese tiempo sin tiempo pasado en la “Tierra sin mal”, me queda el sabor, el olor de las frutas del patio: guayabas, mandarinas, chirimoyas, yapabas, naranjas, aguacates, guavijus, granadas, pindos, limones, aratikús… el canto de los pájaros inaugurando la mañana, mugidos, relinchos, el ladrido del perro –tan amigo-. Y el trote del caballo zaino, al que después de ordeñar las vacas yo le acercaba su ración de maíz, de alfalfa, de afrecho. ¡Como olvidar el pedazo de viento en que me convertía, camino al río, a donde lo llevaba a nadar hacia el fin de la mañana! Un espeso bosque de cigarras inundaba el sueño calcinado de siesta. Y cuando el poniente empezaba a apagar su gran incendio, multiplicando por el río del atardecer, comenzaba el espacio inquietante de la noche. Este territorio cuyo centro era el fogón en que se atizaban los cuentos de poras, entierros y pomberos, que luego silbaban, refulgían, trepidaban en las grietas de entresueño. Como a los antepasados guaraníes, la noche me producía incertidumbre, me empapa en miedo y en olor crecido del jazmín nocturno. Hasta que el amanecer me devolvía a mí infancia en el Guarnipitán…” (2)
Esta larga cita, nos permite comparar esta descripción y sus elementos componentes con la atmósfera general de “OJO POR DIENTE” (3). Ejemplo tomados al azar: “que iban a bañarse en el tajamar o que debían ensillar el caballo para salir a campo. Pero el muchacho intuyó que se trataba de una cabalgata más larga, en una Zambullida más profunda”. (“Solo un momentito” pág. 15). “son los poras, decían los soldaditos, y habían que amenazarles con duros castigos, (…) para vencer el miedo y a la resistencia a esas rondas endemoniadas” (“Ojo por diente” Pág. 26)… las estrellas que se despedazaban con los golpes de las olas, los ladridos del agua asediaban la arena de la costa. La figura de ambos hombres iba destacándose sobre el amanecer. Cerca de los yuyos, cerca del aromita que embalsamaba la luz rosada, creciendo y creciendo desde el este sobre la corriente del ría” (“Browning 45”). “La calle ya no rodaba hacia el río (…); los pomberos se peleaban en el patio por el agua del aljibe” (“Viento Norte”). “… la fiesta de la Virgen del Rosario, en un Guarnipitán igual al que había visto esta mañana al entrar con el alba en las calles de rocío…” (“Aniversario”). “los jazmines, las estrellas, el mangal, los naranjos del patio (…); unos músculos elásticos recorriendo las calles soleadas, la campiña incendiada bajo el reverbero de fuego. (…); la casona destartalada, cerca del río, donde se le amontona como a bestias en vagón de carga…”. (“La operación”).
Este mundo invadido por los rasgos que caracterizan al pueblo natal de Bareiro-Saguier, nos permite ver hasta que punto su pueblo Villeta es el coágulo en donde el escritor echa sus anclas para recrear su mundo ausente. “Para mí (…) la escritura es una recuperación plena de mi patria…” ha reclamado en repetidas ocasiones, pero ahora bien, habría que cuestionarse justamente cual es el espacio físico, en su memoria, de esa patria. Si tomamos en conjunto, su obra poética y narrativa, veremos que el clima, paisaje, la textura de global de sus textos, podemos apreciar un aspecto más que significativo, es decir, la recreación del mundo de su infancia, la de su pueblo natal, ese mundo de “Villeta legendaria”, “esos pueblos”, que funcionan como una condensación esencial del espacio mito-fundacional, -en varios escritores latinoamericanos – y que ubican a Bareiro-Saguier en una óptica obsesiva, en una de las corrientes de la literatura latinoamericana, es decir la patria arraigada en la “profundidad de las tripas”, de vasos comunicantes que funcionan como metáforas de un universo que parte de un microcosmos al macrocosmos, en una vidente recuperación necesaria de la memoria. Es decir, escritura salvadora de la sociedad, la nostalgia, del exilio, pero asumiendo profundamente el desafío que todo creador exiliado debe asumir.
4) EL TIEMPO
La habilidad narrativa, justamente, de Bareiro-Saguier consiste, en que, en todo el libro no existe ningún acontecimiento o fecha que pueda revelar al lector pautas contextuales- y bien que las hay- todo parece permanecer en el limbo neblinoso de un devenir sin tiempo, con recuerdos suspendidos en el aire, como si la memoria se haya perdido pero “sin perderse”, sin embargo existen marcas del tiempo, en los hechos y en la atmósfera de los relatos. Es como sí “la historia real”, fuente de “la historia textual” haya salpicado a ésta con sus agua numenciales. Pueden entonces parecer difícil o “complicado” leer o interpretar B. Saguier, pero es evidente que sus textos funcionan en dos niveles, es decir el de la ficción (que corresponde a su compromiso estético9, y a los avatares de su patria, es decir su compromiso con su país, con su tierra. De todos modos, es posible ubicar los relatos del narrador entre dos fechas capitales de la historia contemporánea paraguaya: la guerra civil de 1947 (“Sólo un momentito) y el Movimiento guerrillero 1960-61 (“Pacto de sangre”). El primero y el último, respectivamente, de los cuentos del volumen. Ello, como marco esencial de la cronología con rebalses posteriores y sobre todo ese tiempo sin riberas que desde el amanecer de la memoria infantil impregna el relato de manera constante.
La guerra del chaco (1932-1935) fue en cierta medida la muralla de contención a la crisis del sistema de dominación caudillesco-oligárquico, establecido en el país, desde 1870, por un lado y por el otro, la chispa que incendio la pradera para el holocausto de esa estructura. Esta situación trae como resultado directo, las consecuencias que desembocarían en 1936 con la irrupción de los militares en las estructuras del poder, momento clave para el futuro del Paraguay, puesto que será el momento fundacional del “Estado Militar” Vigente hasta hoy día en el Paraguay.
El “ejército en armas” según la “Proclama del ejército Libertador” del 17 de febrero, se constituía en el “portavoz” y el “vehículo” de las transformaciones anheladas por las masas populares. Esta “autoconstitución” de la FF.AA. como ente político y gestos “de la vida de la patria” le daba el “legítimo derecho” de “estatuirse” en nombre del pueblo en poder plebiscitario, constituyente y por ende legislativo.
El poder caudillista – en plena decadencia – dejaría paso entonces al poder militar, y los cambios políticos que se producirían entre 1936-1946, se llevaron a cabo dentro de los amurallados cuarteles ,sin participación de los “caudillos”.
Cambio esencial, son ahora los militares que van a tomar el poder, y “servirse” de los partidos para llevar a cabo sus propios fines. En un primer momento, intentaron gobernar solos entre 1936-1937 para luego buscar la alianza con el partido liberal que era entonces mayoritario, 1937-1940, para nuevamente, después de la disolución y persecución de éste quedarse solo en el poder. 1940-1946, con algunos apoyos civiles, para posteriormente buscar una alianza con l partido colorado, sin participación muy activa desde 1904.
Era de esperar – dentro de las diferencias existentes – de un “proyecto nacional” elaborado por las FF.AA. que esta situación larvada desde tiempos atrás desembocara en la Guerra Civil de 1947. Diferencias, dentro del ejército mimo y una parte se sublevará contra el poder central de orientación netamente dictatorial. A los rebeldes se sumaron los partidos liberales. Revolucionario Febrerista y Comunista. Pero las fuerzas gubernamentales lograron derrotar a los oponentes, desenlace y definición, entonces, del proceso iniciado en 1936. La derrota de los insurrectos significo el final de una idea de ejército institucionalizado, y el comienzo de un ejército con características claramente partidarias. Es entonces, que la alianza, ejército-partido colorado se molifica pasando éste último a actuar como “agencia civil” del primero, cumpliendo con la triste tarea de delación, propaganda, represión y corrupción del dictador castrense.
Esta violencia, que tan bien refleja Barreiro-Saguier en su cuento “Solo un momentito”, y que es el símbolo o “espejo” de varios años de represión hasta hoy en día, represión “necesaria” del poder central, que traerá como consecuencia el trauma del terror, marcando a sangre y fuego la memoria colectiva del pueblo paraguayo; no es por causalidad entonces que “OJO POR DIENTE” haya sido prohibido en el Paraguay y su autor encarcelado. Todo el libro funciona como acta de acusación de una realidad irrespirable, quizás sólo comparable con lo que sucedió al pueblo español después de la guerra civil.
Bareiro-Saguier así como Roa- Bastos y otros tantos escritores de esta década simbolizarán el dolor y el exilio de un pueblo relegado al olvido y al sufrimiento, esa memoria colectiva va a ser o tratar de ser recuperada a través de la escritura en acto de compromiso estético-político, y es de esta manera que funciona “OJO POR DIENTE”
No es de extrañar entonces que Bareiro-Saguier intente captar, y cerrando el arco del tiempo, las últimas resistencias armadas de los partidos opositores contra la dictadura castrense. En 1959, se creó en el exilio la “Unión Nacional Paraguaya”, como resultado de la unidad de acción de los partidos Febreristas y Liberal. Poco tiempo después, sectores juveniles más radicalizados constituirán, el “Movimiento Revolucionario Paraguayo” (M.R.P de 14 de mayo) de carácter armado, y a su vez Partido Comunista organizó y apoyo el “Frente Unido de Liberación Nacional” (FULNA).
Los avatares de la sociedad paraguaya llevarán al escritor al sueño de una sociedad civil – que él conoció-, a la constitución de un deseo colectivo, y en la búsqueda de su pueblo natal que dejó a los 12 años, paraíso perdido, edén, de una vida bucólica, trasplantada en toda su dimensión global al dolor de su pueblo y por lo cual la escritura está empapada de sangre, tierra y sufrimiento.
Por lo tanto, y – es una de las características – de la obra de Bareiro-Saguier, en su escritura será la búsqueda del paraíso perdido, de ese tiempo como metáfora recurrente de un sueño colectivo, y su imperiosa necesidad de dirigirse a su sociedad civil, a su pueblo, el pequeño, (Guarnipitán) y el grande Paraguay, los dos reencontrados consigo mismo, para luchar, salir y recobrar la dignidad frente a las estructuras dictatoriales que hoy y siempre en la vida del autor lo han agobiado
(1) Todas Las citas de “OJO POR DIENTE”, corresponden a la edición de Plaza & Janés, Barcelona, 1984
(2) Entrevista inédita a Rubén Bareiro- Saguier, Archivo del autor
Noción de la muerte en “OJO POR DIENTE” de Rubén Bareiro Saguier.
Víctor-jacinto Flecha
En trabajos anteriores (1) plateamos el nexo entre la condición de exilio del autor de “Ojo por Diente” (2) y la recuperación del universo ausente a través del texto. Es como si la distancia –tanto en el tiempo como en el espacio- cumpliera la función de cedazo de la cotidianidad y sólo dejara colar el fino polvo de la esencia cultural del cual están impregnados los relatos. En efecto, el libro “Ojo por Diente” devela una trama condensada de la visión del mundo paraguayo y no por que así lo manifieste expresamente – la palabra Paraguay no se menciona nunca-, sino justamente por escapar de los aspectos descriptivos formales y poner en relieve una atmósfera escondida tras los pliegues de una realidad enmascarada. En sí, el libro pareciera ser un texto estructurado con la arcilla de todo el devenir histórico paraguayo. Develador del humus indiferenciado que ha dejado la historia, una esencia subterránea que por la magia de la escritura emerge señalando identidades propias de esta sociedad.
Partiendo de estas premisas, intentaremos un análisis de la noción de la muerte en “Ojo por diente”. En primer término queremos resaltar el hecho mismo de la muerte – personal y colectivo – dentro de un contexto cultural mestizo y en un segundo nivel nos interesa poner de manifiesto la relación de la muerte y los cambios operados en la sociedad paraguaya en el transcurso del tiempo que aparentemente abarca el texto.
Relación vida/muerte. Dos espacios sin conflictos.
En un primer nivel podemos constatar una percepción de la muerte profundamente enraizada en la vida. La muerte deviene como un hecho más y ni siquiera el más importante de la vida cotidiana. Esto se percibe tanto en la visión que tienen los personajes sobre su propia muerte como en la de la colectividad hacia la muerte de sus miembros. Esta noción vida/muerte imbricada atraviesa todas las historias y casi se podría decir que fuera el hálito esencial con que fueron escritas.
Así, por ejemplo, en el cuento “sólo un momentito”, ante la lectura de la orden de fusilamiento a un grupo de prisioneros en una guerra civil, se evidencia una naturalidad pasmosa frente a un hecho capital.
“El sub-oficial gubernista les había leído la orden sin alterar la vez, tranquilamente, como comunicándoles que iban a bañarse en el tajamar o que debían ensillar el caballo para salir al campo…”
La imagen de la muerte está relacionada, entonces, con hechos baladíes de la vida cotidiana campesina. Actividades que inclusive pueden repetirse varias veces en un solo día. Esta noción se ratifica aún más en lo siguiente:
“Al terminar de leer el papel, el sargento los miró amistosamente. Su vozarrón amable llenó el aire: “A prepararse cada uno solamente… por estos lugares no hay pa´í…” (Sólo un momentito, pág. 16)
En este párrafo contrasta enormemente la voz amable del oficial y la brutalidad de lo que comunica: la muerte y ni siquiera la presencia consoladora de un pa´í. (sacerdote, en guaraní). Sin embargo la escena descripta no está denotando ninguna aparente violación de una pauta social. Aparece como un hecho sin desgarre.
Pero donde esta evidencia de la naturalidad de la muerte se vuelve más dramática es en el diálogo entre el tío y el sobrino. El primero, caudillo con amplio poder y responsable de la columna gubernista, quien pudiendo salvar de la muerte al segundo, y sin embargo, de que acuerdo con toda una lógica frente a la muerte, no lo hace, y el segundo, alzado en la guerra civil, sabiendo perfectamente que el tío lo puede liberar sin problemas, acepta totalmente la misma lógica. “Nadie muere en la víspera” o “… cuando la muerte llega no hay tu tía”. Es la ley no escrita a no ser en la propia piel, en el propio corazón de cada uno.
“Así no más tenía que ser…-el hombre se sorprendió reflexionando en voz alta. Su sobrino lo miraba con la misma admiración que cuando hacía bailar a su caballo la polea partidaria…”
“-Tío, yo tengo mi compañera…”
-No te preocupes, mi hijo. Mañana me voy hacia el lado de tu casa; le voy a ver en tu nombre. Si necesita algo me ha de encontrar”
El muchacho no dijo nada, dijo una mirada de gratitud en la cara ancha del hombre…”
“-Que le haces decir a tu mamá? Yo mismo tengo que ir contarle.
-Y…nada… más que memoria. Que cuide de mi hijo; no va a tener padre, pero ha de tener dos madres…”
“- Tu papá hubiera estado contento. Su semilla no va morir”. (Sólo un Momentito, pág. 19)
Esta escena muestra de manera elocuente toda una concepción de la muerte y quizás porque es una traducción directa del guaraní. Aquí la muerte es aceptada y asumida por todos, desde el tío hasta la madre pasando por la compañera del muchacho. El primero ordenará el fusilamiento y llevará sin ninguna contradicción esta noticia a su hermana, madre del muchacho e inclusive se ofrece a ayudar o hacerse cargo del niño que nacerá huérfano. En ningún momento se manifiesta odio o rencor, al contrario, pareciera existir cariño y respeto como si cada uno debiera cumplir un rol preestablecido.
Pero no sólo los otros aceptan esta lógica sino también la victima, quien ante la angustia del inminente tránsito se autoconvence apoyado en mitos internalizados que expresan el fatalismo.
“Pero el tío tenía razón: el último San Juan, al levantarse, no había visto su cara en el espejo”
La auto persuasión a la que recurre el muchacho es el fatídico anuncio que hace San Juan en su día a los creyentes. En efecto, dentro de la cultura mestiza paraguaya la festividad de San Juan desnuda todo el sincretismo que existe en ella. Es la fiesta cristiana con mayor entrelazamiento con toda la cultura guaraní. Fiesta del amor, del fuego y de la muerte, es decir que aúna en sí dos caras de un mismo fenómeno: vida/muerte entrelazadas. Esto se manifiesta en una pluralidad de practicas y una de ellas es precisamente no ver reflejado el rostro en el agua del estanque o en un espejo; es la premonición segura de la muerte antes del año. Por la fuerza que tiene el mito dentro del alma colectiva paraguaya se vuelve muy comprensible la pasividad con que el muchacho acepta su propia muerte, aunque esto sólo sea una forma de manifestarse otra cultura más profunda, la guaraní subyacente, como veremos más adelante.
Otro aspecto dentro del texto es que la muerte nunca es nombrada por su nombre, sino con el de “desgracia”. En el cuento “Viento Norte”, que en cierto aspecto es una condensación de la violencia, una especie de tornado que aparece y desaparece dejando tras su paso un tendal de hechos, se visualiza este fenómeno.
“Al día siguiente, la churera le contó el resultado de la trifulca en el baile. “Dos se desgraciaron (subrayado nuestro), seis se hirieron nomás…”
Al mismo tiempo la desgracia aparece como un elemento constitutivo de la masculinidad. No existe absolutamente ningún complejo de culpa en quienes la cometen.
“…a mi no me gusta la sangre de cristiano, pero más de una vez, en la guerra o en alguna farra, me ocurrió participar en una desgracia; eso le pasa a los hombres, es ley de machos…” (Diente por Diente, pág.38).
“Como cuando ella iba a visitarlo al corralón donde él paso dos años por aquella “desgracia”, durante el baile en la escuela. Conste que no había sido culpa suya; el otro le agredió porque no le gustaba el color de su pañuelo y porque la caña dijo el resto.” (Ojo por Ojo, pág.84)
El no nombramiento de la muerte por si misma por un apelativo y que a su vez ésta esté relacionada con la masculinidad pudiera bien no ser otra cosa que la puesta en evidencia de una “cultura política” o una forma de “hacer política” que se manifiesta sólo a través de la violencia y de la muerte. En otro articulo (1) hacíamos mención del color y la violencia, es decir el enfrentamiento cotidiano, que se dio en una determinada época histórica en el Paraguay, de los miembros de dos partidos tradicionales que tenían sus respectivos colores. En este sentido la muerte también era un acontecer cotidiano y el ejercicio de la política “cosa de hombres”.
Pero no sólo los vivos tienen una noción “natural” y cotidiana de la muerte sino los propios muertos están todavía latentes en la vida. El personaje de Pacto de Sangre, supuestamente en su estado natural, sin descomposición, quien narra la historia. Algo parecido sucede también “Ojo por Ojo”. En ambos cuentos los personajes, desde debajo de la tierra, esperan… la lluvia bienhechora, metáfora, quizás, de un elemento que el texto no pone de manifiesto pero que bien pudiera traducir elementos substanciales del contexto cultural paraguayo. Volveremos sobre ello.
Nacer/morir
En un segundo nivel de análisis la muerte es como la recuperación del punto de partida de la vida. Existe una relación estrecha, en el espacio, entre nacer y morir.
En el cuento “Aniversario”, el relato se inicia ya desde el tránsito a la muerte. El personaje llega al pueblo sin otro norte que el azar desmemoriado para encontrarse con un hijo desconocido – única semilla en su largo camino de viandante- pero también con la muerte. Como si el ciclo de la vida no fuera más que retornar sobre sus pasos.
“Hace unos días no tenía ninguna noticia de este hombre fuerte, moreno, que ocupa la cabecera de enfrente; este hombre que, sin embargo, se parece en muchas cosas a la imagen que yo solía ver diariamente en los espejos de hace 20 o 30 años. Porque desde entonces he cambiado bastante aunque no he engordado – el mucho camino, seguramente-(…)
“Así, con mi guitarra cantando de noche en noche y de pueblo en pueblo. Pero a éste hacía mucho tiempo que no llegaba, años sin parar desde la última vez en que estuve para los festejos la Santa Patrona del Rosario y que canté varias noches seguidas en la plazoleta del mercado. No me acordaba muy bien del pueblo; aquí llegué otra vez porque estaba en mi camino, porque sí, como el viento que arriba y se va y se arrima de nuevo, aunque empiezo a creer que por algo más…” (“Aniversario”, pág. 99/100)
El protagonista empieza a tener la intuición de que sus pasos, al encaminarlo hacía ese pueblo no era otra cosa que cumplir con su destino. Esta intuición se volverá certeza cuando él comienza a rememorar la imagen de su amante por unos días, madre del hijo que hogaño está en la cabecera de enfrente. Es como si esta recuperación, la de la memoria de su amante –muerta – fuera a su vez la certidumbre de su propia muerte.
«Ya está, levanto mi copa repleta, mihijomemira, ojosmemiran,sehace un silencio, crecrece, meahoga, no puedomás, habloalfín: “Por mi hijo José Rosario y sus treinta. Por doña Damiana, su madre y…” Ya está, vuelta de llave; abierto el silencio espeso, nadie dice mu, manos en alto, copas alzadas (…) “… un hasta verte Cristo mío por eso santa…” Bebo hasta el fondo del gran vaso oscuro; siento la sal de una gora que bajando por la mejilla llega a mis labios y se mezcla con el gusto del vino” (“Aniversario”, pág.104)
Otro ejemplo del mismo tenor constituye el cuento “Pacto de Sangre”. También aquí el protagonista (un guerrillero), esta vez relatando desde la muerte, intuyendo oscuramente su fín, fuerza al destino para retornar al mismo lugar desde donde partió, como si necesitara reecontrarse con sus raíces, consigo mismo para hallar la muerte.
“Vine aquí y me llené de ausencias; vine y me ensucié con recuerdos. Me embadurné de muertos (…)
“Digo mi gente, la más mía (…) la que me vió nacer, jugar, crecer, la que me conoció como “el hijo de don Rivero” y luego se apresuró a llamarme “el Doctor”, y que ahora contempla con asombro mi inusitado regreso”
“Vine y no hice sino convivir con mis propios fantasmas, como se toma un tren que lleva hacia la soledad infinita, infinitamente poblada; entonces comprendí que éste era el camino definitivo, la única salida, o simplemente, la salida”. (“Pacto de Sangre”, pág. 115, 116, 120)
Una especie de llamado de la tierra. Una profunda urgencia de devolver los huesos al mismo lugar desde donde surgió como semilla. Recuperar el espacio físico no solo significa reganar una geografía sino que ésta funciona como intermediaria para la recuperación de la memoria y obtenida la misma se gana la muerte.
