Aula – Taller en Derechos Humanos por medio de la Literatura Paraguaya


LA OBRA DE HERIB CAMPOS CERVERA Y SU RELACIÓN CON LOS DERECHOS HUMANOS CIVILES Y POLÍTICOS
22/04/2010, 1:33 PM
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Hérib Campos Cervera y la Literatura paraguaya

por Víctor-jacinto Flecha

La literatura paraguaya llegó al siglo XX sin el desarrollo que tuvieron otros países latinoamericanos. Situaciones históricas pudieran explicar esta situación. Si bien las primeras crónicas de la conquista y la colonización en tierras de la región del Plata tienen su origen en el Paraguay y que a Ruy Díaz de Guzmán puede considerársele como el primer escritor paraguayo por su manuscrito conocido como “La Argentina” y cuyo título real, al parecer, fue el de “Anales del Descubrimiento, Población y Conquista de las Provincias del Río de la Plata”, fechado en Asunción en 1612, la literatura paraguaya propiamente dicha tiene una emergencia tardía, recién a mediados del siglo XIX.

             Paraguay quedó enclavado en medio del continente, alejado de su propio mar, estrechado en su espacio y disminuido en las que son actualmente sus fronteras, luego de haber sido clave en la conquista de esta parte del continente y punta de lanza para la expansión de la ocupación territorial española. De allí que a Asunción se la haya denominado “amparo y reparo de la conquista”, para luego pasar a afianzar el apoderamiento real de las áreas conquistadas, al ir fundando y poblando ciudades como Buenos Aires, Santa Fe, Santa Cruz, Corrientes, etcétera, en una basta geografía que hoy abarca parte del Brasil, la Argentina, Bolivia y el Uruguay.

             La población paraguaya, al quedar varada en una lejanía desolada, olvidada de Dios y de los hombres, se fue empobreciendo a tal punto que no pensaba en otra cosa que no fuera la mera supervivencia. Así, aunque las cosas del espíritu no les fueron ajenas, la vida cotidiana obligaba a estas gentes a resolver la precariedad material de su existencia. Esta es la razón por la que la creación literaria en los tiempos coloniales es muy escasa, a excepción  de alguna que otra obra.

            Los primeros atisbos literarios, como corpus,  se darían recién después de la independencia nacional (1811) y posterior a la muerte del dictador perpetuo don José Gaspar Rodríguez de Francia, en 1840, bajo cuyo largo gobierno “hasta las guitarras enmudecieron”, al decir de un viajero inglés de la época. Francia acabó por liquidar lo poco que había en cuestiones de creación literaria. Su sucesor, Carlos Antonio López, de signo más progresista, dio impulsos para “una puesta al día” del país y a la formación de camada de jóvenes que fueran capaces de gerenciar los cambios. Fue durante este gobierno (1840 – 1862) que emergió la primera hornada de intelectuales paraguayos.  Uno de los más conocidos será el poeta Natalicio Talavera, desaparecido en la infame “Guerra de la Triple Alianza” orquestada por sus vecinos: Brasil, Argentina y Uruguay, de 1864 a 1870. Esta guerra tuvo consecuencias catastróficas para el devenir del país ya que  fue exterminada la mayoría de la población, sobreviviendo solamente una cuarta parte de ella, en su mayoría niños y mujeres.

            Solamente hacia el 1900, 30 años después de la hecatombe, volvió aparecer una hornada de intelectuales como un corpus orgánico. Este grupo intelectual es conocido con el nombre de la “generación del 900”.

             La atmósfera asfixiante de la derrota, la pobreza general, y el estigma de que el paraguayo era un “bárbaro” que ni siquiera hablaba español, fue el aire que meció la cuna de esta generación. Por ende, sus integrantes imbuidos de una percepción europeísta, jamás supieron  apreciar la vigorosa literatura oral en idioma guaraní desarrollada por el pueblo y ni siquiera tuvieron noticias de la literatura de los guaraníes, una de las más bellas creaciones en el continente latinoamericano.