Ahora bien, esta visión particular de la noción de la muerte entrelazada profundamente a la vida que casi es imposible hablar de ella sin que esté presente la otra, como si fuera un mismo fenómeno con dos caras distintas vividas cotidianamente, necesita un explicación que habría que buscarla inexorablemente fuera del texto. Ello nos obliga a remitirnos al contexto cultural implícito en toda la obra.
El libro pone en evidencia una cultural mestiza donde encontramos elementos superpuestos y entrelazados de la religión cristiana con la de los guaraníes. Sin embargo, esta noción de vida/muerte como espacio sin conflictos tiene mucho más que ver con las creencias guaraníes.
Según la religión guaraní uno puede llegar a la tierra sin males –yvy maräne’y – vivo o muerto. Acceder a ella es adquirir la inmortalidad. Pero este traspaso sólo se logra con la perfección. La tierra sin males se halla en algún lugar físico de este mundo.
De allí que no existe una separación neta entre la vida y la muerte. Son dominios comunicantes que se relacionan permanentemente entre sí. Esto pudiera explicar la falta de conflictos entre los espacios vida y muerte que el texto pone en evidencia.
Pero aún hay más. El nacimiento está profundamente ligado a la tierra. El que nace es recibido por la tierra antes que otro ser humano lo que toque. Es decir el niño se tumba literalmente en la tierra. Y es en la tierra, donde se deposita al muerto en la misma forma acuclillada como nació. Para que éste pueda acceder a la inmortalidad es necesario que sus huesos no se transformen en tierra. Los guaraníes desenterraban, después de algún los huesos de sus muertos para que éste pudiera, “después que este tiempo desaparezca y otro despunte”, ingresar a la tierra sin males, resucitando a través de los mismos insuflados de palabra divina.
De ello pudiéramos inferir que la búsqueda de la geografía que lo vio nacer es como una búsqueda y una seguridad, a la vez, de retorno a la vida.
1. La muerte y el sistema socio-político
En este apartado queremos relacionar realidad socio-política y realidad textual con el propósito de inferir lo que la muerte pudiera tener como significado en el comportamiento de los agentes encargados de ejecutarla.
A pesar de que el libro no existe ninguna fecha y que ningún acontecimiento revele el contexto histórico se ven, sin embargo, marcas de la costumbre política que, a “grosso modo”, pueden servirnos de pistas para ubicar el contexto histórico del que emerge: La Guerra civil de 1947 (“Sólo un Momentito”) y el movimiento guerrillero (1960-1961)(“Pacto de Sangre”). Dos hechos capitales de la historia contemporánea paraguaya. Al ubicar estos dos cuentos, (el primero y el último respectivamente del volúmen) en este contexto y al tomar los elementos de la forma de dominación política que en ellos se manifiestan, podemos hacer una interpretación de la muerte y el fín de un sistema político. La bisagra que uniría estos cuentos sería “Diente por diente”. Analicemos más de cerca esta trilogía.
En una comunicación oral (Maison d’Amerique Latine, Paris, febrero 1987), Jean Andreu, conocido académico, especialista de literatura latinoamericana, hacía el análisis de “Diente por Diente” señalando los siguientes aspectos:
1.- El comportamiento de un pueblo de estructura cerrada, aíslado por falta de comunicación, donde el poder central del estado no imponía mayormente su lógica. La relación aldea – poder central se daba de manera muy discontinúa.
2.- El cambio visceral que traen consigo intervenciones externas a la propia costumbre habitual. Por un lado la presencia guerrillera, que a pesar de estar constituida por gentes de la cercanía no deja de ser extraña y, por el otro, la del estado, a través de sus agentes.
Planteado esto, veamos ahora el comportamiento político y sus cambios en los tres cuentos. En “Sólo un momentito” encontramos que existe una relación cercana entre las víctimas y sus victimarios. Así, con mayor fuerza – independientemente de su parentesco – entre el jefe de las fuerzas represoras, que además es un civil, y el muchacho a ser fusilado. Recordemos que existe una lógica común, pautada e internalizada, por ambas partes.
“De repente reconoció la figura chapetona, maciza, moviéndose entre los hombre que acaban de llegar al puesto (…) Lo veía venir desde lejos en la memoria, caracolenado en su doradillo lustroso, a veces él – muchacho – en la delantera de la montura, lleno de orgullo; los gritos del jinete seguían la cadencia alegre de la música y él, el relumbrón de las botas domingueras (…)
“- Donde caíste mi hijo …? – La voz era la misma que cuando la bendición. Con un ligero movimiento de cabeza el hombre indicó la izquierda y ambos se apartaron varios metros del grupo de prisioneros, en la dirección opuesta a la que había tomado la patrulla a su mando.
– Ayer, en la entrada de Cañada Candil; queríamos llegar a Angostura para cruzar el río a nado…”
Se hizo un hoyo de silencio. El hombre veía al niño montado en su hombro, riendo feliz; oía el llanto del adolescente cuando la muerte del padre, en la anterior revolución. Esa era otra historia, su cuñado hubiera podido matarlo a él. Cuando hay revolución, cada uno defiende su color, cuando la muerte viene no hay tu tía”. (Sólo un momentito”)
Esta visión de la muerte y la práctica del poder, en la que están imbricados, implican una relación cercana, el mismo mundo; es similar a lo que cuenta el personaje de “Diente por diente”, antes de la intervención externa.
“Ya hay bastante pobreza en este valle como para seguir haciendo caso a los que vienen de la capilla a decirnos que nuestro vecino es nuestro enemigo y que hay que matarle porque el color de su familia no es el del gobierno(…)
“Usted sabe, señor, aquí en este valle siempre hemos sido bastante amigos; a mí no me persiguieron mayoirmente cuando mandaba el otro partido, o bueno fue soncera lo que me hicieron. Así también nosotros respetamos a nuestros semejantes que no son nuestros correligionarios” (“Diente por diente”).
Anotadas estas similitudes del mundo relatado, veamos ahora la relación existente entre “Pacto de Sangre” y “Diente por Diente”, ambos tienen como sustrato la experiencia guerrillera, uno relatado por un lugareño y el otro, por un guerrillero.
“Vine y comprobé que todo era distinto, que había pasado una eternidad desde que la violencia nos echó de estos sitios, desde que el odio execró el apellido de mi abuelo de larga barba” (…)
“Creíamos contar con el apoyo de los campesinos. Les hablemos de reforma agraria, de seguridad en la colocación de sus productos, de libertad, de justicia social. Cuando era conveniente invocábamos el nombre de mi padre, sus luchas por ellos, la ayuda que siempre había dispensado a los desheredados” (…)
“Pese a todo esto (…) nos encontramos con la confianza de la gente, nos ayudaban más por miedo que por aceptación de nuestra prédica (…) La desconfianza se convirtió en hostilidad cuando comenzaron las primeras represalias de las tropas gubernistas contra los campesinos que nos habían prestado algún apoyo”. (“Pacto de Sangre”)
Este cuento, relatado en primera persona, es el único en que el personaje tiene clara conciencia del cambio, ya que la nueva situación no le permite ganar adeptos a pesar de haber sido hijo de un caudillo de la zona y él, en el pasado, había compartido también con su padre la “lealtad” de los lugareños. Ahora, en cambio, ni su apellido, ni la memoria de su padre, ni su imagen de “el Doctor” pueden borrar la desconfianza hacia él de los campesinos del lugar. Nadie lo reconoce políticamente. Son otros los patrones y la práctica del ejercicio del poder. La prédica aceptada ya no es la del caudillo local sino la de un ministro.
“Al principio creímos que eran evangelios (…) Pero ésos siempre son gringos y éstos hablaban en guaraní puro, como el que más; eran de los nuestros (…)
“…Y hablaban lindo; era verdad lo que nos decían para mostrarnos como vivíamos aquí perdidos y olvidados de los Karaí, de los señores que sólo se acuerdan de nosotros cuando hay elecciones (…); Pero, usted sabe, parece que todo era para jodernos, al menos eso dijo el Señor Ministro.
El ministro no es un cualquiera, es un Jefe, un jefe grande del Partido y él vino a hablarnos, a nosotros, pobres campesinos. Nosotros no somos nadie, y sin embargo, él vino, personalmente, a explicarnos quiénes eran los montoneros…” (“Diente por Diente”).
A pesar de que “hablaban guaraní puro” y “eran de los nuestros” y que era “verdad lo que nos decían” bastó la llegada del ministro para convencerlos de todo lo contrario, e inclusive ponerlos a combatirlos. Existe una gran diferencia entre antaño, en que no hacían “caso a los que venían de la capilla a decirnos que nuestro vecino es nuestro enemigo y que hay que matarle” y el hogaño, en que “el ministro no es un cualquiera, es un jefe, un jefe grande del Partido”
Aún así, existen en el texto elementos culturales no cambiados. La repugnancia de los campesinos a fusilar impunemente a la gente que de alguna forma son de su “valle”. Es decir a una práctica distinta de la prédica externa, se convierte en un “matador” de guerrilleros para luego volverse loco, nos muestra que los cambios tienen límites. Violar más allá de lo permisible la costumbre atávica tiene su precio: el desvarío mental. “Ya ve usted, señor, las cosas se pagan.”
Si contrastamos estos cambios anotados del texto con el contexto histórico podemos hallar los elementos necesarios como para alimentar nuestra hipótesis de que Ojo por Diente tiene también un significado de la muerte en el plano socio-político.
La sociedad paraguaya conoció durante y después de la guerra civil de 1947 cambios cualitativos políticos emanados desde una violencia nunca, antes, conocida. En esta guerra se enfrentaron una gran parte del ejército, que reivindicaba una salida democrática, con un pequeño sector del mismo ejército secundado por una enorme masa civil fanatizada por el partido colorado, todavía gobernante en nuestros días. El hecho de que el jefe de la represión haya sido un civil en “sólo un momentito” está evidenciando la preeminencia caudillista en el ejercicio del poder político paraguayo. Esta situación cambiará radicalmente después de la toma del poder – golpe de estado de por medio – del Gral. Alfredo Stroessner en 1954. El ejército tomará todos los resortes del poder estatal y el partido colorado se transformará en una agencia de “consensus” de ese poder. Al perder el partido colorado el poder real los caudillos tradicionales políticos se consumieron. La modernización dirá el resto.
Es por ello que la guerrilla de 1960/1961, que tuvo dos vertientes, uno organizado por sectores disidentes de partidos tradicionales y el otro, por el Partido Comunista, se enfrenta con una organización del estado totalmente diferente al de 1947. Por el tenor del cuento “Pacto de Sangre”, se supone que los guerrilleros corresponden al movimiento de los sectores disidentes de los partidos tradicionales. El hecho de que le personaje haya pensado que su apellido podría por si solo constituir una garantía para el éxito de la lucha está abonando esta idea.
En “Pacto de Sangre” el ministro civil, jefe de partido, no es más que intermediario para buscar convencer a los campesinos a ayudar al ejército. La utilización de “voluntarios” para el ajusticiamientos de prisioneros se supone que no es otra cosa que hacerlos cómplices del sistema. Aquí, a diferencia de “Sólo un momentito”, el jefe de la represión es un – funcionario policial. No existe ningún ejemplo en el texto – tampoco en la realidad histórica – de que fueran caudillos zonales o civiles quienes dirigieran la represión. El estado autoritario militar centralizado representa y es el poder. Se da una perfecta coincidencia entre la geografía del poder estatal y la geografía nacional. No existe ningún poder fuera de ello. El sistema caudillista, vigente anteriormente en una fina hilación de repartición del poder entre caudillos locales y nacionales, había desaparecido para dejar lugar a un solo poder como único gestor político a nivel nacional.
Como se puede ver, el contexto socio-político ha cambiado y el agente de la muerte trocó de signo. El fanatismo sigue siendo lo mismo pero el encargado de realizar el destino se despersonaliza. En el primero de los cuentos, el cariño con que se realiza el hecho – exarcebado por la relación familiar es una pauta cultural asumida, mientras que en el segundo caso existe una trivialización del hecho capital – la muerte – no por sus consecuencias sino porque la relación entre el verdugo y la víctima es anónima y pasa por una institución represiva con funciones específicas.
Retomando estas circunstancias tanto en el plano individual como social, la relación que existe entre una escritura y la situación de la sociedad, podemos constatar la transformación de la sociedad paraguaya que de una estructura de cierto paternalismo – que no excluye la crueldad- pasa a la tecnificación represiva, al anonimato despersonalizado, resultado de la afirmación de una dictadura militar que llega hasta nuestros días. En este sentido es que podemos decir que en Ojo por Diente es posible detectar dos imágenes de la muerte. Por un lado la visión de la muerte individual dentro del contexto cultural de la comunidad mestiza. Por el otro la significación de la muerte referida a la organización social. En este terreno, se puede hablar de la muerte de un sistema, paternalista, y su reemplazo por una estructura militar autoritaria, que opera con los recursos de una técnica moderna y despersonalizada, indiferente; la relación de poder – de muerte – paternalista, con rostro y hasta con calor, se convierte en una instancia fría, oculta y distante, no hay apelación posible. Los patrones culturales aceptados de una relación en la muerte se diluyen en un esquema ajeno a la tradición ancestral.
Por último, quisiéramos plantear una percepción, en tanto lector paraguayo, que nos estuvo rondando en la cabeza, como un fantasma oscurecido y perentorio, durante todo el tiempo de la elaboración de este artículo: la relación texto- contexto/ narrador y su propia visión de la muerte.
Hemos recordado, al iniciar el artículo, el nexo relacional entre condición de exilio del autor y recuperación de una realidad ausente a través del texto. Si el exilio significa, para el narrador un extrañamiento visceral, interdicción absoluta al retorno, a no ser al precio de la prisión o de la muerte, “Ojo por Diente”, como rescate de la realidad ausente, puede significar también la seguridad, del escritos, de arribar a la tierra madre sin males – yvy maräé`^y – de los guaranies. Al final de cuentas, la posibilidad del autor de develar el alma de su colectividad, porque él sigue inmerso en ella, en tanto portador de valores que pone en evidencias. Vida/Muerte son espacios que siempre tocan y donde uno, si lo merece, siempre revive. Revive en la palabra, símbolo de los huesos que lleva consigo, es decir del poder de resurrección según la tradición guaraní.
Ara kañy rire, ara pyau Después que este tiempo
Remove desaparezca
Cheé, yvyra´ik´âgâ amoñe´ery y otro tiempo despunte
Jevy va´erâ vuelverá a vivir por estos huesos
(Himno guaraní de los muertos)3
El texto, mundo creado en y por la palabra, puede también ser el hueso por donde comience a despuntar el alba de un nuevo tiempo. Con razón la dictadura de Alfredo Stroessner ha prohibido la circulación la circulación de Ojo por diente en el país y solo pudo ser editado en Asunción, después de caída.
Notas
- Victor-jacinto Flecha. “Texto y Contexto en Ojo por diente de Ruben Bareiro Saguier…París, Palinure, Nº 2, dic. 1986.,
“La violencia como recuperación totalizadora del Paraguay desde el exilio” Revista del PEN CLUB, Nº 14, Diciembre 2007.
- Ruben Bareiro Saguier. Ojo por diente, biblioteca de letras del exilio, plaza y Janés editores. Barcelona, 1985. todas las citas corresponden a esta edición.
Edición paraguaya, Ediciones Servilibro, Asunción, 2007.
- León Cadogán. Ayvu Rapetá. Textos míticos de los Mbyá- Guaraní del Guaira, Saô Paulo, 1959
Filed under: Uncategorized
Víctor-jacinto Flecha
Dos vertientes del saber humano dan el marco a la poética de Ramiro Domínguez, una, la literatura clásica griega, quien como buen conocedor, ha madurado en sus odres para rescatar esencias de cómo saber observar su entorno, liberándose de sus estereotipadas formas poéticas. La otra, construida sobre la anterior (el saber observar su entorno) unida a su internidad solidaria con la gente que no solo le hace comprenderla sino expresarla, develando su esencialidad humana.
Las trazas que conforman el mundo poético de Ramiro Domínguez:
(a) La obra y el mundo. Toda la producción intelectual de este autor expresa un mismo desvelo esencial, su tierra y su gente. La preocupación por el Paraguay es trasversal en toda su obra y para enunciarla poéticamente ha elaborado todo su quehacer poético en un abanico que al ir abriéndose va descubriendo distintas esferas del mismo mundo. Sus primeros libros de poesía constituyen una trilogía que compone la tierra, el cielo y el hombre. Cada poemario se refiere a un solo tema, así en Zumos, 1962 escudriña la tierra, en cambio Salmos a Deshora, 1963, su sujeto es el cielo para concluir con Ditirambos para Flauta y Coro, 1964 en que el hombre es su desvelo. Estas tres obras constituyen el frontispicio de un deslizamiento hacia la profunda realidad de su país para luego ahondar y sumergirse en la ruedo del pueblo a través de mitos ancestrales, como “Las 4 fases del Luisón” 1966, y “Los casos de Perurimá”,1968) para terminar, en trashumarse en un oráculo en el libro Mbói jaguá, 1973, al anunciar, en la lengua más auténtica paraguaya, el guaraní, el fin de la sociedad tradicional paraguaya y su renovación por otra, cuyas consecuencias de esa desestructuración social, sería muy negativo al devenir del Paraguay y su gente en lo que se refiere a la mismidad paraguaya.
(b) Sistema explicativo del mundo. La obra poética de Ramiro Domínguez no es una selección de poemas sino es un sistema explicativo y expresivo del mundo paraguayo. Todos sus libros son puntos de una red. No se pudiera explicar su poesía sino a través de un hemisferio concatenado que va desde el marco que compone el mundo paraguayo develado.
(c) La forma poética se recrea en cada libro, como si se adecuara sus versos al sujeto poético. Zumos está compuesto por versos que parecen ser pastosos como el barro a quien expresa, en cambio en Salmos a Deshora, la palabra se vuelve casi volátil, livianas como plumas voladoras acechando el cielo. En Ditirambos para flauta y Coro, un poema prólogo da la clase del libro para luego deslizarse lúdicamente hacia un juego de divertimento.
La obra poética
Zumos, su primer libro, es un monólogo con la madre tierra, casi diría una confesión a sottovoce, buscando la palabra exacta, equilibrada, inclusive en sus alteraciones de imprecación o enojo, para no desmemoriarla del amor que le profesa. Los poemas, describen el brocal y el fondo del pozo del desespero del sujeto poético, aunque al final siempre el poeta deja una gota de esperanza como una marca de luz en la hendija de la angustia.
En el poema “Credo para el oficio de tinieblas” casi una justificación a esa madre que a pesar de todo y más allá de “todos los convenios y los anteproyectos sin cumplir” “tierra desnuda y mínima aun espero de ti.” Y no solo todavía espera sino esta convencido de que “al margen de los censos y estadísticas hay todavía preñez en tu raíz” Entonces “Suelo mío –tuétanos y breñas- vórtice de alucinación y de solaz. Tierra mía –hambre de verte buena- quien te habló de olvidar”.
Los trece poemas del exilio, que forma parte del libro, es una dolorosa conversación de almohada a almohada, antes que de exilio son poemas del reencuentro y de un azoramiento ante un proceso desolado de cambio. No existe retorno posible “dame nunca volver/ a tener que volver”, pero aún así el poeta reclama un pequeño lugar “para poner ni nunca sueño amanecido” y le impreca a la tierra “Ni para que decir que has de lucirte/-remendona de ayeres- subastando/tus últimos enseres” y le señala quienes son sus subastadores “Apresurando el paso/llegan tus forasteros, enarbolando/el séquito de sus alabanzas/desplumándote como un enorme gallo” y concluye que “Ahora te resta poco de la antigua silueta/porque de tus misterios/hoy se vende postales en tarjeta”.
En el poema 9 llega ya a un mundo destruido, cambiado por las manos de aquellos alquimistas que lo desbarataron y entonces la tierra toma su venganza dejando “en cada cuna el espectro del hambre con la misma cigüeña”. Para convertirse en“..almácigo de larvas ciegas/germinando semillas de muerte”.
Al final el poeta impreca y reta a la tierra, a que ose reconquistar su condición de soberanía terrenal “Recupera tu lozana osadía/-Tierra de malas artes-/Devorándole las manos y los ojos/ Al incauto huésped de la tarde” Un deseo final “Que, por fin, haya silencio/sobre el manojo de carne”.
El segundo libro del tríptico se titula Salmos a Deshora, es un poemario absolutamente diferente a Zumos en cuanto al juego poético, a la construcción del poema mismo, si bien pareciera, también, una conversación con el cielo, es más bien una oración. El poemario intenta comprender como hemos dejado morir al cielo y luego un ruego para que vuelva sobre el desabitado mundo, que se ha olvido de él, dejándolo morir y sin embargo que tanta falta le hace para germinar la esperanza de un reencuentro
Dice:
“Y me pregunto,/Que será de nosotros/Sobre la tierra estéril,/Bajo un cielo difunto.
“No hay camino/Que no salga/Con el mismo destino/Igual es caminar adelante o atrás
Sin saber adónde vas./Pero nunca confesar el deseo/De amanecer bajo un cielo nuevo” (XV)
Con una ternura, casi infantil, como si llegara a la esencialidad de de la confesión le murmura:
“Ahora que estamos solos/Como dos pozo vecinos/Hablándose por el fondo/Que pronto,/Que barato te vendimos/Por tan poco./Si ni siquiera tuvimos/Tiempo de cobrarlo todo./Luego te dejamos, en prenda/De lo que reclamaba Dios”
Y concluye con un ruego profundo, una oración, un pedido esencial
“Los que estamos abajo,/Los que ni se sabe cuántos son/Y vemos tu catafalco/De nubes a nuestro rededor,/Los que volvemos de la tierra/Con lo que la tierra nos dio,/Te suplicamos, vuelve/A nacer sobre nuestro error./
El tercer libro del tríptico es el Regreso al Hombre, cuyo título es Ditirambos sobre Flauta y Coro (1964). Aquí el ditirambo en vez de ser una alabanza a la vieja usanza se convierte en un divertimento juguetón.
Comienza dirigiéndose al hombre como para explicarle su método de inquisición, para a auscultar la caracola de su interior.
“Déjame que desate la teoría/De tus innumerables nombres:/A ver si junto desciframos/
La cábala de tus temores”
Y desatando la miríada de nombres que usó el hombre en toda su historia de humanidad con los que va configurando un gran fresco en que pasean desde los nombres antiguos de la primera mañana del mundo pasando luego memorando los personajes de la edad clásica, en que se mezclan nombres bíblicos con figuras literarias y de la mitología griega y moderna.
Todos los sujetos poéticos, no importa su condición, origen o ubicación en el tiempo histórico o geográfico, viven la comarca guaireña, como si fuera el espacio nuclear del mundo. No solo es el paisaje sino también las costumbres y las diferencias sociales que existen en esa realidad campesina.
Es así que Jehová se convierte en una karaí guasú de la comarca
“Entonces, Don Jehová vivía entre nosotros,”Tenía barba y usaba un poncho/De lana blanca hasta las pantorrillas./Los chicos le pedíamos la bendición cuando salía a tomar mate al jardín/Chupando su lustrosa bombilla”
Los retratos de cada individuo citado no son ajenos de las costumbres guaireñas, se comportan de acuerdo a los códigos culturales y sociales de dicha región, que en suma es el Paraguay rural tradicional. Por ejemplo, es patética la diferencia entre el hacendado con el agricultor, aquí representado por dos hermanos, Caín y Abel, como para remarcar que pese a su condición social y las diferencias son hijos de una misma madre y conviven en el mismo lugar.
Abel se hizo hacendado,/Y puso su establecimiento/De Doña Juana hasta Rincón/Caín plantó cañadulce/Más allá del arroyo Tambor/Abel multiplicaba su hacienda/Con el favor de Dios/Caín, con cupos y créditos iba siempre de mal en peor/Si escapaba a la sequía/Con la helada su cosecha/Se quemaba por leña en el fogón”.
O retrata a la campesina cuando su marido va a prisión, tomando a la propia Eva como ejemplo.
“ se hizo lavandera en pueblo
Para poder ir a la cárcel
Por Caín, llevándole algún bastimento”
Al final todos pasan de la juventud a la vejez y es cuando cada uno de esta miríada de hombres y mujeres, que desfilaron por el mural poético de Ramiro, hacen el balance de sus vidas y todos, irremediablemente todos, se van quedando solos con su propia soledad. Pero, de pronto, en el último movimiento, como siquiera salvar al hombre de esta solitud de anciano, el poeta inventa una escritura apócrifa, como si contendiera el sueño nunca amanecido que tanto desvelo causa al hombre. La historia, ni siquiera existe la certeza de que así ocurriera, por lo se la crea ficticia, en donde la historia es una historia del revés, es decir de otra manera en donde el hombre logró el tiempo de la felicidad, en paz consigo mismo, donde Jehová hizo un lugar para Caín y su numerosa prole, donde todos hallaron el paraíso de la felicidad.
A pesar de que este tríptico constituye un gran fresco de la realidad paraguaya, Domínguez continúo escarbando en el humus esencial del paraguayo y se adentra en ahondar en la realidad del mundo real del campesino a través de sus mitos transcendente como lo son el mito del Luisón y el de Perurimá, que corresponde a sus libros “Las 4 Faces del Luisón” y ““Los casos de Perurimá”. Estos poemarios permiten a Ramiro rastrear profundamente la psiquis del campesino tradicional paraguayo y utiliza el mito como pretexto para develar el alma colectiva.
En Perúrimá plantea la dualidad del hombre paraguayo. Trata de explicar las dos caras de la sociedad paraguaya, como si fuera una moneda de adverso y reverso.
“pueblo mio…/Jano de cuerpo niño/Y corazón de miel”
O
“Perurimá , Sonsorimá/-nos da lo mismo-/Hermanos. Muy/Hermanos nuestros. Acaso
Parte de nosotros mismos”
En Perurimá no solo explicita la existencia de estas dos caras sino que da una dilucidación del porque de esas diferencias, sus orígenes y sus comportamientos. Es como si descorriera todo la existencia paraguaya.
Explicitado el mundo, ese mundo tradicional en descomposición, se vuelca a dar la revelación de la causal que impulsa al hundimiento de esa vieja manera de ser paraguaya. Una sociedad atrapada entre el engaño del desarrollo y la dura realidad de acentuarse el subdesarrollo. Y nuevamente, Ramiro recurre al mito para adentrarse en el problema y dar respuestas a una situación límite. En este caso recurrió al mito del Mbói Jaguá. En este libro el poeta asume el papel del oráculo. Pareciera asumir la esencialidad misma del Paraguay desolado y buscando lo concreto y real de toda su historia, rescata el guaraní para proclamar su verdad, la terrible profecía, el fin de un mundo compartido por otro exclusivista, donde la pobreza, la miseria y el abandono de si misma, como comunidad, causada por la aparición del fenómeno del Mboi Jaguá. Tomando el contexto de la fecha de publicación, hemos planteamos como hipótesis que el Mbói Jaguá pudiera ser la represa de Itaipú, consultamos con el autor y nos confirmó dicha hipótesis, con gran sorpresa de su parte, por haber yo develado el hecho.
El contexto nacional
La poesía de Ramiro Domínguez no puede ser leída independientemente del contexto que emergió. Su primer libro Zumos (1962) se justamente cuando se inicia el proceso de cambio del Paraguay. La dictadura de Alfredo Stroessner, después de lograr derrotar a todas las fuerzas democráticas, asienta su poder. Se inicia la Alianza para el Progreso con lo que llega todas las reformas el Paraguay tradicional. _Se descomponen las comunidades tradicionales con la implementación de la Reforma Agraria, el viejo estilo del jopoi, de la solidaridad comunitaria, de las costumbres ancestrales, iniciadas con los guaraníes y mestizadas en tiempo de la colonia, que hacían parte de la mismidad del paraguayo se apocaban y se bifurcan por andamiajes extraños. Salmos a Deshora en el 63 y Ditirambos para Flauta y Coro en el 64, es parte de esa búsqueda acuciante del poeta de dar forma poética de la tragedia que vivía la patria. Ramiro Domínguez no relata o describe los sucesos sino que se sumerge en el barro, se adentra en el alma para descifrar lo que estaba aconteciendo.
Ramiro ahonda la problemática paraguaya, en forma muy particular, transcendiendo a la poesía social de su época, que en su gran mayoría era de protesta, descriptores de una realidad, en tanto que Ramiro hace brotar la poesía desde “adentro” de su ser, como si navegara desde su interior para salir a flote y a través de ella, devela el espíritu del hombre rural. En “Zumos” exprime e imprime un mundo que no nace desde dentro de la tierra, sino desde los hombres que la habitan.
El conocimiento que tiene Domínguez de la vida de nuestra comunidad nacional le ha posibilitado convertirse en una de las voces poéticas de mayor entrañamiento con la tierra y con la vida de su pueblo. “Las cuatro fases del Luisón” y “Los casos de Perurimá”; su producción se sumerge en la esencialidad paraguaya, logrando escudriñar en profundidad la realidad del íntimo sentir nacional.
Cuando en 1973 se firma el Tratado de Itaipú, no escapa a la observación de Ramiro lo que pudiera ocurrir en la realidad campesina y toma conciencia de lo que eso suponía para la gente de los pueblos de nuestras comunidades rurales. Mbói Jagua es el testimonio de la desazón, del estremecimiento más visceral que se pone a gritar en lengua guaraní, quizás pensando que pudiera más fácilmente ser comprendido por el pueblo, o quizás por ser la lengua más ancestral, la auténticamente paraguaya. De hecho, que es el único texto poético del paraguayo que con dramatismo terrible anuncia la pérdida de la mismidad paraguaya, del sentido de pertenencia nacional de los paraguayos, acompañados por una miseria, antes nunca visto en el país. 36 años después de este libro, cada día que pasa tiene una vigencia superior.
En fin, toda la poesía de Ramiro tiene como trasfondo la realidad social paraguaya, aún cuando reinventa mitos literarios o históricos e inclusive retoma mitos paraguayos, como una alegoría para explicar la situación social de un país cuya sociedad estuvo cautiva por los poderes discrecionales de quienes la gobernaban y de las potencias extranjeras que la explotaban. El premio Nacional de Literatura que acaban de otorgarle no hace más que coronar una obra que hace rato ha ganado su propio espacio autónomo en la literatura nacional.
Filed under: Uncategorized
Mi entrañable amigo, el poeta Oscar Ferreiro, solía rememorar un encuentro que tuvieron, en Buenos Aires, Elvio Romero y Nicolás Guillén hacia 1947. Decía Ferreiro, en ese decir que le hace decir su lengua de Perú Rimá moderno, que Elvio llegó a la cita con Nicolás Guillén «con aires de poeta moderno» por lo cual no se había atado los cordones de sus zapatos. Dicen las malas lenguas que Guillén, con ese vozarrón de mulato que tenía, díjole a Elvio, «chico, por más procuración que pongas en no atarte los cordones de tu zapato, ello no te hará más poeta. Atáte los zapatos y desata los cordones de tu corazón. Eso te llevará a la poesía»
En el acto Elvio se ató los zapatos pero su corazón ya había estado desprendido mucho antes que conociera a Guillén. Invadido por la poesía andaba describiendo, casi como una pintura, prototipos del medio rural campesino paraguayo, como Lacu cara de santo o el cegador de alondras. Romero se diferenciaba por esa época de Campos Cervera por que éste describía prototipos sociales como el hachero, el campesino en tanto que Elvio nos pintaba un frontispicio donde cabían personajes rurales de más disímiles facturas.
Luego con los años, Elvio Romero, no va a hacer otra cosa que ir adentrándose, en la medida del tiempo, en ese mundo cuasi fantasmal y no por ello menos real de ese mundo pintado en su cuasi adolescencia poética.
El porque de las cosas, las exploraciones más profundas de esos seres anónimos, vendrán en diferentes libros y ensoñaciones. El exilio que cada día más lo va distanciando de ese mundo suyo le obliga afinarse, a saber olfatear, como los perros que han perdido su dueño, los recuerdos suyos y los de los demás para seguir memoriando y explicando el mundo que había dejado.
Romero no solo rastrea la esencialidad paraguaya en la contemporaneidad sino recurre a los orígenes, al lugar y a la cultura de los que provenimos los paraguayos. El «Libro de las Migraciones», (1966) acaso su mejor libro, es un hermosa recreación del mundo mítico y mitológico guaraní. Esa búsqueda de la tierra sin mal a través del esfuerzo y el sacrificio pareciera ser el simbólico callado, solo visualizados a trasluz, de la tragedia paraguaya que seguía sufriendo la dictadura para llegar a la tierra sin mal de la democracia.
En «Los innombrales» (1970) pareciera que el poeta expusiera, con el milagrerío de la palabra la comprensión sinfónica del por que de las cosas. Una explicación racional de ese mundo, una revelación totalizadora del mundo. El cambio gestado por la misma gente pareciera ser el centro a través del cual gira el mundo.
Después de la develación del mundo, el poeta comienza a acercarse a sí mismo, es como si quisiera desnudarse ante el mundo, descubrirse a sí mismo. «Destierro y atardecer» es un libro doloroso y esplendoroso testimonio de la soledad visceral del expatriado. Después vendrán otros libros pero el gran panorama de la contemporaneidad paraguaya ya está hecha.
De esta forma Elvio Romero ha testimoniado una vida entera entregada a la poesía. Elvio a llegado a 70 a ser un hombre con 70 balcones florecidos.
Elvio Romero. Los innombrables (1959-1973)
Tren con banderas
Era un tren con banderasaquel tren de mi pueblo; un tren hermoso
como esos trenes hondos que aran la quemadura
de la imaginería popular; tren compartido,
mínimo y desolado por entre cordilleras,
por entre atajos, por entre donde brotan
los pañuelos de adiós del horizonte.
Era un tren con banderas.
Cuando avanzaba solo
como arisco alazán por la pradera,
era una clara y lenta respiración del aire,
centella imaginaria de luna y aguacero,
una fiesta ligera de infancia y de colores;
volaba el Viento Norte sobre sus ventanillas,
sus medas fulguraban sobre espuelas de rieles,
su silbido era un canto de pájaro de fuego.
La Cruz del Sur, caída,
viajaba en sus furgones. Y lo demás: los frutos
radiosos de la tierra; el violento verano
cernido en los maizales, los arrieros
de las fronteras, el grito seco de las plantaciones;
todo se acumulaba en sus vaivenes: la resolana de enero,
rostros cetrinos y guitarras hondas,
cántaros con serpientes, fugitivos callados,
embarazadas, brisas, bandoleros.
Era un tren con banderas.
El Paraguay entero
cabría en sus vagones, su violencia
y su encendida música; cabrían sus silencios
y su desamparado destino, el afán soterrado
de libertad, su cruz y sus crucifixiones,
la madera olorosa de sus montes cerrados,
su profunda y amarga masticación de muerte.
Era un tren con banderas
y ojos abrasadores; tren orlado
por historias de guerra y rebeliones,
tren cruzado de gritos altos y lejanías,
de sombra y naranjales; una llama
prendida sobre un vértigo dorado,
un tren de lumbre y alba sobre una tierra en celo.
Aquel tren de mi pueblo solitario y profundo,
¡era un tren con banderas!
CANTO EN EL SUR
(fuente: http://atlasdepoesia.blogcindario.com/2006/08/00150-poesia-de-elvio-romero.html)
Esta noche, en el sur
me he mirado en tus ojos.Soy como tú,
de piel morena, oscura, oscura,
con estrellas metidas por dentro
y por fuera sudor, cáscara ruda.Tengo la sangre hirviendo
como un sinuoso trueno derramado,
tengo las manos ásperas
como herramientas duras y soleadas;
tengo los ojos lúbricos
como lúbricas raíces.Esta noche, en el Sur,
me he mirado en tus ojos.Te vi ayer en el Norte;
vi en el Norte lo mismo, el mismo
y primario dolor sobre los cuerpos,
el aguardiente galopando a sorbos
y lo demás lo mismo: el mismo
brazo sudando a contraluz sangrienta,
el mayoral que brama entre los árboles,
los mismos ojos sin calor, la misma
temblorosa epilepsia del sudor,
los mismos exprimidos,
¡los mismos coronados!Esta noche, en el Sur,
me he mirado en tus ojos.Soy como tú,
la misma turbulencia contra el mismo espejismo,
idéntico remando bajo la misma noche.Conservo el sortilegio
de estas zonas arbóreas que me cercan;
tengo la risa ronca
y estas anchas tristezas.De piel morena, oscura,
pisando en el calor exasperadoTormenta
La noche ha sido larga.Como desde cien años
de lluvia,
de una respiración embravecida
proveniente de un fondo de vértigo nocturno,
de un cántaro colorado
jadeando en la tierra,
el viento ha desatado su tempestad violenta
sobre el velo anhelante de la ilusión
efímera, sobre los fatigados menesteres
y tú y yo, en la colina
más alta,
en el rincón de nuestros dos silencios,
abrazados al tiempo del amor, desvelándonos.Deja que el viento muerda sobre el viento.
Yo te cerraré los ojosCasa cautiva
Esta es la casa; es nuestra.
Esta es su música; las exigencias todas
de la vida pasaron por sus habitaciones, por el ascua
quemante de sus fronteras; la locura de quienes emprendieron
una empresa más ancha que sus fuerzas, el sueño
que los fue desgarrando, esa sal escogida
que salpicó las llagas de su vasto martirio.Es nuestra. Aquí resuenan
músicas melancólicas, instrumentos que exaltan
querencias y alegrías. Le pertenecen la quietud antigua
y los hechos sangrientos. Sus ríos, los espejos, recogieron despojos
de injuria y desventura (por eso es esta música); obsedieron
a sus hijos colores de aturdidos relámpagos, sus manos
apresaron los frutos de una infausta cosecha.
Su música es así. Descansa ahora
en un boreal tembladeral de pájaros, de plumas
amarillas, de crucifijos deslavados, rotos. Y es hora
de preguntarse ¿qué trajimos
para ungirla a un estado de habitación del hombre;
se habrá sentido, como cal viva en los ojos, la tribulación
de su destino? ¿Qué tembloroso cántaro
amasamos, qué súplica o trastorno,
qué empeño y asechanza para evitar la herida
de su piel, esa absorta mirada de sus ojos terribles
como una acusación? ¿Habremos, pues, cumplido
con el deber que hiciese merecer habitarla?Es nuestra. Esta es su música. ¿Qué rencores oscuros
le habrán tejido esa circunferencia,
el halo que empurpura sus techumbres? ¿La enemistad
como un osario vano entre sus hijos? ¿El desconsuelo
de las cruces plantadas en su sueño y la obliga
a prosternarse a solas junto a su sombra rota,
a la intemperie, al umbral del orgullo que vela su infortunio?A saco habrán entrado
en ella los Impuros, los cómplices
del ritual del crimen; habrán entrado a saco
con miserables máscaras que engendra la codicia;
habrán marcado un día trágico por sus muros.
trágico de fatalidad, espúreo
como el inicuo cuervo sobre el árbol desierto
en cuya raíz de hueso reposan los desnudos.
Su música es así, una cifra
de dulce acento humano, un anuncio
previo de acusación anudado a la rueda del destino
y al párpado de los muertos, melodía incesante en el desgaste
del desierto cubil, sonido desgajado
de un instrumento oscuro con imagen de reja y cautiverio.
Todo saldrá de aquí, de su piedra
y su polvo, de su migaja el pan, de su venero
verde la cosecha, de las estancias tristes la temblorosa noche
de la revelación y los rebeldes;
de aquí la sangre, el fuego, de los cuencos vacíos la mirada
final y salvadora, como un amor que brota
de madrigueras hondas de escarnio y menosprecio.No habrá ya que olvidar decir su nombre
de música y quejumbre, ese nombre de selvas que prohijó
nacimientos,
muertes, inmolaciones, sea amarga sobre los labios,
del hombre; nombrarla en trance
marcarla a hierro lento en nuestros huesos;
a cada instante repetir su nombre (como triunfo o condena)
mentar esas señales remontadas a tiempos
de arcilla fatigada, de plumajes y tribus destruidas,
nombrarla siempre,
morder su nombre de sol inevitable
(como virtud o pecado), llevar su nombre en la carne
como esta lleva su corrupción, seguir nombrándola
y desvestirla toda con el rebozo intacto
de esa música dulce, inmemorial, desamparada música de un
anhelo insaciable.
Filed under: Uncategorized
por Víctor-jacinto Flecha
La vida de Augusto José Antonio Roa Bastos no fue fácil, estuvo tejida por las vicisitudes y los avatares de su patria. El Paraguay, su entrañable nación, estuvo signado por la tragedia. Durante toda su historia se sucedieron enfrentamientos entre los buscadores de la libertad y los que la enterraban. Innumerables guerras civiles, golpes de estados, largas dictaduras entre frágiles respiros democráticos más dos guerras internacionales apocaron a este país que para peor estaba metido en el fondo del continente sin salida al mar. Esta situación de permanente tragedia, cuya dimensión cubre toda la historia contemporánea paraguaya es lo que impulsó a nuestro máximo escritor a decir que el infortunio se enamoró del Paraguay y esa situación tatuó con signos apocalípticos la vida y la obra de Roa Bastos.
Nacido en 1917, cuando la patria iba logrando, de alguna forma, recuperarse de su hecatombe de la guerra de la Triple Alianza (1864-1870). Conoció en su niñez la última guerra civil caudillezca (1922/1923), el gobierno democrático, el primero de este siglo, de Eligio Ayala (1924-1928), la primera movilización para la guerra del Chaco en 1928, con un saldo grande de muertos, tuvo que haber tenido noticias de las famosas sublevaciones anarquistas en 1931. La guerra del Chaco la vivió muy de cerca e inclusive participó en ella, como corresponsal de guerra, siendo todavía un adolescente. Y luego, en su primera juventud, vivió la efervescencia social y política de la post-guerra experiencia que resulto como un catalizador de su manera de pensar sobre la vida. Entre la tiranía y la libertad, eligió la libertad pero no desde la perspectiva liberal sino con un hondo contenido humano y social.
Como periodista del diario El País publicó sus investigaciones sobre la explotación de semiesclavitud a que eran sometidos los obreros de obrajes en esa época. Estos artículos fueron antológicos. Perseguido por sectores fascistoides de la época tuvo que ganar el exilio para salvar su vida. La guerra civil de 1947, esa hecatombe trágica, marcó su vida y lo dejó allende de las fronteras por décadas y solo pudo recuperar enteramente su país, en su ancianidad, cuando los signos democráticos por los que tanto luchó se estaba haciendo difícil realidad en el Paraguay.
La Obra
La obra de Augusto Roa Bastos esta enteramente signada por los avatares de su propia vida que a su vez ésta estuvo sesgada por las vicisitudes de su patria. El trueno entre las hojas, 1953, su primer libro de cuentos es la expresión más acabada del mundo paraguayo que vivió durante su niñez y juventud. Allí están los cuentos elaborados con la arcilla de la pobreza, la soledad de los pequeños pueblos, el suyo, el de la infancia, cerca del río, donde sobrevivían algunas familias lugareñas dedicadas a la caza del carpincho cuya grasa intercambiaban con productos industriales como yerba, fósforo y alguna que otra bolsa vacía de azúcar con los que confeccionaban sus vestimentas. Gente pobre a más no poder. Sus primeros años en Villa Morra, en la casa de su tío el Monseñor Hermenegildo Roa, que Roa lo retrata en unos de sus cuentos, “El viejo señor Obispo”, y su experiencia en los yerbales, cuando era periodista del diario El País, antecesor de Ultima Hora. En su novela Hijo de Hombre, 1960, escrita después de una década de exilio, ya se le va escampo la realidad cotidiana de las cosas para asumir la perspectiva histórica de la globalidad de la tragedia del Paraguay que es representada a través de mitos universales entrelazados con mitos e historias del país. La serie de cuentos El baldío, 1966, refleja ya su condición de expatriado. Aún cuando el Paraguay traspasa enteramente los relatos del volumen, la misma está enclavada entre los paraguayos que viven en Buenos Aires. Moriencia (1969) es la transververación mítica de una tragedia colectiva donde la vida esta signada por el sufrimiento y la lucha reivindicativas de un futuro mejor. Yo, el Supremo, (1974) es publicado cuando la dictadura que agobiaba a los paraguayos cumplía 20 años de existencia, y es producto de una profunda reflexión ante la presencia de poderes discrecionales que se justifican ante sí y para sí. La multiplicidad de ese tipo de poderes posibilita a Roa Bastos crear esa sinfonía múltiple de los poderes incluidos los políticos hasta el poder discrecional de la palabra y quien la ejerce en la literatura. En 1992 publicó la novela Vigilia del Almirante, El marino retratado por Roa Bastos tiene la virtud de ser un hombre que transciende su tiempo por los mismos signos angustiales del hombre contemporáneo, casi como fuera la propia angustia del autor que aflora en las páginas. Es como si el agónico marino haya elegido a su propio narrador o ésta haya elegido al marino porque a igual que él tiene la «la sensación (…) de girar en el vacío; de estar en todas partes y en ninguna, en un lugar que se llevó su lugar a otro lugar…» como les suele suceder a los conocen los caminos del exilio. Ese eterno recomenzar en tantas partes que al final uno acaba acabando en sí mismo como si su patria fuera su propia piel marcada por los azares de la vida. En 1993 lanzó su novela El Fiscal, que es una versión nueva de otra con el mismo título que fuera incinerada por el autor debido a que no correspondía a las nuevas circunstancias políticas en el país, después que en éste despuntaba la democracia después de la caída de la dictadura[1] En el año 1994 apareció Contravida, también versión nueva, de otra escrita en 1968. En 1995 publicó su novela Madama Sui, una simbología de la relación del poder político discrecional y el poder de la resistencia a transformarse en aquello que habla Hegel que el esclavo se mira con los mismos ojos del amo. Una simbología que el pueblo paraguayo a pesar de ser poseído por el poder brutal de la dictadura guardó dentro de sí sus valores esenciales. Metaforismo (1996), es la quita esencia de toda su obra. La recorre, entresaca citas, expresiones como si fuera que utilizara un cedazo para dejar todos los granos enteros que pudieran vislumbrar el pensamiento subyacente en todos sus libros. La última obra publicada, una novela corta Frente a frente argentino frente a frente paraguayo (2004) publicada en el libro Los conjuradores del Kilombo del Gran Chaco. Este texto maravillado y maravillo es una reverberación de la genialidad de Roa, que pone frente a dos Cándido López, (el pintor oficial de la guerra de la Triple Alianza), uno argentino y otro paraguayo, cada uno pintando la guerra desde perspectivas diferentes, mediado por Mitre, que durante la guerra traduce al español el Infierno de Dante.