             Sus miembros adhirieron al cientificismo, y adoptando una erudición de cuño de “nuevo rico”, echaron las bases para producción del discurso escrito, con el propósito de superar la “barbarie” y fundar la tradición culta. Se dedicaron de manera preferente a la historiografía, dentro de los cánones privilegiados por la escuela positivista.

             Escarbando un poco más en las motivaciones profundas, podemos decir que no sólo existieron razones de moda en el cultivo predominante de la historiografía. De manera a veces deliberada, pero sobre todo inconsciente, los integrantes de esa generación buscaron, al abordar el tema histórico, recomponer el tejido social desgarrado por la hecatombe guerrera, recomponerlo “compensatoriamente” a partir de hechos heroicos relacionados con la contienda reciente, o mediante la exaltación de los protagonistas de esa “gesta gloriosa”, o mediante la recuperación de otras figuras del período anterior, consideradas como símbolos positivos en la conciencia colectiva.[1][1]

             La situación de quiebre social desaparecerá bajo los trazos del pasado, y éste se diseñará en un mundo lineal donde no existirán saltos entre las distintas dimensiones. Del texto “maravilloso” de estos escritores emergerá un Paraguay idílico, grandioso. Posteriormente, esta visión maravillosa tendrá un impacto sobre la cultura paraguaya y será la ideología oficial de los regímenes dictatoriales que asolaron el Paraguay en el siglo XX.

             Dentro de ese contexto se comprenderá la marginación que rodeó la obra del escritor hispano-paraguayo Rafael Barret (1876 – 1910), quien será el único en mostrar la realidad hiriente de la miserable situación en su “Dolor Paraguayo”.

             Entre 1913-1915 la revista Crónica aglutinará a un grupo de escritores, también negadores de la degradada realidad circundante pero escapándose en paisajes parisienses  o exotismos de otras especies. Sucedáneos de un modernismo tardío, se refugiaron en las drogas y desaparecieron muy pronto de la actividad literaria. Sus principales integrantes fueron Pablo Max Insfrán (1894-1972), Leopoldo Centurión (1893-1922),  Roque Capece Faraone (1894-1928) y Guillermo Molinas Rolón (1889-1945).

             Durante los años ’20 se abrirá en el Paraguay un amplio cauce de renovación cultural con base fundamental de la ideología nacionalista. En el plano de la creación literaria las revistas “Alas” y “Juventud” serán las aglutinantes.

             El tema central fue la reivindicación del Mariscal Francisco Solano López, figura principal de la guerra de la Triple Alianza, para algunos, dictador sanguinario, para otros, héroe extraordinario. Más allá de esta dicotomía generacional se trataba, en esencia, de un fenómeno más vasto de revalorización nacional. El arte, la literatura, la música que hasta hacía poco se sumergían en gastadas escuelas parnasianas y copiaban todo lo que “llegaba de París”, de pronto buscaron la recreación de todo lo “nacional”. Viejos aires folclóricos diseminados a lo ancho del país fueron recuperados  y fue creada la guarania por José Asunción Flores (1908-1972) y Agustín Barrios (Mangoré) estrena sus primeras obras geniales.  Surgieron la literatura y el teatro en guaraní. Las revistillas con poesías, cuentos y artículos en ese idioma se imprimían por miles. De pronto la sociedad entera se sumergía en un magma nacionalista. Los movimientos políticos también se impregnaran de ella, aún cuando para cada uno, la connotación sea diferente.

             Se fue configurando un fenómeno de interiorización de la realidad del país y se fue buscando una salida a la misma, de manera consciente. Si bien el ensayo histórico fue lo que más primó en la práctica de la escritura, la literatura también ocupó un lugar importante y algunos de sus cultores se convertirían, años después, en  los fundadores de la renovación literaria paraguaya como en el caso de Hérib Campos Cervera y Gabriel Casaccia. En esta pléyade puede citarse a los poetas José Concepción Ortiz (1900-1972), Heriberto Fernández, (1903-1927); a los historiadores Efraín Cardozo (1906-1973), Julio César Chavez; a los ensayistas Justo Prieto, Natalicio González (también novelista, poeta, e ideólogo del Partido colorado)(1897-1966), y a Manuel Ortiz Guerrero, (1897-1933) el poeta popular por antonomasia.