Augusto José Antonio Roa Bastos volvió anciano a la tierra que lo volvió nacer para morir en ella, el 26 de abril de 2005, hace exactamente 5 años. Así pasen los tiempos históricos y aún en el caso, inclusive, que el Paraguay desaparezca de la faz de la tierra y el polvo del olvido diluya la memoria de los seres humanos que lo habitaron, la obra de Roa Bastos se seguirá irguiendo para memorar a ese pueblo, terriblemente castigado por su propio historia y que aún así sigue cultivando la esperanza.
Cronología de Augusto Roa Bastos*[2]
En 1917 nace Augusto Roa Bastos, en Asunción. Poco tiempo después su familia se translada a Iturbe, en el Guairá, donde pasa toda su infancia.
1942 Gana el concurso de novela del Ateneo Paraguayo con su novela (hoy perdida) Fulgencio Miranda
1947. Escribe su último editorial el 22 de enero de 1947. Al clausurarse el Diario El País, Roa y el director de , Rafael Oddone, se asilan en la embajada del país. Sale del país, para iniciar un exilio de décadas.
En 1953 apareció el volumen El trueno entre las hojas. En 1960, gana el Premio Internacional de Novela de la Editorial Losada con su novela Hijo de hombre.
En 1964 dictó cursos de literatura e integraba jurados de cátedras de Crítica y guión cinematográfico en las Universidades de Santa Fé y La Plata (Argentina). Hijo de hombre fue traducida al checo, al inglés y al portugués.
En 1966 fue publicada el volumen El baldío. En 1968 comenzó a trabajar en las novelas Yo el Supremo y Contravida. Hijo de hombre fue traducido al noruego. En 1969 se publicó el volumen Moriencia.
En 1974 la editorial Siglo XXI lanzó la primera edición de Yo el supremo en Buenos Aires.
El 2º de los Grandes Seminarios de Travers, en 1977, es dedicado al análisis de Yo el supremo. El Centro de Investigaciones de la Universidad de Poitiers realizaba también un seminario sobre esta obra, traducida ese año al francés, alemán y portugués.
En 1978 Roa Bastos fundó el Taller de Creación y Práctica Literaria de la Sección Latinoamericana de la Facultad de Letras, en la Universidad de Toulusse (Francia).
En 1982 volvió por pocos días a su país, de donde es expulsado por el gobierno del dictador Alfredo Stroessner.
En 1985 se realizaba en la Universidad de Oklahoma el coloquio internacional sobre Roa Bastos. Ese mismo año el Gobierno francés le otorgó la Condecoración, en el grado de Oficial, de la Orden de las Artes y las Letras.
En 1987 fue coordinador general de las Jornadas por la Democracia en el Paraguay, llevadas a cabo en Madrid.
En 1988 es galardonado con el Premio al Escritor en el Exilio por la Fundación C. Tucholsky de Estocolmo.
En 1989, un golpe de estado militar derrocó al general Alfredo Stroessner, dando inicio a un proceso de transición a la democracia en el Paraguay. El nuevo gobierno le devolvió sus documentos de identidad. Roa, a igual de miles de exiliados, pudo regresar al país. El Gobierno le ofreció la titularidad del Ministerio de Cultura o en su efecto la embajada del Paraguay ante la UNESCO. Roa declina ambos ofrecimientos para dedicarse, ahora que las condiciones políticas le permitía, por entero a la literatura. Ese mismo año recibió el Premio Cervantes.
En 1990, fue galardonado con la Orden Nacional al Mérito, en su más alto grado (Paraguay).
En 1992 publicó la novela Vigilia del Almirante. El 1993 se lanzó su novela El Fiscal En el año 1994 apareció Contravida.
En 1995 publicó su novela Madama Sui y recibió el Premio Nacional de Literatura del Paraguay. Ese mismo año se publicó sus Poesías reunidas, muchas de ellas inéditas.
En 1966 regresó definitivamente al Paraguay y publicó el libro Metaforismos.
LOS DD.HH CIVILES Y POLÍTICOS EN LA OBRA DE ROA BASTOS
La vida de Augusto Roa Bastos ha sido una vida signada por el compromiso con los Derechos Civiles y Políticos; derechos durante largo tiempo conculcados por la Tiranía Stronista a los ciudadan@s Paraguay@s.
Fue víctima de persecuciones, encarcelamiento y destierro de parte del Estado Paraguayo de Stroessner (1954-1989) por ejercer el libre pensamiento y profesar el derecho a la libre asociación política, en una época en la cual los partidos políticos estaban proscriptos.
Su obra “Yo; el Supremo” donde caracteriza al Estado Omnímodo, fue víctima de censura en su propio Paraguay, a raíz que el Tirano y los amigos del Tirano se veían reflejados en el grotesco paisaje que pinta Roa sobre el absolutismo estatal y sus abusos.
Pocos escritores paraguayos han retratado con tanta exactitud al aparato estatal en la constante violación de los derechos humanos. Su obra “Yo, el Supremo” resulta –entre otras lecturas posibles- un tratado politológico sobre los abusos del poder en las sociedades periféricas.
Razones estás por las cuales recordamos los derechos civiles y políticos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos:
Los Derechos de Primera Generación o Derechos Civiles y Políticos se refieren a los primeros derechos que fueron consagrados en los ordenamientos jurídicos internos e internacionales. Estos Derechos surgieron como respuesta a los reclamos que motivaron los principales movimientos revolucionarios de finales del siglo XVIII en occidente. Estas exigencias fueron consagradas como auténticos derechos y como tales difundidos internacionalmente.
Los Derechos Civiles y Políticos están destinados a la protección del ser humano individualmente, contra cualquier agresión de algún órgano público. Se caracterizan porque imponen al Estado el deber de abstenerse de interferir en el ejercicio y pleno goce de estos derechos por parte del ser humano.
El Estado debe limitarse a garantizar el libre goce de estos derechos, organizando la fuerza pública y creando mecanismos judiciales que los protejan. Los Derechos Civiles y Políticos pueden ser reclamados en todo momento y en cualquier lugar, salvo en aquellas circunstancias de emergencia que permiten el establecimiento de ciertas limitaciones de sólo algunas garantías.
Derechos de Primera Generación o Derechos Civiles y Políticos
- Toda persona tiene los derechos y libertades fundamentales sin distinción de raza, sexo, color, idioma, orientación política, posición social o económica.
- Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad jurídica.
- Nadie estará sometido a esclavitud o servidumbre.
- Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes, ni se le podrá ocasionar daño físico, psíquico o moral.
- Nadie puede ser molestado arbitrariamente en su vida privada, familiar, domicilio o correspondencia, ni sufrir ataques a su honra o reputación.
- Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia.
- Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.
- En caso de persecución política, toda persona tiene derecho a buscar asilo y a disfrutar de él, en cualquier país.
- Los hombres y las mujeres tienen derecho a casarse y a decidir el número de hijos que desean.
- Todo individuo tiene derecho a la libertad de pensamiento y de religión.
- Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión de ideas.
- Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacífica .
[1] Parte de los originales incinerados por el autor la hemos conocido. Roa tenía la costumbre de que sus originales sean leídos por sus amigos más próximos. Todavía hoy tengo la esperanza de que algún original haya quedado traspalado en algún lugar. Era una obra maestra, inclusive muy superior a la que después se publicó.
[2] Para confeccionar esta Cronología, se utilizaron datos de una Cronología confeccionada por Milda Rivarola, ocasión de una Exposición sobre Roa Bastos, realizada en Madrid en 1989.
FOTOS DEL SEMINARIO TALLER EN LA BIBLIOTECA DEL CCEJS
Filed under: Uncategorized
Por Víctor-jacinto Flecha
El lunes 11 de enero de 1999 a las 17.30 horas falleció María Josefina Plá Guerra Galvani, española de nacimiento, paraguaya por opción. Mencionar a Josefina es como tocar la esencia misma de la producción cultural en el Paraguay contemporáneo; es como referirse a un ejemplo de centralidad humana con una renovación de la práctica intelectual y creativa en gran parte de este siglo.
Josefina Plá, todo un paradigma
Josefina Pla, a pesar de haber desaparecido, sigue constituyendo el paradigma más acabado de la ética intelectual en un espacio de tiempo en que la barbarie asoló a la nación paraguaya. La producción cultural contemporánea del Paraguay debe a Josefina Pla mucho de lo que es. De hecho, no existió en toda la historia de los últimos 70 años, un acontecimiento del hacer intelectual y/o artístico en que Josefina Pla no estuviera presente, cuando no ella misma, a través de sus amigos y discípulos.
Llegada al Paraguay en 1925 desde su España natal y como otros compatriotas suyos, Rafael Barrett o Viriato Díaz Pérez, por no hablar sino de quienes impregnaron de elementos vivificadores en la cultura paraguaya de este siglo, se entregó a esta tierra sin altibajos, con sacrificios y sin esperar recompensas. Josefina pudo haber elegido otros territorios más benignos que el Paraguay para el desarrollo de su genio, sin embargo quedó plantada y enraizada aquí, donde quizás ella sintió que la necesitaban.
Ella se ha dado en plenitud a todos los que buscaron en sus afanes algún guía, algún consejo, alguna formación e información. Desde Augusto Roa Bastos hasta jóvenes inquietos, algunos que se hicieron famosos posteriormente, reconocen la deuda de haberles ayudado a descubrir el mundo de la creación. Su aporte al surgimiento de nuevos cultores plásticos y literarios es de una magnificencia extraordinaria.
Y es así que quizás, por encontrarse en tierra baldía, se le presentó la necesidad de multiplicarse como los peces y los panes bíblicos. Todo cuanto hacía los realizaba con un maestrazgo extraordinario. En la actualidad pueden existir muy pocas mujeres en Iberoamérica del temple de Josefina Pla y que pueda comparársela. La señora Pla descolló su labor en las artes plásticas, en la poesía, en el teatro, en la crítica, en la narrativa, en la historia social y cultural, en la cátedra y en todo cuanto hiciera la revelación de esta tierra incógnita.
Como poeta, en este tiempo, es una de las voces más firme y esenciales del habla española.
JOSEFINA PLA, SU INFANCIA
Nacida a fines del siglo XX (presumiblemente en 1897) en una pequeña isla llamada De Lobos en las Canarias, en realidad no era más que un peñón, en donde no existían otras cosas que el faro, algunas cabras y camellos. Su padre, Leopoldo Plá, era el encargado de encender el faro y su familia los únicos habitantes de esa isla desierta y desolada de árboles, donde el sol calcinaba a las piedras. La familia de Josefina no tenía otra comunicación con el mundo que la lancha militar que les acercaba provistas, de tiempo en tiempo. Era tal la soledad de esta familia que Josefina recién fue bautizada cuando su padre fue traslado a otra isla con faro, cinco a seis años después del nacimiento de la misma, Fuente Ventura. Por ello, su fecha nacimiento figuraba en 1903 que era la fecha su bautismo. Recuerda Josefina que su padre, como tenía dinero ahorrado de su tiempo de trabajo en el peñón de Lobos, hizo una verdadera fiesta popular por su bautismo. Invitó a toda la gente del villorrio y a lomo de camello, vestidos con los trajes regionales de Canaria, subieron a la ermita en la montaña para ser bautizada con el nombre de María Josefa Guerra Galvani Plá (primero el apellido materno y luego paterno, como se usaba en Canarias en esa época). Ella guarda en su memoria tal evento, casi cien años después, como un sol de su infancia.
Su padre, además de farero, era un escritor y recibía en forma permanente junto a las provistas, libros de toda laya. Josefina aprendió muy pronto, jugando con su padre la sopa de letras, a leer y luego comenzó a escribir desde muy pequeña.
JOSEFINA Y EL PARAGUAY
A principios de los años 20 conoció a un artista venido de un país hispanoamericano, un país-isla rodeada de tierra, Andrés Campos Cervera (1888 – 1937) de quien quedó subyugada a tal punto de casarse años después a través de un poder para luego emprender el viaje que lo llevaría al Paraguay misterioso, en 1925, según prueban algunas cartas familiares de la época.
La familia Campos Cervera y de Herrería era una familia de abolengo no solo en Paraguay sino en España de dónde provenían. La llegada de Josefina, hija de un farero, no le debió gustar nada, hasta el punto de apodarla como “gitana advenediza”. (hoy hay que decir toda la verdad). Así que prontamente fue a vivir la pareja -Julián de la herrería/Josefina Plá- en una casita que hacía de taller-habitación no lejos del centro de la ciudad, pero ya era un suburbio para la época. En esa misma casa en donde recibió a tantas gentes, en donde trabajó duramente toda su vida, falleció el lunes a la tardecita.
Josefina, trabajadora impenitente, después de llegar al Paraguay muy rápidamente descolló en la prensa, en el teatro y desarrolló actividades diversas como madrina de guerra de los soldados del Chaco o directora de una publicación en guaraní dirigida a los soldados del frente. En 1933 publicó su primer libro de poemas, “El precio de los sueños” en donde se anuncia ya la renovación de las letras paraguayas. En 1934 regresa a España con su marido. Se radican en Valencia en donde su marido trabajó en “Academia de San Carlos”. La detonación de la guerra civil española con toda su violencia, el hambre y la miseria les atenaza a la parea. Andrés Campos Cervera, de salud precaria no soporta la cruz y falleció en Valencia, en 1937. Josefina en su desesperación huye hacia Francia, cruzando la frontera a pié. Logra vender una colección de estampillas paraguayas con lo que se hace del dinero para poder embarcarse al Paraguay. Su hijo Ariel cuenta la anécdota de su madre, que cuando Josefina logró atravesar la frontera lo primero que pide en un café es una tasa de azúcar. No había probado azúcar por largo tiempo, debido a la escasez de la guerra.
Josefina llega al Paraguay el mismo año y se quedó para siempre. Es cierto que recién en 1939 termina la guerra civil y ya muy prontamente comenzó la otra más atroz, la segunda guerra mundial. En eses años despliega una actividad extraordinaria a favor de la causa aliada. Dirige con Roa Bastos una audición por radio sobre los acontecimientos guerreros. Luego opta por quedarse en el Paraguay aún cuando la violencia de los años 40 y cincuenta no ayudan en nada a la labor intelectual. Alguien le había preguntado por que no optó por el exilio y ella respondió que alguno debiera quedarse para sostener la antorcha del espíritu. Y realmente fue eso lo que hizo: entregarse enteramente a su país de adopción.
El congreso Nacional le confirió en forma unánime la nacionalidad paraguaya honoraria en 1998. Esta distinción para quien había optado mucho tiempo antes dicha nacionalidad no era honrarla a ella misma sino era el Paraguay que se honoraba.
LA ÉTICA COMO ESENCIA DE LA VIDA
A Josefina Pla se le tocó vivir un tiempo difícil, ella tuvo que vencer barreras infranqueables de un Paraguay dominado por hombres machistas. Ser mujer e intelectual eran demasiado para una sociedad oligárquica que negaba valores a quien no fuera de su clase y de su estilo pacato de la vida. Pero Josefina venció a todos con su trabajo y con una ética intelectual lograda por muy pocos en nuestro país. Actualmente no existe nadie que pueda negarle los méritos logrados a pesar de ellos mismos.
Además el tiempo histórico contribuyó a acrecentar en ella el ejercicio intelectual y artístico como un apostolado. La guerra del Chaco (1932-1935), la emergencia de los militares en el poder político de la República (1936), la dictadura de Higinio Morínigo (1940-1947), la cruenta guerra civil de 1947 y toda la violencia posterior contra todo lo que significare cultura y la longeva dictadura de Alfredo Stroessner (1954 – 1989). Ha visto desaparecer amigos entrañables, exiliados unos, muertos otros, o empotrados en el poder, los menos. Sobre sus hombros de mujer sostuvo la antorcha de la dignidad y el decoro intelectual. Fue una de las pocas que quedó en el exilio interno después del 47. Y en ese exilio interno su labor fue extraordinaria. Al quedarse sola creó alternativas para tener nuevas amistades culturales fundando núcleos con jóvenes. Así fue mentora del “Arte Nuevo” y colaboró al surgimiento de nuevas hornadas literarias. La semilla por ella sembrada comienza a florecer en este nuevo tiempo de esperanzas. La mayor herencia que nos lega Josefina Pla, aparte de su obra extraordinaria, es el sentido de la ética, en que tan pocos maestros quedan de ese porte.
Josefina Pla había escrito alguna vez, en su desesperado apostolado, que su labor era como signos en la arena. Sin embargo, la arena suele hacerse piedra y servir de cimiento para construcciones sólidas. La cultura paraguaya contemporánea tiene en Josefina su más sólido cimiento y en la misma medida que pase el tiempo este cimiento se hará más nítido y grandioso. Gracias por tu dación, Josefina.
PRINCIPALES LIBROS PUBLICADOS Y OBRAS TEATRALES REPRESENTADAS
POESÍAS
- El precio de los sueños, Asunción, El Liberal, 1934
- La raíz y la aurora, Asunción, Diálogo, 1960
- Rostros en el agua, Asunción, Diálogo, 1965
- Invención de la muerte, Asunción, Diálogo, 1965
- Satélites oscuros, Asunción, Diálogo, 1966
- El polvo enamorado, Asunción, Diálogo, 1968
- Desnudo día, Asunción, Diálogo, 1968
- Luz negra, Asunción, Signos, 1975
- Antología Poética, 1927 – 1977, Asunción, Cabildo, 1977
- Follaje del tiempo, Asunción, Alcándara, 1982
- Tiempo y tiniebla, Asunción, Alcándara, 1982
- Cambiar sueños por sombras, Asunción, Alcándara, 1984
- La nave del olvido, Palma de Mallorca, Ripoll, 1985
- La llama y la arena, Asunción, Alcádara, 1985
- El infierno perdido y otros poemas inéditos
- Los treinta mil ausentes, Asunción, Arte Nuevo, 1985
- Poesías Completas, Asunción, El Lector, 1996
TEATRO
- Aquí no ha pasado nada
- Un sobre en blanco
- Adonde irás Ña Romualda
- Fiesta en el río
- La cocina de la sombras
- Esta es la casa que Juana construyó
- El pendiente inesperado
- Las ocho sobre el mar
- El profesor
- Ad Augusta per Angusta
- Qué gran cosa es el teléfono
- Historia de un número
- Alcestes
- El pan del avaro
- El empleo
- Rapsodia de Eurícide y Orfeo
ENSAYOS
- Cuatro Siglos de Teatro en el Paraguay – 1966
- La Cultura Paraguaya y el Libro Asunción, 1983)
- Literatura Paraguaya en el Siglo XX, 1976
- Apuntes para una Historia de la Cultura Paraguaya, 1967
- Arte Actual en el Paraguay, 1983
- Impacto de la Cultura de las Reducciones en lo Nacional, 1975
- Apuntes para una aproximación a la Imaginería Paraguaya, 1985
- El Templo de Yaguarón, 1970
- El Barroco Hispano Guaraní, 1975
- Las Artesanías en el Paraguay, 1969
- Ñanduti. Encrucijada de dos mundos, 1983
- Espíritu del fuego, 1977
- El libro en la época colonial (¿)
- Bilingüismo y tercera lengua en el Paraguay, 1975
- Españoles en la cultura del Paraguay, 1985
- La mujer en la plástica Paraguaya, 1989
HISTORIA SOCIAL
- Hermano Negro. Historia de los negros en el Paraguay, 1970
- Algunas mujeres de la Conquista
- Los Británicos en el Paraguay
Soy
Carne transida, opaco ventanal de tristeza,
agua que huye del cielo en perpetuo temblor;
vaso que no ha sabido colmarse de pureza
ni abrirse ancho a los negros raudales del horror.
¡Ojos que no sirvieron para mirar la muerte,
boca que no ha rendido su gran beso de amor!
Manos como dos alas heridas: ¡diestra inerte
que no consigue alzarse a zona de fulgor!
Planta errátil e incierta, cobarde ante el abrojo,
reacia al duro viaje, esquiva al culto fiel;
¡rodillas que el placer no hincó ante su altar rojo,
mas que el remordimiento no ha logrado vencer!
Garganta temerosa del entrañable grito
que desnuda la carne del último dolor:
¡lengua que es como piedra al dulzor infinito
de la verdad postrera dormida en la pasión!
Haz de inútiles rosas, agostándose en sombra,
pozo oculto que nunca abrevó una gran sed;
prado que no ha podido amansarse en alfombra
Desde cuándo
…¿Desde cuándo marchabas a mi lado,
desde cuándo…? Tus pasos
¿desde cuándo, en la noche, aproximándose,
ocultos tras de cada latido…? ¿Desde cuándo…?
¿Desde cuándo, en la noche, por los valles sin nombre,
rastreando mi angustia?
Y tras de cada puerta abriéndose, y de cada
recodo el camino, ¿desde cuándo?
¿Desde cuándo tus sienes en las salvias
del reposo tranquilo?
¿Desde cuándo tus brazos en los cálidos ramos
del viril eucalipto, bajo las siestas altas?
…¿Y desde cuándo el pedregal desnudo;
desde cuándo el desierto irredimible?
¿Desde cuándo la brasa los párpados;
esta sed, desde cuándo?
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . .
…¿Desde cuándo este siempre irrevocable;
esta muerte creciendo, desde cuándo…?
Filed under: Uncategorized
Hérib Campos Cervera y la Literatura paraguaya
por Víctor-jacinto Flecha
La literatura paraguaya llegó al siglo XX sin el desarrollo que tuvieron otros países latinoamericanos. Situaciones históricas pudieran explicar esta situación. Si bien las primeras crónicas de la conquista y la colonización en tierras de la región del Plata tienen su origen en el Paraguay y que a Ruy Díaz de Guzmán puede considerársele como el primer escritor paraguayo por su manuscrito conocido como «La Argentina» y cuyo título real, al parecer, fue el de «Anales del Descubrimiento, Población y Conquista de las Provincias del Río de la Plata», fechado en Asunción en 1612, la literatura paraguaya propiamente dicha tiene una emergencia tardía, recién a mediados del siglo XIX.
Paraguay quedó enclavado en medio del continente, alejado de su propio mar, estrechado en su espacio y disminuido en las que son actualmente sus fronteras, luego de haber sido clave en la conquista de esta parte del continente y punta de lanza para la expansión de la ocupación territorial española. De allí que a Asunción se la haya denominado “amparo y reparo de la conquista”, para luego pasar a afianzar el apoderamiento real de las áreas conquistadas, al ir fundando y poblando ciudades como Buenos Aires, Santa Fe, Santa Cruz, Corrientes, etcétera, en una basta geografía que hoy abarca parte del Brasil, la Argentina, Bolivia y el Uruguay.
La población paraguaya, al quedar varada en una lejanía desolada, olvidada de Dios y de los hombres, se fue empobreciendo a tal punto que no pensaba en otra cosa que no fuera la mera supervivencia. Así, aunque las cosas del espíritu no les fueron ajenas, la vida cotidiana obligaba a estas gentes a resolver la precariedad material de su existencia. Esta es la razón por la que la creación literaria en los tiempos coloniales es muy escasa, a excepción de alguna que otra obra.
Los primeros atisbos literarios, como corpus, se darían recién después de la independencia nacional (1811) y posterior a la muerte del dictador perpetuo don José Gaspar Rodríguez de Francia, en 1840, bajo cuyo largo gobierno «hasta las guitarras enmudecieron», al decir de un viajero inglés de la época. Francia acabó por liquidar lo poco que había en cuestiones de creación literaria. Su sucesor, Carlos Antonio López, de signo más progresista, dio impulsos para «una puesta al día» del país y a la formación de camada de jóvenes que fueran capaces de gerenciar los cambios. Fue durante este gobierno (1840 – 1862) que emergió la primera hornada de intelectuales paraguayos. Uno de los más conocidos será el poeta Natalicio Talavera, desaparecido en la infame “Guerra de la Triple Alianza” orquestada por sus vecinos: Brasil, Argentina y Uruguay, de 1864 a 1870. Esta guerra tuvo consecuencias catastróficas para el devenir del país ya que fue exterminada la mayoría de la población, sobreviviendo solamente una cuarta parte de ella, en su mayoría niños y mujeres.
Solamente hacia el 1900, 30 años después de la hecatombe, volvió aparecer una hornada de intelectuales como un corpus orgánico. Este grupo intelectual es conocido con el nombre de la «generación del 900».
La atmósfera asfixiante de la derrota, la pobreza general, y el estigma de que el paraguayo era un «bárbaro» que ni siquiera hablaba español, fue el aire que meció la cuna de esta generación. Por ende, sus integrantes imbuidos de una percepción europeísta, jamás supieron apreciar la vigorosa literatura oral en idioma guaraní desarrollada por el pueblo y ni siquiera tuvieron noticias de la literatura de los guaraníes, una de las más bellas creaciones en el continente latinoamericano.
Sus miembros adhirieron al cientificismo, y adoptando una erudición de cuño de «nuevo rico», echaron las bases para producción del discurso escrito, con el propósito de superar la «barbarie» y fundar la tradición culta. Se dedicaron de manera preferente a la historiografía, dentro de los cánones privilegiados por la escuela positivista.
Escarbando un poco más en las motivaciones profundas, podemos decir que no sólo existieron razones de moda en el cultivo predominante de la historiografía. De manera a veces deliberada, pero sobre todo inconsciente, los integrantes de esa generación buscaron, al abordar el tema histórico, recomponer el tejido social desgarrado por la hecatombe guerrera, recomponerlo “compensatoriamente” a partir de hechos heroicos relacionados con la contienda reciente, o mediante la exaltación de los protagonistas de esa «gesta gloriosa», o mediante la recuperación de otras figuras del período anterior, consideradas como símbolos positivos en la conciencia colectiva.[1][1]
La situación de quiebre social desaparecerá bajo los trazos del pasado, y éste se diseñará en un mundo lineal donde no existirán saltos entre las distintas dimensiones. Del texto «maravilloso» de estos escritores emergerá un Paraguay idílico, grandioso. Posteriormente, esta visión maravillosa tendrá un impacto sobre la cultura paraguaya y será la ideología oficial de los regímenes dictatoriales que asolaron el Paraguay en el siglo XX.
Dentro de ese contexto se comprenderá la marginación que rodeó la obra del escritor hispano-paraguayo Rafael Barret (1876 – 1910), quien será el único en mostrar la realidad hiriente de la miserable situación en su “Dolor Paraguayo”.
Entre 1913-1915 la revista Crónica aglutinará a un grupo de escritores, también negadores de la degradada realidad circundante pero escapándose en paisajes parisienses o exotismos de otras especies. Sucedáneos de un modernismo tardío, se refugiaron en las drogas y desaparecieron muy pronto de la actividad literaria. Sus principales integrantes fueron Pablo Max Insfrán (1894-1972), Leopoldo Centurión (1893-1922), Roque Capece Faraone (1894-1928) y Guillermo Molinas Rolón (1889-1945).
Durante los años ’20 se abrirá en el Paraguay un amplio cauce de renovación cultural con base fundamental de la ideología nacionalista. En el plano de la creación literaria las revistas “Alas” y “Juventud” serán las aglutinantes.
El tema central fue la reivindicación del Mariscal Francisco Solano López, figura principal de la guerra de la Triple Alianza, para algunos, dictador sanguinario, para otros, héroe extraordinario. Más allá de esta dicotomía generacional se trataba, en esencia, de un fenómeno más vasto de revalorización nacional. El arte, la literatura, la música que hasta hacía poco se sumergían en gastadas escuelas parnasianas y copiaban todo lo que «llegaba de París», de pronto buscaron la recreación de todo lo «nacional». Viejos aires folclóricos diseminados a lo ancho del país fueron recuperados y fue creada la guarania por José Asunción Flores (1908-1972) y Agustín Barrios (Mangoré) estrena sus primeras obras geniales. Surgieron la literatura y el teatro en guaraní. Las revistillas con poesías, cuentos y artículos en ese idioma se imprimían por miles. De pronto la sociedad entera se sumergía en un magma nacionalista. Los movimientos políticos también se impregnaran de ella, aún cuando para cada uno, la connotación sea diferente.
Se fue configurando un fenómeno de interiorización de la realidad del país y se fue buscando una salida a la misma, de manera consciente. Si bien el ensayo histórico fue lo que más primó en la práctica de la escritura, la literatura también ocupó un lugar importante y algunos de sus cultores se convertirían, años después, en los fundadores de la renovación literaria paraguaya como en el caso de Hérib Campos Cervera y Gabriel Casaccia. En esta pléyade puede citarse a los poetas José Concepción Ortiz (1900-1972), Heriberto Fernández, (1903-1927); a los historiadores Efraín Cardozo (1906-1973), Julio César Chavez; a los ensayistas Justo Prieto, Natalicio González (también novelista, poeta, e ideólogo del Partido colorado)(1897-1966), y a Manuel Ortiz Guerrero, (1897-1933) el poeta popular por antonomasia.
La guerra del Chaco y la emergencia de la literatura moderna
La guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia (1932-1935) fue un hecho de conmoción catastrófica en la sociedad paraguaya. El profundo descontento social que se manifestó al término de la misma fue aprovechado por el «ejército victorioso» para hacerse del poder a través de un golpe de estado en 1936. Desde esa fecha, hasta el fin de la dictadura del general Alfredo Stroessner, en 1989, los militares fueron los verdaderos dueños del poder político en el país.
La creación literaria será impactada por la nueva realidad política y social del país. El poeta y dramaturgo que expresó de manera elocuente esta rotura social y política que significó la guerra del Chaco fue Julio Correa (1890-1953) poeta, cuentista y fundador del teatro guaraní.
A Correa se le pudiera considerar como un adelantado de la nueva literatura paraguaya. Su obra es la que define un nítido corte ésta y la literatura modernista anterior. Con su obra, Correa marca una concepción más signada por la realidad y comprometida con los avatares humanos.
Hacia 1940 se va consubstanciando un grupo que tendrá un papel descollante en la puesta al día de la literatura paraguaya. A sus integrantes, si bien son de diferentes orígenes, los aglutina la preocupación por la condición humana.
Algunos de los miembros de esta generación lograrán sortear el aislamiento y se proyectarán a escala continental o universal. Sus integrantes principales son Hérib Campos Cervera (1908-1953), poeta; Josefina Plá, (1898-1999)[2], poeta, ensayista, periodista, ceramista, crítica y dramaturga; Augusto Roa Bastos (1917-2005), novelista y poeta, el escritor paraguayo de mayor proyección internacional; Elvio Romero (1926-2004), uno de los poetas claves de este siglo, quien vivió casi toda su vida en el exilio; Oscar Ferreiro (1921-2004), el surrealista del grupo; Dora Gómez Bueno de Acuña (1903-1987), quien cantó al amor con desacostumbrado desparpajo, asombrando a la pacata sociedad de su época. Habría de considerar a Gabriel Casaccia (1907-1980), aún cuando viviera en el exterior, como parte de este grupo.
Hérib Campos Cervera, el animador
Campos Cervera emergió en la literatura paraguaya como uno de los integrantes de la revista “Juventud” en la década del 20, cuyos exponentes (con mucho retraso relativo) todavía realizaban su producción con sesgo eminentemente modernista, en tanto que la literatura de “vanguardia” era una realidad en otros países del continente. A esta “isla rodeada de tierra” llegaban con mucha dificultad los nuevos paradigmas literarios y los escritores salían muy poco al exterior.
La renovación de la literatura paraguaya en la década de los años cuarenta, se debió a dos figuras que por distintas vías vivieron en el exterior. Hérib Campos Cervera vivió en el exilio en Uruguay (1931-1936) y la Argentina, donde tomó contacto con los nuevos paradigmas ideológicos del mundo y la nueva práctica poética. Frecuentó la nueva poesía española y francesa. Asimismo, Josefina Pla, española de origen, afincada en el Paraguay en 1927, vuelve a España durante la República, donde bullía una efervescencia cultural de renovación y cambio y en 1939, regresa al Paraguay.
Las condiciones políticas de los años 40 fueron difíciles. La dictadura de Higinio Morínigo (1940-1948) obligó al exilio a muchos de los intelectuales, sin embargo y a pesar de ello, la actividad cultural, si bien restringida, fue buscando caminos nuevos. El Ateneo Paraguayo fue un sitio de movilización cultural y centro de agrupamiento de intelectuales y artistas, con su elenco teatral. Dentro de ese proceso, en 1943 se fundaron por dos instituciones culturales, el Instituto Paraguayo de Letras, y el PEN Club.
En todos ellos, la presencia de “Campitos” se destacaba como animador e impulsor. Tenía un don especial para hacerse querer y apreciar. Pero donde descolló fue en la formación de un sitio de rencuentro, reunión, de manera muy informal, en la casa de Fridmam, un pintor argentino, ubicada en el centro de Asunción, (Luis Alberto de Herrera entre Yegros e Iturbe), a la que bautizaron con el nombre de “Vy’a raity” (el nido de la alegría), donde se encontraban normalmente Campitos, Augusto Roa Bastos, Oscar Ferreiro, el guitarrista Sila Godoy, el poeta Elvio Romero. A este sitio llegaba de vez en cuando Josefina Plá, la otra animadora y maestra de esta generación y las próximas.
Entre bromas, chistes y alegría, Campos Cervera ejercía un magisterio extraordinario para el impulso y la renovación de la producción cultural paraguaya. “No existe arte inútil”, decía. La literatura debe ser un instrumento para la liberación, comenzando con el propio autor. Esta posición comprometida será un signo compartido por todos los miembros de la generación del cuarenta.
Con la llamada generación del 40 la literatura paraguaya se puso al día con el contexto internacional y tendrá una repercusión extraordinaria por el resto del siglo XX. Sus integrantes con el tiempo se convertirán en los representantes genuinos de la producción literaria paraguaya en el mundo, comenzando por Campos Cervera, Josefina Plá, mujer de hacer múltiple que marcó todo el acontecer cultural de los últimos 60 años del siglo XX, Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, y Benigno Casaccia.
La guerra civil de 1947, se presentó como una abrupta ruptura en todo el acontecer nacional y sobre todo cultural, ya que significó la mayor violencia política y social conocida en toda la historia paraguaya. Fueron perseguidos todos aquellos que no profesaban la ideología oficial. Por ende, significó el exilio de casi todos los creadores paraguayos, entre ellos los escritores Hérib Campos Cervera, Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, Oscar Ferreiro, etc. Quedaron muy pocos artistas y escritores en estas tierras que ardían.
Esta situación de extrema violencia dividió el país en dos. Más de 300 mil exiliados en tierras extranjeras. Se extremó la persecución política no sólo a los vencidos, sino a toda persona que no comulgaran públicamente con la ideología del régimen. Muchos murieron en el exilio, sin poder regresar jamás, como Hérib Campos Cervera y José Asunción Flores, en tanto que otros sólo pudieron regresar a vivir en el país, en su ancianidad, cuando cambiaron las condiciones de opresión política en el país.
Campos Cervera y los escritores que emergen en los años 60.
Después de quince años de la cruenta guerra civil de 1947, en plena consolidación de la dictadura de Alfredo Stroessner, bajo el signo del control social y policiaco, de represiones ejemplares y anulación de toda posibilidad de libertad, emergió en los años 60 una hornada de escritores, que signados por la degradante situación política de la época, comenzó a impulsar algún renacimiento de actividades culturales.
Dicho grupo de jóvenes se fue constituyendo alrededor de figuras emblemáticas, como Josefina Plá y Oscar Ferreiro, quien más parecía, a pesar de sus años, un compañero más de los jóvenes que un maestro y, sin embargo, sin pretender se convirtió en un paradigma a ser imitado. Tanto Oscar como Josefina, en esa época, fueron la correa de transmisión de la poesía y la cosmovisión de Hérib Campos Cervera, muerto en el exilio en 1953. A través de conferencias, publicaciones, conversaciones con los jóvenes escritores, estas dos figuras literarias por excelencia, iban transmitiendo el legado poético e ideológico de Campos.
Contribuyó enormemente al conocimiento de Hérib Campos Cervera la edición especial de “Alcor” con motivo del décimo aniversario de su muerte, con la publicación de las cartas de Hérib a José Concepción Ortiz, Oscar Ferreiro, Francisco Marín, José María Rivarola Matto, además de la publicación de artículos especiales de recordación.
Muchos de estos jóvenes frecuentaron en Buenos Aires a los intelectuales y artistas expatriados, como Augusto Roa Bastos, José Asunción Flores, Elvio Romero, entre otros, con quienes profundizaron el conocimiento sobre la vida y la obra de Hérib Campos Cervera.
Un desafío que resta es el estudio analítico de la influencia de Hérib Campos Cervera en los intelectuales de los últimos sesenta años. Sería el mejor homenaje que pudiéramos rendirle.
[1][1] Bareiro Saguier, Rubén y Flecha, Víctor-jacinto.”De lo fantástico popular a lo maravilloso histórico”, en Río de la Plata Revista del Centro de Literarturas y Civilizaciones del Río de la Plata (CELCIRP), Paris 1985.
[2] Normalmente se dan diferentes fechas del nacimiento de esta escritora, todas ya en siglo XX, sin embargo, algunos testimonios y la propia memoria de su infancia, inédita, demuestra que ella nació hacia fines del silgo XIX. Su hijo testimonia que su madre solía decir que fue bautizada siendo una niña grande y normalmente la fecha de nacimiento era la del bautizo, en el libro de Iglesia, antes de que existiera el Registro Civil.
Derechos de Primera Generación o Derechos Civiles y Políticos
Los Derechos de Primera Generación o Derechos Civiles y Políticos se refieren a los primeros derechos que fueron consagrados en los ordenamientos jurídicos internos e internacionales. Estos Derechos surgieron como respuesta a los reclamos que motivaron los principales movimientos revolucionarios de finales del siglo XVIII en occidente. Estas exigencias fueron consagradas como auténticos derechos y como tales difundidos internacionalmente.
Los Derechos Civiles y Políticos están destinados a la protección del ser humano individualmente, contra cualquier agresión de algún órgano público. Se caracterizan porque imponen al Estado el deber de abstenerse de interferir en el ejercicio y pleno goce de estos derechos por parte del ser humano.
El Estado debe limitarse a garantizar el libre goce de estos derechos, organizando la fuerza pública y creando mecanismos judiciales que los protejan. Los Derechos Civiles y Políticos pueden ser reclamados en todo momento y en cualquier lugar.
-
Toda persona tiene los derechos y libertades fundamentales sin distinción de raza, sexo, color, idioma, orientación política, posición social o económica.
-
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad jurídica
- Nadie estará sometido a esclavitud o servidumbre
- Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes, ni se le podrá ocasionar daño físico, psíquico o moral
- Nadie puede ser molestado arbitrariamente en su vida privada, familiar, domicilio o correspondencia, ni sufrir ataques a su honra o reputación
- Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia
- Toda persona tiene derecho a una nacionalidad
- En caso de persecución política, toda persona tiene derecho a buscar asilo y a disfrutar de él, en cualquier país
- Los hombres y las mujeres tienen derecho a casarse y a decidir el número de hijos que desean
- Todo individuo tiene derecho a la libertad de pensamiento y de religión
- Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión de ideas
- Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacífica
TEXTUALMENTE LOS DERECHOS CIVILES Y POLÍTICOS EN LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS DICEN:
Artículo 1.
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
Artículo 2.
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.
Artículo 3.
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
Artículo 4.
Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.
Artículo 5.
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
Artículo 6.
Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.
Artículo 7.
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.
Artículo 8.
Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.
Artículo 9.
Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.
Artículo 10.
Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.
Artículo 11.
1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.
2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.
Artículo 12.
Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.
Artículo 13.
1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.
Artículo 14.
1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.
2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.
Artículo 15.
1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.
2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.
PREGUNTAS DISPARADORAS DEL ENCUENTRO
– ¿Por qué son importantes los Derechos Humanos Civiles y Políticos?
-¿Conoce algún poema de este autor paraguayo que refleje una preocupación al respecto de los Derechos Humanos Civiles y Políticos?
– Herib Campos Cervera tuvo que hacer uso de un Derecho Humano Civil y Político, el Derecho al Asilo ¿Conoce usted el Derecho a Asilo? ¿Le parece importante?´¿Por qué?
Filed under: Uncategorized
Introducción: En la obra de Julio Correa se encuentra tal vez la preocupación más obsesiva y obsesionante por las condiciones económicas, sociales y culturales en las cuales se ha desarrollado la nación paraguaya. Su obra; denuncia la realidad de un Paraguay de principios del siglo XX; habla el idioma de la nación paraguaya; el guaraní; y transgrede la imposición absurda de omitir la lengua guaraní de la literatura paraguaya (en especial en sus obras teatrales). Finalmente su obra se extiende; como introducción literaria para entender lo que son los Derechos Económicos Sociales y Culturales; su origen, etimología y proyección.
Julio Correa y la Cuestión Social en el Paraguay
FUENTE: http://www.staff.uni-mainz.de/lustig/guarani/correa.htm
Julio Correa nació en Asunción el 30 de agosto de 1890 y murió en Luque, donde residió la mayor parte de su vida, el 14 de julio de 1953. El poeta y autor teatral es considerado el dramaturgo nacional más importante y durante mucho tiempo la figura de mayor influencia en el escenario teatral paraguayo. Correa fue también uno de los realizadores del teatro en guaraní, al que aportó obras con temas de la guerra del Chaco y al que enriqueció con la inclusión de personajes campesinos en papeles de relativa importancia y significación.
Su obra poética publicada incluye Cuerpo y alma (1943) y Obra poética (aparecida póstumamente en 1983). También escribió algunas narraciones breves. Entre sus aproximadamente 20 piezas teatrales son las más conocidas : Sandía yvyguy, Guerra aja, Terehojevy fréntepe y Pleito rire, todas en guaraní. Desde la aparición de su primera pieza, Sandia yvyguy, produce con increíble fecundidad, y es durante mucho tiempo la figura dominante e indiscutida del teatro paraguayo.
Encabezando su propia compañía, en la que se revela como extraordinario actor y eficaz director, recorre durante años ciudades, pueblos y compañías, despertando un profundo interés, especialmente en el público campesino, que se reconocía en obras escritas en su idioma (el guaraní) y sobre sus problemas. Los diálogos de las piezas de Correa contienen una extraordinaria frescura y gracia; a la vez son eficaces para el desarrollo de las situaciones, constituyendo un importante documento del guaraní hablado en la época.
Generalmente, el tema de Correa es el de la familia campesina venida a menos por la turbulencia de la vida social y los efectos de la posguerra; debido a eso, una serie de trastornos psicológicos que son magistralmente analizados por el autor. Su poesía aparece publicada en revista de la generación postmoderna en los años 20, pero sólo en 1943 se edita su ya mencionado y único volumen de versos, Cuerpo y Alma.
Al producirse su muerte, diez años después, deja inéditos numerosos textos poéticos, que sólo treinta años después serán publicados juntos con los de aquel libro. Su poesía se enmarca dentro de la tendencia posmodernista que caracterizó a los autores que comenzaron a publicar sus vervos en la década del 20, si bien Correa pertenecía a la generación anterior.
Al igual que otros escritores que se adhirieron a las causas populares, Correa sufrió persecuciones y cárcel. Mucho sde sus textos integran el corpus de la poesía de denuncia y combate de la literatura paraguaya.