 La guerra del Chaco y la emergencia de la literatura moderna 

             La guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia (1932-1935) fue un hecho de conmoción catastrófica en la sociedad paraguaya. El profundo descontento social que se manifestó al término de la misma fue aprovechado por el “ejército victorioso” para hacerse del poder a través de un golpe de estado en 1936. Desde esa fecha, hasta el fin de la dictadura del general Alfredo Stroessner, en 1989, los militares fueron los verdaderos dueños del poder político en el país. 

             La creación literaria será impactada por la nueva realidad política y social del país. El poeta y dramaturgo que expresó de manera elocuente esta rotura social y política que significó la guerra del Chaco fue Julio Correa (1890-1953) poeta, cuentista  y fundador del teatro guaraní.

             A Correa se le pudiera considerar como un adelantado de la nueva literatura paraguaya. Su obra es la que define un nítido corte ésta y la literatura modernista anterior. Con su obra, Correa marca una concepción más signada por la realidad y comprometida con los avatares humanos.

             Hacia 1940 se va consubstanciando un grupo que tendrá un papel descollante en la puesta al día de la literatura paraguaya. A sus integrantes, si bien son de diferentes orígenes,  los aglutina la preocupación por la condición humana.

             Algunos de los miembros de esta generación lograrán sortear el aislamiento y se proyectarán a escala continental o universal. Sus integrantes principales son Hérib Campos Cervera (1908-1953), poeta; Josefina Plá, (1898-1999)[2], poeta, ensayista, periodista, ceramista, crítica y dramaturga; Augusto Roa Bastos (1917-2005), novelista y poeta, el escritor paraguayo de mayor proyección internacional; Elvio Romero (1926-2004), uno de los poetas claves de este siglo, quien vivió casi toda su vida en el exilio; Oscar Ferreiro (1921-2004), el surrealista del grupo; Dora Gómez Bueno de Acuña (1903-1987), quien cantó al amor con desacostumbrado desparpajo, asombrando a la pacata sociedad de su época. Habría de considerar a Gabriel Casaccia (1907-1980), aún cuando viviera en el exterior, como parte de este grupo.

 Hérib Campos Cervera, el animador  

             Campos Cervera emergió en la literatura paraguaya como uno de los integrantes de la revista “Juventud” en la década del 20, cuyos exponentes (con mucho retraso relativo) todavía realizaban  su producción con sesgo eminentemente modernista, en tanto que  la literatura de “vanguardia” era una realidad en otros países del continente. A esta “isla rodeada de tierra” llegaban con mucha dificultad los nuevos paradigmas literarios y los escritores salían muy poco al exterior.

             La renovación de la literatura paraguaya en la década de los años cuarenta, se debió a dos figuras que por distintas vías vivieron en el exterior. Hérib Campos Cervera vivió en el exilio en Uruguay (1931-1936) y la Argentina, donde tomó contacto con los nuevos paradigmas ideológicos del mundo y la nueva práctica poética. Frecuentó la nueva poesía española y francesa. Asimismo, Josefina Pla, española de origen, afincada en el Paraguay en 1927, vuelve a España durante la República, donde bullía una efervescencia cultural de renovación y cambio y en 1939, regresa al Paraguay.

             Las condiciones políticas de los años 40 fueron difíciles. La dictadura de Higinio Morínigo (1940-1948) obligó al exilio a muchos de los intelectuales, sin embargo y a pesar de ello, la actividad cultural, si bien restringida, fue buscando caminos nuevos. El Ateneo Paraguayo fue un sitio de movilización cultural y centro de agrupamiento de intelectuales y artistas, con su elenco teatral. Dentro de ese proceso, en 1943 se fundaron por dos instituciones culturales, el Instituto Paraguayo de Letras, y el PEN Club.