PARTO (Julio Correa)
Es el dolor de todos la angustia cotidiana
De vivir oprimidos.
La guardia pretoriana,
Cáfila de bandidos
Veja, atropella, mata y encarcela
Y atentamentre vela
Por la vida maldita de un gobierno
Que anhela ser eterno Cilicio, cruz baldón
Y vampiro que chupa el corazón
Inmenso de la raza
Más noble y más valiente.
El azote, el puñal y la mordaza;
Y la befa inclemente,
La cárcel, el destierro y el insulto
Y los asesinados boyando
Entre tumulto
De las olas del río,
Crimen horrendamente impío,
Concreción espantosa de la malignidad
Que de dolor al pueblo tiene harto…
Y es nada más que el gran dolor del parto,
Y ya está por nacer la libertad!
LOS DERECHOS HUMANOS ECONÓMICO SOCIALES Y CULTURALES
¿QUÉ SON LOS DESC?
fuente: http://www.es.amnesty.org/temas/derechos-economicos-sociales-y-culturales/
Los Derechos Económicos, Sociales y Culturales hablan de cuestiones tan básicas para la dignidad humana como la alimentación, la salud, la vivienda, el trabajo, la educación y el agua.
Que 800 millones de personas sufran malnutrición crónica o que más de 100 millones de menores no tengan acceso a la educación primaria no son desgraciadas realidades, sino un escándalo para los derechos humanos.
Todos los derechos humanos son indivisibles e interdependientes. Las violaciones de los DESC (por ejemplo, no proteger los derechos sobre las tierras de los pueblos indígenas, negar los derechos de educación a las minorías y prestar servicios de atención médica de manera no equitativa) a menudo están relacionadas con violaciones de los derechos civiles y políticos en forma de negaciones reiteradas. Del mismo modo que para el pleno disfrute del derecho a la libertad de expresión es necesario concertar esfuerzos en favor del derecho a la educación, para el disfrute del derecho a la vida es preciso tomar medidas encaminadas a la reducción de la mortalidad infantil, las epidemias y la malnutrición.
El reconocimiento de los DESC no es un mero catálogo de buenas intenciones por parte de los Estados. Son derechos que se derivan directamente de tratados internacionales de derechos humanos, como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU (1966) y las normas establecidas por organismos especializados como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
La jurisprudencia interna de muchos países y la tendencia a incluir estos derechos en las reformas constitucionales demuestran que estos derechos se pueden hacer cumplir mediante recursos legales. Sin embargo, queda mucho por hacer para que estos derechos se equiparen a los civiles y políticos en lo que se refiere a su exigencia jurídica internacional.
DEFINICIÓN DE DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES Y CULTURALES[1]
Los DESC son Derechos Humanos relativos a las necesidades básicas de los seres humanos.
– Distinción entre las tres categorías: Es muy dificil establecer una distinción clara entre derechos económicos, derechos sociales y derechos culturales, debido a que los derechos que delinedos dentro de estas tres categorías, muchas veces tienen tanto aspectos económicos, sociales y culturales. En ocasiones, no obstante, es posible identificar un derecho como primordialmente de una de estas categorías específicas, aunque tenga aspectos de las otras, como por ejemplo el derecho a la participación en la vida cultural como derecho cultural, el derecho a fundar una familia como derecho social, y el derecho a la propiedad como derecho económico.
– Como segunda generación de derechos: Existe una teoría de derechos humanos que postula la existencia de Tres generaciones de derechos humanos. Bajo este esquema, los derechos económicos, sociales y culturales son la segunda generación de derechos humanos, siendo la primera generación los derechos civiles y los derechos políticos, mientras que la tercera la componen los derechos colectivos y de ambiente.
– Como derechos positivos: Otra teoría divide los derechos entre positivos y negativos, siendo los derechos negativos aquellos que permiten u obligan no a actuar de cierta manera en beneficio del títular del derecho mientras que los derechos positivos son los que permiten u obligan a actuar de cierta manera en beneficio del títular del derecho. En este esquema, los derechos económicos, sociales y culturales serían derechos positivos, mientras que los derechos civiles y políticos serían derechos negativos.
– Lista de algunos de los derechos económicos, sociales y culturales:
- Derecho al trabajo
- Derecho a escoger su trabajo
- Derecho a la propiedad
- Derecho a un adecuado estándar de vida
- Derecho al acceso a la educación
- Derecho a fundar una familia
- Derecho a la seguridad social
- Derecho a asistencia médica
- Derecho al disfrute de avances científicos
- Derecho a una adecuada nutrición
GÉNESIS DE LOS DESC
El Pacto sobre los DESC tiene sus raíces en el mismo proceso que condujo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Una “Declaración sobre los derechos esenciales del hombre” se había propuesto en 1945 la Conferencia de San Francisco que condujo a la fundación de las Naciones Unidas y el Consejo Económico y Social, se dio la tarea de redacción. Temprano en el proceso, el documento se dividió en una declaración que establece los principios generales de los derechos humanos, y una convención o pacto que contenga compromisos vinculantes. El antiguo se convirtió en la Declaración Universal de Derechos Humanos y fue aprobada el 10 de diciembre de 1948.
Continúa en la redacción de la convención, pero seguía habiendo diferencias significativas entre los miembros de las Naciones Unidas sobre la importancia relativa de negativos Civiles y Políticos versus positivos Económicos, Sociales y Culturales. Estos eventualmente causó la convención que se dividió en dos pactos, “uno para contener los derechos civiles y políticos y el otro para contener económicos, sociales y culturales”.Cada uno contendrá también un artículo sobre el derecho de todos los pueblos a la libre determinación.
El primer documento se convirtió en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y el segundo, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Los proyectos fueron presentados a la Asamblea General de Naciones Unidas para el debate en 1954, y aprobó en 1966.
PACTO INTERNACIONAL DE LOS DESC
El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ICESCR, por su sigla en inglés) es un tratado multilateral general que reconoce derechos de segunda generación y establece mecanismos para su protección y garantía. Fue adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la Resolución 2200A (XXI), de 16 de diciembre de 1966 y entró en vigor el 3 de enero de 1976. Se compromete a las partes a trabajar para la concesión de los derechos económicos, sociales y culturales de las personas, incluidos los derechos laborales y los derechos a la salud, la educación y un nivel de vida adecuado. A fecha del mes diciembre de 2008, el Pacto tiene 160 partes.[1] [2] Otros seis países habían firmado, pero aún no ha ratificado el Pacto.
El Pacto es parte de la Carta Internacional de Derechos Humanos, junto con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, incluida la última del Primer y Segundo Protocolos Facultativos.[3]
El Pacto es supervisado por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas. El Estado Paraguayo ha firmado y ratificado los DESC.
VIDEOS DE: http://jovenesaldiahh.blogspot.com/2006/10/talleres-sobre-derechos-econmicos.html
[1] Fuente: http://www.popjuris.com/diccionario/definicion-de-derechos-economicos-sociales-y-culturales/
Filed under: Uncategorized
MANÚ; EL GUERRERO DE LA LITERATURA PARAGUAYA – Análisis de la vida y obra de Manuel Ortiz Guerrero desde la perspectiva del Derecho a la Libertad de pensamiento.
Pesquisa de Investigación.
https://derechoshumanosyliteraturaparaguaya.wordpress.com
MIGUEL ÁNGEL MÉNDEZ
Asunción, 2010
- OBJETIVO PRINCIPAL:
– Se pretende con este trabajo criticar el lugar que el curriculum de la Educación Media -heredado de la Tiranía Stronista- ha destinado al excelso escritor paraguayo Manuel Ortiz Guerrero; cercenando la matriz de pensamiento del autor a objeto de hacerlo presentable a los educandos.
- OBJETIVOS SECUNDARIOS:
– Esbozar la obra de Manuel Ortiz Guerrero en el Contexto del Modernismo Hispanoamericano.
– Conocer la corriente Modernista de Ortiz Guerrero.
– Recopilar las obras de Manuel Ortiz Guerrero en las cuales se exponga su pensamiento social y político.
– Contribuir con información a una mejor comprensión de la obra del escritor guaireño.
– Conocer el conflicto bélico en el cual participó de niño el poeta.
- METODOLOGÍA:
A fin de cumplir con los objetivos de esta pesquisa literaria se utilizó como método de trabajo la indagación bibliográfica, elaboración de fichas bibliográficas y entrevistas a informantes clave. Así mismo se consultó la Declaración Universal de los Derechos Humanos a objeto de conocer los artículos de ella referidos a la Libertad de Pensamiento. El trabajo es explicativo con esbozo de una hipótesis de trabajo.
- LOS DERECHOS HUMANOS REFERIDOS A LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO Y CONCIENCIA.
Artículo 18
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
Artículo 19
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Artículo 20
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.
2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.
HIPÓTESIS DE TRABAJO: El curriculum de la Educación Media del MEC –heredado de la tiranía Stronista- cercena el pensamiento del poeta Manuel Ortiz Guerrero; presentándolo como un escritor apolítico, violando así los artículos de la Declaración Universal de los DD.HH. referidos a la libertad de pensamiento.
DESARROLLO DE LA PESQUISA
INTRODUCCIÓN:
Como muchos otros niños de este país; Ortiz Guerrero fue un niño combatiente de una revolución; luego de la cual tuvo que exiliarse. De regreso y adulto; fue un poeta comprometido con las grandes corrientes progresistas en Latinoamericana, como se constata en sus poemas ‘Nicaragua’ y ‘México’. Comprendemos que en la noche de la tiranía el silencio fue salud. Pero creemos que ya es el momento de empezar a hablar… solamente para tener una imagen cabal del poeta guaireño y su pensamiento.
- PRIMERA PARTE: LA VIDA DE MANUEL ORTIZ GUERRERO
FUENTE: http://www.villarrica.com.py/miciudad/cultura/cultura_manu.htm
Escribió su mejor poema con su propia vida. Identifico su vocación poética con una humildad y con una dignidad incorruptible. Quiso dormir el sueño definitivo ala sombra de unas alas que se habían cruzado mágicamente un día, en su camino. Busco la complicidad de la música y dejo sus versos atados para siempre en la guarania. Poeta Rubendariano en castellano, profundamente conocedor de los rumores de su tierra, en guaraní. El poeta que alcanzo mayor popularidad hasta hoy, en el Paraguay.
«Fue excelso vate, y su mejor poema fue su vida»
Nació en Villarrica, Capital del IV departamento del Paraguay: Guiará, en el año 1.897, su infancia fue acunada por los sones milenarios de la brisa del Yvytyruzú, y la poesía del paisaje enmarcado por los cerros, fue palabra para pintar un paisaje, fue verbo para el amor y fue alegato que marcó un camino, cuando exhortó a atreverse siempre, pues es ese un culto que pocos profesan.
Fueron sus padres, don Vicente Ortiz y doña Susana Guerrero, quien falleció al nacer el futuro bardo. El cuidado de la criatura estuvo a cargo de la abuela paterna, doña Florencia Ortiz, la abuela se hizo cargo del niño, inteligente y eficaz que fue nutriendo su sensibilidad con las experiencias dulces de la vida de ese pueblo bordeado de cerros y encantadores paisajes. Su vocación poética despierta muy temprano, y empieza a balbucear sus primeros versos. Estudió las primeras letras en su ciudad natal, hasta el 3er. curso, favorecido en su dedicación al estudio por su natural solitario y señalado entre sus compañeros por su afabilidad y suave trato. Fueron sus compañeros, relevantes figuras de las letras paraguayas, como Natalicio González, Leopoldo Ramos Giménez, Facundo Recalde. Sus restos descansan en Villarrica.
Desde estos primeros años data la manifestación de sus dotes de recitador y el gusto por el arte literario.
Llegó a Asunción en el año 1.914 para ingresar al 4to. Curso del Colegio Nacional, donde no alcanzó a graduarse de bachiller. El poeta se da a conocer en los cenáculos de la época y se luce con su voz y su dominio de la palabra. Vive momentos de apremio con su amigo Molinas Rolón, con quien comparte una modesta pieza de pensión, turnándose en el uso de la única frazada que poseían y alumbrándose con velas robadas de los cementerios.
En el Colegio Nacional de Asunción continuó sus estudios, pero ya para esa época era conocido como poeta valioso. Se le acercaron muchos jóvenes que vieron en él un guía hacia mejores éxitos.
Publicó sus primeros versos en La Revista del Centro Estudiantil. Más tarde apareció Loca, en Letras, que dirigía Manuel Riquelme.
Corrió también los azares de la vida artística y conoció las penurias tradicionales que acompañan casi siempre a los auténticos poetas.
En 1912, por razones políticas, se refugió en Brasil y volvió terriblemente enfermo de LEPRA. Cuando madura el poeta y sus versos brotan a borbotones como un acto fisiológico de vivir; cuando el alma viste el ropaje de la virtud y el talento, la carne sufre el látigo de una enfermedad incurable y el destino sella la fatalidad dicha enfermedad que lo llevaría a la tumba. Estuvo en Posadas y regresó a Asunción. Se vio desde entonces carcomido por su mal. Resulta emocionante oírlo cantar – en medio de su situación – a la “Rosada Juventud” y oír su queja desesperada.
Volvió a Villarrica y permaneció aislado, cuidando de no contagiar su mal a nadie ni causarle mengua de clientela a su médico con su presencia en el consultorio.
Dalmacia fue su compañera en esta etapa decisiva de su vida, hasta morir, lo alentó de su sueño de poesía, y le prodigó los cuidados necesarios para vivir dignamente sus últimos años. El poeta busca la soledad y se aleja de sus amigos pero Dalmacia le entrega todo su tiempo y su cariño.
En ese ambiente continúa escribiendo sus mejores cantos, que él mismo imprime en una vieja minerva. Gracias a un denodado esfuerzo se defendió contra la mendicidad y conservó la libertad. Publica el libro el Surgente y compra una imprenta a crédito, construye su propio rancho, en la que vive y trabaja con Dalmacia haciendo funcionar en el Zurucuá – Editorial Paraguaya. Allí escribió y publicó sus libros posteriores, hasta que la enfermedad fue haciendo estragos en su cuerpo y en sus fuerzas. Se alejó sistemáticamente de los amigos encumbrados por la política, a fin de no parecer aprovecharse de las oportunidades.
Su rancho se convirtió en escuela, adonde concurría la juventud con sus ensayos y sus inquietudes y salía orientada y llena de un nuevo empuje.
Unos pocos amigos como Facundo Recalde y José Asunción Flores, siguen visitándolo. Este último creará la guarania, engendrada sobre los versos y el estímulo de Ortiz Guerrero. Finalmente, fallece en 1933 en Asunción, dejando una vida consagrada a la poesía y a los versos quedando de esta manera sellada el nombre de nuestro querido Ortiz Guerrero en la historia culta de nuestra ciudad.
Consideran muchos en el Paraguay, con sentimentales razones, que Manuel Ortiz Guerrero ha sido el poeta nativo que ha llegado más hondamente al corazón de su pueblo por los caminos de la sencillez y la emoción. Así lo entiende también el celebrado músico paraguayo José Asunción Flores, y en gesto que honra, ha rotulado su orquesta autóctona con el nombre del que fuera su cordial amigo, espiritual y desdichado vate que, afrontaba con singular entereza un terrible mal, dijo serenamente su canción hasta el instante postrero en que partió de este mundo a la edad de 39 años.
Tenemos un interesante aporte de Carlos A. Caroni, quien escribió en la década del cincuenta una breve biografía en la que se evidencia su admiración. Cuenta allí que no tuvo Ortiz Guerrero una educación esmerada. Nació, creció y despertó a las sabidurías elementales del mundo con el escaso bagaje intelectual de su medio y de su modesta cuna.
El poeta de Villarrica cuenta el articulista que «nunca un poeta alcanzó tanto prestigio en el corazón de su pueblo como Ortiz Guerrero. Sus poemas era recitados en reuniones, veladas artísticas, tertulias, actos escolares y por recitadores de oficio de todas partes que se ofrecían espontáneamente, deseosos de comunicar la emoción de los versos.»
- SEGUNDA PARTE: EL MODERNISMO
Fuente: http://roble.pntic.mec.es/~msanto1/lengua/2modern.htm
| EL SIGLO XX
SITUACIÓN DE ESPAÑA. |
|
| Situación social y política | Situación cultural y artística |
| – A finales del siglo XIX se van consolidando las democracias en Europa.
– La revolución industrial provoca un éxodo de la población rural hacia las ciudades. Las clases obreras se concentran alrededor de las fábricas. Las ciudades tuvieron que afrontar problemas diversos:
– El siglo XX hereda varios problemas políticos del anterior:
|
– La ciencia y la técnica se desarrollan asombrosamente:
– En arte aparecen continuos movimientos estéticos, conocidos con el nombre de -ismos (dadaísmo, cubismo, surrealismo…), que tienen algunas características comunes:
|
El Modernismo
Los orígenes de este movimiento literario hay que buscarlos en los poetas hispanoamericanos, al publicar el poeta nicaragüense Rubén Darío, en 1888, un libro de poesía titulado Azul.
En este libro se observa una notable influencia de la literatura francesa, sobre todo del Parnasianismo y el Simbolismo.
- El Parnasianismo, con su afición por la mitología greco-latina, nórdica y oriental, y el gusto por lo plástico, despierta el gusto de lo puramente estético y decorativo.
- El Simbolismo pretende descubrir la realidad escondida de las cosas (los símbolos) y la correspondencia que existe entre éstos y nuestras sensaciones (color, sonido, música…).
Podemos definir el Modernismo como un movimiento artístico que reacciona contra el Realismo acusándolo de prosaico y ramplón que busca ante todo la belleza por sí misma, lo exótico, lo exquisito y el Arte como única finalidad.
La renovación estética
El espíritu de protesta que caracteriza a los modernistas se traduce en un afán de buscar nuevas formas estéticas.
- Los modernistas no sienten preferencia por los temas burgueses y cotidianos de los realistas; sino que prefieren los aristocráticos: palacios elegantes, jardines exóticos, princesas distinguidas. Todo está rodeado de esplendor: fuentes y estanques sobre los que se reflejan elegantes cisnes y jardines cargados de árboles y plantas.
| El olímpico cisne de nieve con el ágata rosa del pico lustra el ala eucarística y breve que abre al sol como un casto abanico. Rubén Darío |
- Los modernistas vibran ante los sentimientos patrióticos y esperan que su país resurja con gloria.
- Evocan el pasado histórico de su país, con sus leyendas medievales, sus héroes, reyes y personajes famosos.
- Prefieren la intimidad del poeta, manifestando los sentimientos más profundos de melancolía, tristeza y nostalgia.
La métrica y la lengua se renuevan notablemente para lograr la sensación de que todo es exquisito, refinado y selecto.
- Se reutilizan los versos y estrofas de otras épocas, como el alejandrino del Mester de Clerecía, o se recuperan otros que ya no se empleaban, como el decasílabo y dodecasílabo.
- El ritmo será una de las mayores innovaciones que los modernistas apliquen a sus versos. Gracias a ello consiguen importantes efectos musicales y sonoros. Los acentos rítmicos logran reflejar sus sentimientos
- Utilizan un lenguaje cargado de palabras cultas (como olímpico, áureo, ágata…), de metáforas y diversos recursos estilísticos.
| Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro, que envuelve en un trueno de oro la augusta soberbia de los pabellones. Rubén Darío (Marcha Triunfal) |
Escritores modernistas
- Rubén Darío
Se llamaba Félix Rubén García Sarmiento. Nació en Nicaragua en 1867 y murió en el mismo país en 1916. Al principio se dedicó al periodismo y visitó diversos países de América y Europa; en España fue diplomático. Más tarde se dedicó a sus dos pasiones predilectas: vivir y escribir poesía. Pasó por etapas de bienestar y de miseria. Una vida tan intensa y desordenada minó su salud y murió a los 49 años.
Francia y España fueron los países que más influyeron en su poesía que se caracteriza por el culto a la belleza pura, el arte por el arte. El color, el sonido, la palabra constituyen belleza. No interesa el contenido del poema sino su capacidad de sugerir emociones estéticas.
A los 21 años publicó su libro de poemas Azul con el que obtuvo un gran éxito. Con posterioridad publicó Cantos de vida y esperanza, un conjunto de poemas cargados de colorido y musicalidad en los que exalta la Hispanidad. Otra obra importante fue Prosas profanas.
| Sonatina (Rubén Darío) | |
| La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave sonoro, y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. Parlanchina, la dueña dice cosas banales, y vestido de rojo piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión. ¿Piensa acaso, en el príncipe de Golconda o de China, o en el que ha detenido su carroza argentina para ver de sus ojos la dulzura de luz? ¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes, o en el que es soberano de los claros diamantes, o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? ¡Ay la pobre princesa de la boca de rosa quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el cielo volar; ir al sol por la escala luminosa de un rayo, saludar a los lirios con los versos de mayo o perderse en el viento sobre el trueno del mar. |
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, ni los cisnes unánimes en el lago de azur. Y están tristes las flores por la flor de la corte, los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, de Occidente las dalias y las rosas del Sur. ¡Pobrecita princesa de los ojos azules! Está presa en sus oros, está presa en sus tules, en la jaula de mármol del palacio real; el palacio soberbio que vigilan los guardas, que custodian cien negros con sus cien alabardas, un lebrel que no duerme y un dragón colosal. ¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! (La princesa está triste, la princesa está pálida) ¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe, -la princesa está pálida, la princesa está triste, más brillante que el alba, más hermoso que abril! -«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-; en caballo con alas, hacia acá se encamina, en el cinto la espada y en la mano el azor, el feliz caballero que te adora sin verte, y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, a encenderte los labios con un beso de amor» |
TERCERA PARTE: MANÚ EN UN MATERIAL PUBLICADO POR DEL MEC
FUENTE: http://www.mec.gov.py/cmsmec/?page_id=17303
Manuel Ortiz Guerrero (1894-1933)
Manuel Ortiz Guerrero nació en el barrio Ybaroty, en la ciudad de Villarrica del Espíritu Santo, Paraguay, el 16 de julio de 1894, hijo de Vicente Ortiz y Susana Guerrero, quien falleció al dar a luz al niño. Fue criado por su abuela paterna, doña Florencia Ortiz. Realizó sus primeros estudios en una escuela de Villarrica, destacándose en su niñez por su contracción a las faenas escolares.
Tímido y retraído, era afectuoso y afecto a la soledad. En el Colegio Nacional de Villarrica sobresalió como declamador, ya por entonces, escribió sus primeros versos. Sus compañeros comenzaron a llamarle con el apodo que lo inmortalizaría: Manú.
Fue en su época uno de los pocos que representaba el modernismo. Fueron sus compañeros, relevantes figuras de las letras paraguayas, como Natalicio González, Leopoldo Ramos Giménez, Facundo Recalde.
En 1912, intervino en una lucha armada, acompañando a su padre. Derrotado el bando donde militara el poeta, tuvo que marchar al exilio, en el Brasil, donde contrajo el beri-beri y se engendró el mal que acabaría tempranamente con su vida.
Su enfermedad, ensombreció su vida social, no así su producción literaria, aparece varias veces en sus versos. Mucho antes había viajado a Asunción para completar la secundaria en el Colegio Nacional. Allí adquirió la fama de orador y recitador, y vivió un prolífico período de bohemia escribiendo para los diarios y algunas revistas literarias. Su obra en castellano recibió las influencias de Rubén Darío, aunque sus mejores trabajos los escribió en guaraní. Algunos versos alternan ambos idiomas. Su estilo no fue uniforme.
Con el avance de su enfermedad, decidió volver a Villarrica, donde se encerró a vivir con gran dignidad sin pedir o aceptar la ayuda de nadie. Dejó de salir a la calle durante el día, de allí que en las representaciones de su persona siempre apareció totalmente cubierto por una gran capa negra y un sombrero de alas muy anchas. Compró una imprenta e instaló su propia editorial, Zurucu’á-Editorial Paraguaya, que manejaba con su compañera, Daidamia, gracias a la cual recuperó la alegría de vivir.
Publicó sus primeros poemas en la “Revista del Centro Estudiantil”, luego de lo cual, periódicos capitalinos le abrieron sus puertas. Una de sus obras más consagradas, el bellísimo poema “Loca” apareció en la revista “Letras” y concitó la atención general y con él, el poeta llegó al alma de su pueblo. Vive por entonces con el también poeta Guillermo Molinas Rolón. Su más importante biógrafo y compañero, el dramaturgo Arturo Alsina escribe acerca de aquella época: “…En la casucha que les sirve de albergue no se come todos los días y en las noches de invierno han de dormir por turno para poder utilizar la única frazada con que cuentan”.
Alsina, sentencia: “Independientemente a su vasta contribución a las letras paraguayas y a la influencia moral que ejerció, hay que sumar aquella de significación espiritual que, prolongándose en el tiempo, no cesa de dar frutos… El folklore, la música, la poesía, el teatro de sentido popular, encuentran en él, en algunos géneros el creador, en otros, el alentador de aliento poderoso… Ante él acuden Julio Correa, tímido con las primeras escenas de su autóctono teatro, con sus versos, comprimidas viñetas de emoción; Gómez Serrato, con los originales de “Jasy jatere”, que Manú prologa y edita…”
Reunía en sí los rasgos típicos del poeta de su tiempo: bohemia impenitente, alto contenido de romanticismo en sus actos, gestos y escritos, amistad prodigada sin dobleces, nobleza espiritual y alto altruismo, dignidad a toda prueba. Se cuenta que hurtaba velas del camposanto para alumbrar sus noches, que compartía con otros poetas y músicos, como él.
Sus grandes obras siguen a “Loca”; “Raída poty”, “Guarán-i”, “La sortija”, “Diana de gloria”.
La lírica de Manuel Ortiz Guerrero es un marco referencial para estudiar a todos los poetas líricos connacionales. Su vida fue rara y embellecida mezcla de grandeza y dolor. Cuando madura el poeta y sus versos brotan a borbotones como un acto fisiológico de vivir; cuando el alma viste el ropaje de la virtud y el talento, la carne sufre el látigo de una enfermedad incurable y el destino sella la fatalidad de una temprana muerte.
Escribió indistintamente en español y en guaraní, aunque en guaraní, logró resultados admirables, sobre todo en los bellísimos poemas que sirven de texto a las guaranias más importantes del Maestro José Asunción Flores: “Panambí verá”, “Nde rendape aju”,”Kerasy”y”Paraguaype”. En su libro “La poesía paraguaya – Historia de una incógnita” escribe el crítico e intelectual brasileño Walter Wey: “Ortiz Guerrero personificó el heroísmo de ser intelectual en un Paraguay sin editores, todavía, el de tener que vivir exclusivamente del arte, ya que no sabía hacer otra cosa que poetizar y tocar la guitarra. Fue el poeta y el tipógrafo de sus poesías.
Las imprimía en la pequeña y tosca máquina tipográfica de su propiedad y vendía los folletos de puerta en puerta. Consiguió conmover al pueblo y lo obligó a volverse sentimentalmente hacia el pobre leproso, que ya al fin de su vida, recibía los últimos amigos en el rincón más oscuro del miserable cuarto, colocando las siglas estratégicamente distantes de la cama, para que ellos no viesen la “carne pecadora que ya tiene las señales profundas de la vida” lo que realzaba, entre tanto, aún más, los hermosos “ojos de color esperanza”. Las huellas de esta lucha con la vida y por la vida quedaron en algunos de sus versos y en la prosa de los anuncios dolientes que ponía en los folletos intitulados “Cantimplora”, que atestiguan el doloroso destino del poeta de guaranítico aliento para cantar e implorar que le comprasen los libros…”
Su producción literaria es considerada como la más popular en la historia de las letras paraguayas, data de la década de los años ‘20 en la cual publicó poemarios como “Surgente”, “Pepitas” y “Nubes del este” y obras teatrales como “Eireté”, “La conquista” y “El crimen de Tintalila”. Póstumamente aparecieron sus “Obras completas” – sin incluir trabajos inéditos- en1952, y “Arenillas de mi tierra”, en 1969. También escribió, a más de las ya citadas letras en guaraní para las guaranias de su compañero y amigo José Asunción Flores, “Buenos Aires, salud”, Delirio de Pizzicato, Endoso Lírico, La amarga plegaria de unos labios en flor, Suma de Bienes, La Amada Inefable, junto a las letras musicalizadas de Canción del Soldado, Paraguaýpe, Nde Rendápe Aju, Panambí Vera, la segunda letra de India (que es la versión conocida universalmente), son flores de un vergel que aún perdura con su aroma lírico en la poesía paraguaya. Es justo reconocer la talla de artista, la solidaridad en la lucha por fortalecer la producción cultural, cuando alienta a José Asunción Flores a seguir creando, a sobreponerse de los embates de los descreídos y al desaliento de una crítica inmisericorde, incentivándolo a proseguir la lucha, continuar creando.
Casado con su inseparable compañera Dalmacia, falleció el 8 de mayo de 1933, víctima del mal de Hansen, antes de cumplir cuarenta años. Sus restos reposan en su ciudad natal y una céntrica plaza asuncena que lleva el nombre de “Manuel Ortiz Guerrero y José Asunción Flores” perenniza la memoria de estos creadores, sin duda de los más populares en la rica historia del arte paraguayo.
Fuente: Recopilación de Internet
- CUARTA PARTE: LA OBRAS MÁS POLITICAS DE MANÚ
A NICARAGUA[1]
Víctima sin defensa del monroismo
Por todo el Continente cunde un escalofrío;
Al azulado abismo del lago de Managua
Donde hicieran sus nidos los cisnes de Darío,
Anfibios yankis entran a profanar sus aguas.
El águila del norte lanzó su desafío
Y entre sus garras, presa, devora a Nicaragua.
Sin reparar que el cóndor de los Andes, bravío,
Le mira desde el alto picacho de Aconcagua.
La América no es plaza del bélico deporte
Para que los Atilas y Alaricos del Norte
Entrenen en nosotros su bárbaros alardes!
Sin embargo… (oh afrenta!) infeliz, Nicaragua,
los sudamericanos reclamamos enaguas
porque somos cobardes
(Enero 4, 1928)
A MÉXICO[2]
Motivo: su legislación sobre la ciudadanía continental
Tierra de la perpetua conmoción irancunda:
Tu Jorullo aborigen la gran noche ilumina
¡y con tintes de alba nuestra América inunda!…
(La semilla sagrada tras los siglos germina)
“El árbol de la noche triste” por fin fecunda
Sobre su flor azteca, polen de luz latina,
La misma luz hermana que emana rubicunda
Del lucero de Chile y el sol de la Artentina.
Veinte pueblos viriles te saludan de frente
Hermanos en la vasta Liga del Continente
Por el común origen y la común unión;
Y el sincero milagro de tus fronteras rotas
Son más de cien millones los nuevos compatriotas:
Del Horno hasta Texas, una sola Nación
(1º de Enero de 1928)
A MODO DE CONCLUSIÓN:
La obra de Manuel Ortiz Guerrero es una de las obras más importantes de Latinoamérica; el precoz Ortiz Guerrero; niño combatiente a lado de su padre en las revoluciones de aquel tiempo en Paraguay; funda la edición no mercantil de libros de poesía en Paraguay; posibilitando el conocimiento de la literatura Paraguaya. Primer escritor que vive como tal en Paraguay. Víctima de la Lepra no descansa en su función de escritor y editor sin olvidar el compromiso político con los pueblos de Latinoamérica que contemporáneamente a él buscaron su segunda independencia.
No pudiendo la Tiranía Stronista ningunear la obra de este gran escritor nacional como lo hizo con otros; o acusarlo de “roedor de los mármoles de la patria”; integro la obra de este escritor al curriculum de literatura de la Educación Media, ocultando sus compromisos con la lucha de los pueblos latinoamericanos; con el objeto de presentarlo como un escritor romántico sin preocupaciones políticas algunas.
Sin embargo, no todos han sido tan injustos con el pensamiento del gran Ortiz Guerrero: José Arturo Alsina habla de él en estos términos: “Algo se ha hablado del poeta, muy poco se ha dicho del hombre (…) Su influencia no fue precisamente literaria, fue sobre todo moral y espiritual.” Para agregar luego: “Su obra y su ejemplo, lo vital y heroico, fueron espontáneos como un fenómeno. En el rancho en que habita (…) entre el ruido de la impresora, se plantean problemas de estética, se discute sobre arte y filosofía, se recita y se piensa (…) Se habla de Justicia Social con sentido cristiano, se afirma la inmortalidad del alma y se proclama la liberación del hombre”[3]
Este trabajo lejos de concluir taxativamente sobre el pensamiento político de Manuel Ortiz Guerrero, lo que pretende es brindar insumos con el objetivo de ampliar la visión sobre este poeta, recordando los artículos de los Derechos Humanos referidos a la Libertad de Conciencia y Pensamiento; lo que se ha querido poner de manifiesto es otra violación más del Estado Paraguayo en materia de D. referidos al cercenamiento de parte del pensamiento de Manú.
- VIDEOS
– http://www.youtube.com/watch?v=uG9eRdpIwMo
- BIBLIOGRAFÍA
– BUZÓ GOMEZ, SINFORIANO. Índice de la Poesía Paraguaya. Asunción. Edición Niza, 1943.
– CENTURIÓN, CARLOS R. Historia de la Cultura Paraguaya. Asunción. Biblioteca Ortiz Guerrero. 1961
– MARTINEZ, LUIS MARIA. El Trino Soterrado. Paraguay: Aproximación al itinerario de su poesía social. Tomo I. Asunción; Ediciones Intento, 1985.
- INTERNET
- http://www.villarrica.com.py/miciudad/cultura/cultura_manu.htm
- http://roble.pntic.mec.es/~msanto1/lengua/2modern.htm
- http://www.mec.gov.py/cmsmec/?page_id=17303
[1] Fuente: LUIS MARIA MARTINEZ (1985). El Trino Soterrado. Paraguay: Aproximación al itinerario de su poesía social. Asunción; Ediciones Intento.
[2] Ídem 1
– [3] CENTURIÓN, CARLOS R. Historia de la Cultura Paraguaya. Asunción. Biblioteca Ortiz Guerrero. 1961. Página 36
CLIP SOBRE MANUEL ORTIZ GUERRERO
Filed under: Uncategorized
por Víctor-jacinto Flecha
imágenes tomadas de http://jesbento.blogspot.com/
La bruta emergencia en cielo tranquilo de La Babosa de Gabriel Casaccia,(1953), una novela de escritura raigal que tocaba a fondo el ethos paraguayo, que descarnadamente desnudaba con un preciosismo desolador la realidad humana y social del país, conmovió a esta sociedad que si fuera un trueno atronador, ya que estaba acostumbrada a creer que la función de la narrativa era imaginar exóticos paisajes y personajes totalmente fuera del contexto paraguayo o textos “nativistas” de un fuerte contenido de tarjeta postal en que se describieran amores de jóvenes felices, de mujeres de trenzas floridas y apuestos campesinos con camisas de ahopoi almidonadas, sin ninguna compasión a la realidad campesina. De hecho que la mayoria de los textos narrativos, hasta que llegara Grabiel Casaccia, eran de ese corte y en la mayoria de las veces de muy escaso valor[1].
¿Que hace que Gabriel Casaccia, el adelantado de la narrativa profunda, critica, con una estructura novelística impecable. pudiera escaparse de la realidad autocomplaciente de la época, de tener una mirada y una comprensión tan diferente a la de los demás?
Se nos ocurren tres hipótesis que pudiera responder la pregunta: 1.El contexto familiar extranjero, con perspectivas críticas hacia el país 2. su larga ausencia del país, (se alejo físicamente antes de cumplir treinta anos y no regresó nunca mas, a no ser en forma esporádica y espaciada) que lo alejo de la cultura autocomplaciente del nacionalismo paraguayo.
1. Ninez y juventud. El entorno familiar
Margherita Bibolini de Casaccia, y sus cinco hijos, de izquierda a derecha: Cesar, Alberto, Carlos Augusto, Maria Teresa,Maria Victoria con el nombrado escritor Benigno Gabriel Casaccia mientras lee.
Benigno Gabriel Casaccia Bibolini es hijo y nieto de inmigrantes italianos. Nació en Asunción el 20 de abril de 1907, en el seno de una familia de la pequeña burguesía alta. Los Casaccia llegaron al Paraguay después de la Guerra de la Triple Alianza. Los Bibolinis es posible que se hayan avecindado al Paraguay antes de la Guerra. Un Bibolini, tiotatarabuelo de Gabriel llegó al país durante el gobierno de Carlos Antonio López. Posteriormente fue expulsado y fue cura párroco durante más de 25 años en un pueblito de La Plata, Argentina, pero aparentemente, familiares suyos quedaron en el Paraguay.[2]
Lo importante a destacar en el caso del novelista Gabriel Casaccia, es que él es ya descendiente de una colonia italiana aculturada en el Paraguay. Pertenece al grupo de inmigrantes con cierto capital y un bagaje cultural muy superior a los anteriores migrantes italianos. Este gente se inserta muy rápidamente dentro de las clases pudientes paraguayas, montan sus empresas y edifican sus mansiones a la italiana. A principios de este siglo la colectividad italiana estará bien afincada, es decir cuando nace Benigno Gabriel, sus padres ya eran parte visible de la “sociedad” paraguaya.
Su primera infancia, entre los 5 y los 7 años, tuvo que haber vivido un mundo pleno de comentarios, en el seno familiar y dentro de la colectividad italiana, sobre las guerras civiles y golpes de estado (1908/1912) sobre todo los abusos cometidos por el Coronel Jara, un mesiánico militar, hombre fuerte de la epoca, que arrazo con toda legalidad, entre las que violo a una soprano italiana, invitada por la colectividad, siendo presidente de la Republica.
Casaccia hace sus cursos primarios hasta el segundo año del bachillerato en el Colegio San José de los padres bayoneses (franceses), cuya experiencia escribirá después en Hombres, Mujeres y Fantoches, su primera novela. Es importante destacar el hecho de sus estudios, en el colegio San Jose. Otra vision extranjera sobre el Paraguay y los paraguayos. Exclusivo colegio de la oligarquia paraguaya de entonces, de enseñanza bilingüe español/frances, lo que lo introduce a su tercera lengua.[3]
El joven Gabriel desde los 13 – 14 años hasta los 18 – 19 años tuvo cambios permanentes de domicilio y de lugares de estudios, Buenos Aires, Asunción, Posadas, presumiblemente debido a una guerra civil de casi dos anos de duración (1922-1923) en que las fuerzas rebeldes invadieron y saquearon dos veces Asunción y es posible que su familia haya querido alejarlo de esa violencia. Al término de su bachillerato, que lo logra en Posadas, y ya pacificada la sociedad paraguaya, regresa a Asunción e ingresa en la Universidad Nacional de Asunción en donde obtiene el doctorado en Leyes.
Ya en esos anos los hijos de la colectividad italiana asentada en el Paraguay, ya se habían paraguayizado, pero aun así el pasado de los mismos no estaría afincado en la hecatombe nacional que fue la guerra contra la Triple Alianza que hiciera el Paraguay la catástrofe social de una pesadilla permanente sino el sueño lejano del país de sus abuelos y padres. Eso permite a estos itali-paraguayos tener la posibilidad una visión una mirada diferente del país donde nacieron y se criaron con una perspectiva critica sobre la realidad social y política del Paraguay. Pero sin embargo, sintiéndose parte de ella.
El hecho mismo que Casaccia se convierta en un alto funcionario de la Cancillería, Jefe de Gabinete del Ministerio de Relaciones Exteriores, en momentos muy especiales antes y durante la Guerra del Chaco con Bolivia. A pedido suyo se lo traslada al frente como auditor de guerra. Y desde, ese cargo, pudo atisbar el desenlace posterior a la guerra. Mentes perspicaces de la juventud liberal de la época, en la que se adscribía Casaccia, pudieron percibir en el ambiente de la guerra la necesidad urgente de un cambio. Durante la guerra (1932/1935) se había producido un fenómeno nuevo, un cambio en la mente y perspectiva de la población combatiente. La guerra permitió, por primavera vez, después de la hecatombe guerrera de 1870, el encuentro nacional de todos los paraguayos de las diferentes regiones del país, que anteriormente vivían en forma aislada, por un lado y por el otro, el ascenso por triunfos en las batallas de los soldados combatientes a oficiales y jefes del ejercito.[4] Los caudillos civiles, políticos del partido liberal, hegemónico en esa época, durante la guerra tuvieron un comportamiento de proteger a los más pudientes. Ellos mismos eran señores de su comarca, de lo contrario no pudieran ostentar el liderazgo, basado en el caudillismo. Eso fue creando encono en los soldados y sus familiares. Solo los pobres iban al frente. En ese contexto, los jefes militares que se enfrentaban igual que ellos a la sed, a la muerte, fue creando una nueva solidaridad grupal y el reemplazo paulatino del liderazgo civil a liderazgo militar. Los caudillos civiles eran, en perspectiva, iban siendo reemplazados por caudillo con representación militar.
El fin de la guerra y la caótica desmovilización sin ningún reconocimiento material por parte del estado, conmociono aun mas el estado de animo de los excombatientes. Los que habían ganado un nuevo estatus social por ser jefes no querían regresar a la misma situación de donde partió. Los excombatientes en términos generales esperaban un premio, tierras para cultivar, un apoyo efectivo del estado para volver a reestablecerse. Sin embargo, el partido liberal no pudo dejar sus viejas estructuras oligárquicas como para responder a las demandas sociales de los excombatientes. Una sublevación militar, apoyada socialmente por los excombatientes, se hace del poder y es el fin del proyecto modernizador del liberalismo y el fin del Estado Oligárquico. Los militares inauguran una nueva forma estatal, la militar autoritaria y que tendrá vigencia hasta 1989, con la caída de la longeva dictadura militar del Gral. Alfredo Stroessner.
Pocos meses antes de la emergencia del poder autoritario militar en el gobierno, golpe de estado de por medio, Casaccia emigra a la ciudad fronteriza de Posadas, (1935) donde había vivido algún tiempo en su adolescencia. En ese momento estaba por cumplir treinta años y su avecindamiento a esa ciudad será por mucho tiempo. En Posadas escribirá la mayoría de sus obras. Recién en 1951 se instalará en la Buenos Aires, donde residirá hasta su muerte, ocurrida en esa ciudad en noviembre de 1980.
2. La ideología nacionalista. Sus consecuencias para sociedad y la narrativa paraguayas-
¿Qué hizo que los paraguayos nos miráramos a nosotros mismos a través de un prismático tan deformar de la realidad que solo la percibíamos en forma idílica y ensoñadora, casi como si estuviéramos drogados con hongos alucinógenos que nos devolvía la realidad en forma absolutamente positiva, sin ningún atisbo de critica sobre nosotros mismos? Esa droga fue la ideología nacionalista.
a) El nacionalismo novecentista
El nacionalismo paraguayo fue una ideología emergida a fines del siglo XIX y principios del XX en contraposición a una visión crítica que tenia la primera promoción intelectual, integrada por jóvenes nacidos antes de la conflagración de la Triple Alianza (1965-1970) que deja al Paraguay no solo derrotado sino exhausto con una miseria nunca vista antes en toda la historia del país. Esta primera promoción, integrada por Cecilio Baéz (1862-1941) y José de la Cruz Ayala (Alón) (1863 -1892) tenían una reflexión crítica con respecto al país y buscarán una explicación a la dramática realidad pos-bélica y darán una visión del proceso histórico más en acuerdo con la realidad degradada y se manifestarán hacia
Esta ideología nació primero como una idelogia subalterna para luego ir ganando espacio en la sociedad hasta hacerse hegemonica, en la decada de los anos 20 y con el estado militar autoritario como la ideología oficial por antonomasia.
La mayoría de los miembros de la generación del 900, nacidos en un momento trágico para el país, marcada por la impronta intelectual europeizante traída por los invasores, que ocuparon largamente el país (1869 – 1877) y lo sometieron a una dependencia económica, sin duda, pero también intelectual , ideológica. El nacionalismo positivista, en boga en los cenáculos rioplatenses, selló la orientación de los intelectuales paraguayos de la época. Estos adhirieron al cientificismo, y adoptando una erudición de cuño de «nuevo rico», echaron las bases para producción del discurso escrito, con el propósito de superar la «barbarie» y fundar la tradición culta.
Se dedicaron de manera preferente a la historiografía, dentro de los cánones privilegiados por la escuela positivista. Pero, escarbando un poco más en las motivaciones profundas, podemos decir que no solo existieron razones de moda en el cultivo predominante de la historiografía. De manera a veces deliberada, pero sobre todo inconsciente, los integrantes de esa generación buscaron, al abordar el tema histórico, recomponer el tejido social desgarrado por la hecatombe. Recomponerlo compensatoriamente a partir de hechos heroicos relacionados con la contienda reciente, o mediante la exaltación de los protagonistas de esa «gesta gloriosa», o mediante la recuperación de otras figuras del período anterior, consideradas como símbolos positivos en la conciencia colectiva.[5] (Bareiro/Flecha, 1985, p. 166/169)
Si bien esta generación se constituye, en general, a partir de la reivindicación de «lo paraguayo», existen diferencias entre los adelantados, como los citados Baéz y Alón, con los propiamente pertenecientes a los que surgen alrededor del fin del siglo XIX o principios del siglo XX, como lo son, por ejemplo, Manuel Dominguez,(1869 – 1935) Ignacio A. Pane,(1880 – 1920) Juan E. O’Leary, (1880 -1968) etc. quienes se negarán absolutamente a toda crítica con respecto a la sociedad, mostrando por el contrario un Paraguay idílico, armónico, extraordinario. La visión de que «El Paraguay se asemeja a un enano de enorme cabeza con cuerpo raquítico y piernas secas» (Alón) se transformará en «…el pueblo paraguayo es el más feliz de la tierra» (Manuel Dominguez); o lo de que «el Paraguay es una ergástula donde se revuelcan oprimidos y degradados los campesinos» (Alón), se reconvertirá en la idea de que: «…en el Paraguay no existe lucha de clases» (Manuel Domínguez). Cualquier visión crítica será repudiada, denunciada, estigmatizada, asimilada a la traición. Dentro de ese contexto se comprenderá la marginación que rodeó la obra del escritor hispano-paraguayo Rafael Barret (1876 – 1910), quien será el único en mostrar la realidad hiriente de la miserable situación en su Dolor Paraguayo.
La situación de quiebra social desaparecerá bajo los trazos del pasado, y éste se diseñará en un mundo lineal donde no existen saltos entre las distintas dimensiones. Surgirá del texto «maravilloso» de estos escritores un Paraguay idílico, grandioso. El máximo representante «de la cruzada nacionalista» verá al Paraguay, en la época de la dictaduras del siglo pasado, de esta forma: «…era la tierra ubérrima, eran los perfumados naranjales, era la aldea blanca y sonriente, era el hogar feliz (…) era el río, era el cielo estrellado; pero también era el pasado, la historia, las tradiciones (…) los esfuerzos remotos por la libertad. (O’Leary. 1930) (Los Legionarios).
Este párrafo de O’Leary da una cabal idea de la transmutación de situaciones que caracteriza «la literatura maravillosa». La visión del autor se proyecta y cobra vida en la dimensión ficcional representada por el «pasado glorioso» y por el contrario la realidad inmediata de los sobrevivientes es sumergida en el dominio letal del desprecio y la negación.
Ahora bien, ¿cuál es el balance de la vigencia del elemento nacionalista en el campo más estricto de la producción literaria? Una vez cumplida sumisión de factor recuperador, y políticamente condicionador después, el nacionalismo exacerbado quedó como un lastre que le llevó a tocar el fondo de lo patriotero, de lo auto-complaciente, hasta transformar la imagen «necesariamente» idealizada de comienzos del siglo en la caricatura de tarjeta postal de los años 30 y llegar a ser la ideología oficial desde, la revolución nacionalista de 1936, en que emerge los militares como propietarios del poder político (Bareiro/Flecha, 1985. p. 175). Esta ideología alienante, inhibitoria de un lectura problematizada al incrustarse en las estructuras el estado para a envolver a la sociedad civil a través de los múltiples «aparatos ideólogicos», convirtiéndose no sólo en la ideología oficial, base de sustentación de un poder político discrecional, sino en la única ideología permitida en la sociedad paraguaya hasta el derrocamiento del Gral. Alfredo Stroessner, en febrero de 1989, después de treinta y cinco años de poder absoluto.
Dentro de ese contexto, resultó casi natural, que Casaccia fuera acusado, por su novela la Babasa, como “de roedor de los mármoles de la Patria”, de traidor y otras infamias con lo cual le cerraban la posibilidad de un retorno al Paraguay. Josefina Plá fue la única que tuvo la valentía de reconocer la calidad extraordinaria de este obra y su carácter fundante dentro de la literatura nacional Ningún escritor, hasta que llegara Casaccia desnudó con tanto preciosismo desolador la realidad humana del Paraguay, a no ser el español Rafael Barret a principios de este siglo y que según dicen las malas lenguas, su viuda Panchita Maíz y sus dos hermanas, una, la viuda del Dr. Audibert y la otra, soltera, que vivían en Areguá, en una casa que todavía se conserva sobre la avenida central, componen los dos personajes femeninos fundamentales de La Babosa, extraña manera de que la casualidad se convierta en causalidad de la continuidad histórica en la visión de un país desolado.
Conclusiones
La familia Casaccia.
Gracias a la larga ausencia de su país, como suceden con casi todos los escritores paraguayos emigrados, la percepción primera del mundo de su infancia se fijará en su obra como si estuviera adherida a su propia piel de escritor. De él dijo Augusto Roa Bastos: “¼Este hombre magro, de recalcitrante, quincuagenaria juventud, tan parecido física y espiritualmente a su obra, que parece producida por generación espontánea, es el primer adelantado de la narrativa paraguaya actual. (¼) Hace (¼) años vive en la Argentina. Es por derecho propio interprete de la mitad desgarrada de un país que busca insomne y sin sosiego su otra mitad, su imposible reintegración¼”[6]. Justamente el hecho de haber vivido alejado por mucho tiempo del país le permitió escaparse del lóbrego ambiente de una mirada única, la nacionalista, permitida por las diferentes dictadura militares y sobre todo escapar de la visión complaciente de una mayoría social que creía, alimentada por los “aparatos ideológicos del estado”, en una visión “idealizada” del paraguayo, sin ningún atisbo crítico, prueba de ello las canciones y la poesía popular, exceptuando algunas producciones populares de la década de los 40, el teatro en guaraní de Correa, y la creación poética de la generación del 40 en esa década. Gabriel Casaccia murió a los 73 años de los cuales vivió 45 años en forma continuada en Argentina sin contar sus años de adolescencia con los que llegaría fácilmente a 50 años vividos en ese país. Sin embargo, el hecho mismo de pertenecer al “ámbito extranjero”, donde es muy comun tener una mirada diferente del pais donde se reside, muy critico por cierto, le dio la posibilidad de escaparse del pasado paraguayo y mirar al país con otros ojos. Esto es lo que le permitirá a Gabriel Casaccia construir un mundo novelístico profundamente veraz y crítico de la sociedad paraguaya.
Casaccia está considerado el fundador de la moderna narrativa paraguaya, justamente por esta distancia crítica que logra para develar el ethos paraguayo. Dos situaciones de su existencia pudieran explicar el fenómeno que lo hace tan diferente de su generación intelectual. El primero, del de provenir de una familia de inmigrantes extranjeros, que le posibilitó liberarse de esa visión de nacionalismo autocomplaciente y el otro,
El total de su producción literaria consta de diez títulos que incluyen siete novelas, dos colecciones de cuentos y una obra de teatro. Su primera novela, Hombres, Mujeres y Fantoches (1930) la publica gracias al financiamiento de la edición que hace su abuela materna. Su segunda obra, El Bandolero (1932) cuya edición también es financiada, pero esta vez por su otra abuela, es una obra dramática. Luego su obra posterior será publicada en el extranjero. El Guajhu (1938), de este libro de cuentos sólo se vendieron tres ejemplares en Asunción, según una carta dirigida a su hermano, donde le relata el hecho. Mario Pereda (1939) es la segunda novela del autor. El Pozo (1947), cuentos, publicada en el año de guerra civil en que la violencia se enseñorea en el país por lo menos un cuarto de la población gana el exilio. Es decir, por estas circunstancias tampoco esta obra será recensionada en Paraguay. El año siguiente comenzó a escribir “La Babosa”, publicada en 1952 por la editorial Losada en Buenos Aires. Esta novela ganará notoriedad internacional. Fue la primera novela paraguaya traducida al francés. En el Paraguay causó un gran escándalo, entre nacionalistas y la gente del poder. Casaccia fue acusado “de roedor de los mármoles de la Patria”, de traidor y otras infamias con lo cual le cerraban la posibilidad de un retorno al Paraguay. Josefina Plá fue la única que tuvo la valentía de reconocer la calidad extraordinaria de este obra y su carácter fundante dentro de la literatura nacional
Años después con el Premio Kraft de novela en su colección “La novela en América” con su novela “La llaga”, (1963) confirma su presencia en las letras del Río de la Plata. Esta novela ya logra interlocutores nacionales. Una nueva generación de escritores posibilita una positiva visión sobre la obra de Casaccia. Los Exiliados, Premio Internacional de Novela de Primera Plana (1966), se ubica definitivamente dentro de la novelística del continente. Esta novela será nuevamente severamente cuestionada por los exiliados que residen en la Argentina. La visión traumática de esos despojos humanos que fuera de su contexto territorial intentan sobrevivir con sus sueños, sus llagas y sus fantasmas, disgustará a los militantes políticos del exilio por despojarlos de su áurea de héroes. En 1975 publica en España “Los herederos” y luego de su muerte, en 1981 se publica, en primera edición, en Asunción, luego de más de 50 años que no se publicara ningún libro de él en dicha ciudad, “Los Huertas”, con el que cierra su mundo novelístico.
Benigno Gabriel Casaccia Bibolini nació en Asunción el 20 de abril de 1907, en el seno de una familia de la pequeña burguesía alta.
[1] Excepciones existieron un Rafael Barret o un Julio Correa. Inclusive la novela Tava`i de Maria Concepción Leyes de Chavez, publicada en 1941, aun con mejor factura, no escapa a la genérala de la Ley.
[2]En el Paraguay se dieron dos tipos de migración italiana. En un primer momento, sobre todo, al fin de la guerra, 1870, fueron llegando al país gente de mucha pobreza o tránsfugas, que propiamente no eran todavía italianos sino pertenecientes a diversas naciones que luego compondrán el estado italiano, como los piamonteses, calabrases, napolitanos, etc. El gran flujo de una migración más estructurada, mas rica y con mayor bagaje y presencia cultural vendrá poco después de la guerra y luego de la estructuración del Estado italiano (1870).
[3] No he averiguado si hablaba guarani
[4] Tambien habria que tener en cuenta que el ejercito ni la marina fue una casta en el Paraguay de esa epoca, por el contrario, los militares eran de origen campesino, que hablaban fluidamente el guarani con su tropa y no existia una diferencia social marcada con los soldados rasos.
[5] Bareiro Saguier, Rubén y Flecha, Víctor-jacinto. “De lo fantástico popular a lo maravilloso histórico, en Río de la Plata Revista del Centro de Literarturas y Civilizaciones del Río de la Plata (CELCIRP), Paris 1985.
[6]Primera Plana Nº 221, Buenos Aires 21 de marzo de 1967.
Filed under: Uncategorized
Para este encuentro del Aula Taller en Derechos Humanos por medio de la Literatura Paraguaya referida a una Libertad fundamental de la conciencia humana que es la Libertad de Pensamiento se ha optado por la obra y la figura del escritor español radicado en Paraguay; Viriato Díaz – Perez, un polígrafo políglota dedicado tanto a la investigación Teosófica como al Ocultismo, Paléografo, con doctorado en Filosofía y Letras también identificado con estudios Orientalistas sobre la India.
A continuación se ofrece el articulado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos referidos a la Libertad de Pensamiento, Opinión y Expresión; para luego introducir la vida y obra de Don Viriato.
El texto propuesto para discución «Las Ideas no se matan», se entregará el Jueves 18 para su lectura presencial entre los asistentes al encuentro en la Biblioteca del Centro Cultural de España Juan de Salazar. Se recomienda confirmar su precencia al mail: ddhh.literaturaparaguaya@gmail.com a fin de no quedar sin copia.
Demás está decir que lo mejor del encuentro de los Jueves en la Biblioteca del Salazar son las discuciones y las divergentes posturas… l@ esperamos.
Imagen de Viriato Díaz -Perez
Artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos referidos a la Libertad de Pensamiento, Opinión y Expresión.
Artículo 18
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
Artículo 19
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
—————–
Viriato Díaz-Pérez[1]
Viriato Díaz-Pérez es uno de los más fecundos maestros que tuvo el Paraguay durante casi medio siglo.
Infancia y juventud
Díaz-Pérez nació en Madrid en 1875. Provenía de un linaje de intelectuales. Hijo de Nicolás Díaz-Pérez, conocido escritor, cronista oficial de Extremadura y autor del Diccionario Biográfico y Bibliográfico de Extremeños Ilustres, y de doña Emilia Martín de la Herrería, también escritora.
Obtuvo el grado académico de Doctor en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid en el año 1900. Fue alumno de consagrados maestros como Menéndez y Pelayo, Giner de los Ríos, Moraita y Cordera.
Trayectoria en Madrid
Viriato Díaz-Pérez dejó en su tierra un surco fecundo de realizaciones científicas y literarias. Teósofo, republicano y orientalista dio a conocer desde 1895 hasta su venida al Paraguay, un enorme caudal de publicaciones y ensayos de extrema profundidad, dedicados a temas de su especialidad, entre los que cabe citar:
- La India,
- Algunos datos sobre la Antigua Literatura Hinda, Naturaleza y Función del lenguaje rítmico, tesis presentada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid,
- Sobre el misticismo Musulmán,
- Supernaturismo – Karma,
- La raíz an y sus significados, se denominó la tesis presentada al Congreso de Orientalistas, de Ámsterdam.
En 1904, publicó en Madrid, en la Unión Iberoamericana su trabajo “Movimiento Intelectual en el Paraguay”, en el que hacía un repaso de las principales personalidades del país.
Fue, desde joven, colaborador en revistas hispánicas conjuntamente con los escritores de la generación del 98.
Su familia
En 1906, atraído por sus románticos efluvios – según expresión de Carlos R. Centurión – animado por el joven político y escritor paraguayo Hérib Campos Cervera que lo visitara en España, viajó al Paraguay.
Consustanciado con la nueva tierra que amó como propia, allí se radicó. Contrajo matrimonio con Leticia Godoi Rivarola, hija del conocido político y benefactor Juan Silvano Godoi, de dicha unión nacieron sus hijos Fernán y Rodrigo, este último, refinado poeta.
El Museo y Biblioteca que lleva el nombre del ilustre Juan Silvano Godoi se convirtió en el refugio predilecto del dedicado y estudioso Viriato. Desde ese recinto propagó con dedicación apostólica y generosidad todo su saber.
Dedicó su vida a la docencia y a la vida intelectual. Fue maestro de cientos de paraguayos que recibieron el influjo de sus conocimientos.
Cargos ocupados
Fue nombrado Jefe del Archivo Nacional; Director general de la Biblioteca y Museo de Bellas Artes de Asunción; Miembro Paleógrafo de la Comisión de Límites con Bolivia. Desde 1902] ejerció el cargo de Cónsul del Paraguay en España.
Trayectoria en Paraguay
Participación cultural
En 1907 organizó el círculo literario llamado “La Colmena” que congregaba a toda una suerte de intelectuales de primera línea: Rafael Barret, Juan E. O’Leary, Manuel Domínguez, Arsenio López Decoud, Modesto Guggiari, Juan Silvano Godoi, Carlos R. Centurión, Fulgencio R. Moreno, Ricardo Brugada (h.), Juan Casabianca, Ignacio A. Pane, Ramón V. Caballero y otros.
En 1908 era un conspicuo conferencista y colaborador de cuantas publicaciones literarias salieron a luz. Desde su llegada al Paraguay, el nombre de Viriato no estuvo ajeno a la actividad cultural de Asunción.
Participó en diversos actos culturales de divulgación internacional con Argentina, Brasil, Uruguay, Estados Unidos, España, Italia y Alemania.
Desde este año hasta la segunda década del siglo, su prodigiosa divulgación literaria fue asombrosa. Una multitud de folletos y conferencias pronunciadas en diversos círculos afectados a las letras y las artes, lo catapultaron a los más altos estrados de la intelectualidad paraguaya.
Publicaciones de autores extranjeros se hicieron eco de su labor de maestro. El teósofo, ocultista, políglota tenía ya una fama de sabio.
Asistió en 1916 como delegado paraguayo al Congreso de Bibliografía e Historia realizado en Buenos Aires, donde presentó su obra “Polibiblión Paraguayo”, una guía de indicaciones bibliográficas sobre el Paraguay.
Obras
Fue redactor principal de la importante Revista del Instituto Paraguayo.
En 1913, creó la Revista Paraguaya.
En 1924, redactó el informe oficial presentado a la Sociedad de las Naciones, sobre “La cultura y la escultura en el Paraguay”.
En 1925, participó en la Revista del Paraguay, dirigida por el investigador y poeta Enrique Parodi.
Organizó el Segundo Congreso Internacional de Historia y Geografía de América, llevado a cabo en Asunción el 12 de octubre de 1926.
En 1930, publicó en La Asunción un magnífico estudio denominado “Las comunidades peninsulares en su relación con los levantamientos comuneros americanos y en especial con la Revolución Comunera del Paraguay”.
En 1948, colaboró con su monografía “La literatura en el Paraguay” para integrar la gran Historia Universal de la Literatura, de Prapoline, enciclopedia de XIII volúmenes. Díaz-Pérez fue una figura característica del complejo novecientos del Paraguay.
Últimos años
Pronunció más de trescientas conferencias en diversos estrados.
Ejerció la cátedra por más de cuarenta años en las más conocidas instituciones de enseñanza. Su sólida cultura humanista, sus profundos conocimientos y su inagotable actividad intelectual le hicieron merecedor del respeto de sus alumnos y contemporáneos.
Hasta que falleció en Asunción el 25 de agosto de 1958.
Referencias
-
Cien vidas paraguayas. Carlos Zubizarreta
-
Historia de las letras paraguayas. Carlos R. Centurión
VIRIATO DÍAZ-PÉREZ Y SU OBRA[2]
** Viriato Díaz-Pérez nació en Madrid en 1875 y se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad Central de la capital española cuando tenía 25 años. Formó parte de la famosa generación del 98, y trabajó intensamente en la vida intelectual madrileña de esos años; se carteaba, por ejemplo, con el autor de PLATERO Y YO, Juan Ramón Jiménez. Estaba también relacionado con el Paraguay a través de la familia Campos Cervera, y al punto que Hérib, padre, se casa con Alicia Díaz-Pérez, hermana de Viriato. Este hecho, y el que haya sido nombrado en 1903 Cónsul General del Paraguay en Madrid, cambiaron los intereses y los rumbos de Viriato Díaz-Pérez.
** Para 1906 ya lo tenemos en Paraguay e inserto dentro de la elite intelectual asuncena. A semanas de llegar fue nombrado director del Archivo Nacional de Asunción y a él se debe la encuadernación de cinco mil volúmenes con los documentos del archivo. Este trabajo lo puso en estrecha relación con otro gran intelectual de la época, Juansilvano Godoy; fruto de esta relación fue el casamiento de Viriato con Leticia, hija de Juansilvano.
** Viriato también se desempeño como director de la Biblioteca Nacional y estas actividades se complementaban con la docencia y con la labor periodística. Tanto fue su aporte a la Universidad Nacional, que ésta lo nombró Doctor Honoris Causa. Su obra escrita es extensa y variada, alcanzando los 30 volúmenes: abarca temas de lingüística, filosofía, literatura, ética, e historia, entre otros. Como bien diría Efraim Cardozo, «pocos se entregaron, de entre los extranjeros, tan completamente a la docencia cultural como Viriato Díaz-Pérez».
** Cuando Viriato Díaz-Pérez ofreció sus conferencias en el Instituto Paraguayo en 1921, ya hacía quince años que estaba al frente del Archivo Nacional, por lo tanto conocía y manejaba toda la documentación que se hallara en dicho repositorio a la perfección. Si bien por la naturaleza de una conferencia hablada no hay notas a pie de páginas ni citas a documentos específicos, podemos, sin lugar a dudas, dar por supuesto que todo su escrito está basado en una sólida documentación.
** Sin embargo, la originalidad de la obra de Viriato Díaz-Pérez y su aporte más claro es el de ubicar las revoluciones comuneras en el contexto de los levantamientos americanos y peninsulares. Su mayor aporte, entonces, es llamar la atención sobre el hecho de que es imposible comprender en su totalidad las revueltas comuneras paraguayas si a éstas no se las relaciona con las de las comunidades españolas en el siglo XVI.
** Entonces nuestro autor va conduciéndonos muy pedagógicamente dentro de su esquema. Nos introduce en la España del 1500, y nos explica cómo estaba organizada la sociedad en esa época. Analiza con nuevos ojos la figura de Carlos V y hasta llega a afirmar que su grandeza, para España, fue fatal. Argumenta Viriato Díaz-Pérez que toda la actividad de Carlos V se hizo de cara a Europa y de espalda a España y América. Esto hizo que no se atendieran los reclamos de las comunidades, las cuales terminaron levantándose a lo largo de toda la península. Con fina agudeza nos introduce dentro del «sentir comunero» compartiendo las cartas que entre los mismos líderes se enviaban.
** Luego de explicar el surgimiento y la represión del movimiento comunero peninsular en el siglo XVI, da el salto y nos ubica en el contexto americano. Sólo así, insiste Viriato, vamos a comprender más acabadamente lo sucedido en Paraguay. Revolución comunera que desarrolla en los dos últimos capítulos de la obra y resume brillantemente lo acontecido entre 1721 y 1735.
** Sin embargo, él es consciente de que está sólo abriendo la temática, invitándonos a tomar la posta. En sus palabras: «Porque para una exacta comprensión de los hechos que integran el caótico período durante el cual se produce la célebre Revolución Comunera del Paraguay, sería preciso realizar una revisión de los numerosos problemas no resueltos y de las emergencias no suficientemente estudiadas, que rodean al interesante momento histórico».
** Podemos afirmar, por lo tanto, que la lectura de la obra de Viriato Díaz-Pérez no sólo es fundamental para todos a quienes nos interesa la historia del Paraguay, sino también para aquellos investigadores que quieran arrojar nuevas luces sobre este tema central de nuestro pasado.
PARA IR PENSANDO…
(Preguntas disparadoras para el debate)
-
¿Cómo está la Libertad de Pensamiento en Paraguay?
-
¿Existen presos de Pensamiento en Paraguay?
-
¿Persecución a algún tipo de pensamiento político o religioso?
-
¿Siempre fue así? ¿En qué épocas no?
[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Viriato_D%C3%ADaz-P%C3%A9rez
[2] Edición especial de Editorial Servilibro. Para ABC COLOR, Colección Imaginación y Memorias del Paraguay (11) © De la introducción: IGNACIO TELESCA. Editorial Servilibro,
Asunción-Paraguay,2007, 118 páginas



