             En todos ellos, la presencia de “Campitos” se destacaba como animador e impulsor. Tenía un don especial para hacerse querer y apreciar. Pero donde descolló fue en la formación de un sitio de rencuentro, reunión, de manera muy informal, en la casa de Fridmam,  un pintor argentino, ubicada en el centro de Asunción, (Luis Alberto de Herrera entre Yegros e Iturbe),  a la que bautizaron con el nombre de “Vy’a raity” (el nido de la alegría), donde se encontraban normalmente Campitos, Augusto Roa Bastos, Oscar Ferreiro, el guitarrista Sila Godoy, el poeta Elvio Romero.  A este sitio llegaba de vez en cuando Josefina Plá, la otra animadora y maestra de esta generación y las próximas.

             Entre bromas, chistes y alegría, Campos Cervera ejercía un magisterio extraordinario para el impulso y la renovación de la producción cultural paraguaya. “No existe arte inútil”, decía. La literatura debe ser un instrumento para la liberación, comenzando con el propio autor. Esta posición comprometida será un signo compartido por todos los miembros de la generación del cuarenta.

             Con la llamada generación del 40 la literatura paraguaya se puso al día con el contexto internacional y tendrá una repercusión extraordinaria por el resto del siglo XX. Sus integrantes con el tiempo se convertirán en los representantes genuinos de la producción literaria paraguaya en el mundo,  comenzando por Campos Cervera, Josefina Plá, mujer de hacer múltiple que marcó todo el acontecer cultural de los últimos 60 años del siglo XX, Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, y Benigno Casaccia.

             La guerra civil de 1947, se presentó como una abrupta ruptura en todo el acontecer nacional y sobre todo cultural, ya que  significó la mayor violencia política y social conocida en toda la historia paraguaya. Fueron perseguidos todos aquellos que no profesaban la ideología oficial. Por ende, significó el exilio de casi todos los creadores paraguayos, entre ellos los escritores Hérib Campos Cervera, Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, Oscar Ferreiro, etc.  Quedaron muy pocos artistas y escritores en estas tierras que ardían.

             Esta situación de extrema violencia dividió el país en dos. Más de 300 mil exiliados en tierras extranjeras.  Se  extremó la persecución política no sólo a los vencidos, sino a toda persona que no comulgaran públicamente con la ideología del régimen. Muchos murieron en el exilio, sin poder regresar jamás, como Hérib Campos Cervera y José Asunción Flores, en tanto que otros sólo pudieron regresar a vivir en el país, en su ancianidad, cuando cambiaron las condiciones de opresión política en el país.

 Campos Cervera y los escritores que emergen en los años 60.

             Después de quince años de la cruenta guerra civil de 1947, en plena consolidación de la dictadura de Alfredo Stroessner, bajo el signo del control social y policiaco, de represiones ejemplares y anulación de toda posibilidad de libertad, emergió en los años 60 una hornada de escritores, que signados por la degradante situación política de la época, comenzó a impulsar algún renacimiento de actividades culturales.

             Dicho grupo de jóvenes se fue constituyendo alrededor de figuras emblemáticas, como Josefina Plá y Oscar Ferreiro, quien más parecía, a pesar de sus años, un compañero más de los jóvenes que un maestro y, sin embargo, sin pretender se convirtió en un paradigma a ser imitado. Tanto Oscar como Josefina, en esa época, fueron la correa de transmisión de la poesía y la cosmovisión de  Hérib Campos Cervera, muerto en el exilio en 1953.  A través de conferencias, publicaciones, conversaciones con los jóvenes escritores, estas dos figuras literarias por excelencia, iban transmitiendo el legado poético e ideológico de Campos.

             Contribuyó enormemente al conocimiento de Hérib Campos Cervera la edición especial de “Alcor” con motivo del décimo aniversario de su muerte, con la publicación de las cartas de Hérib a José Concepción Ortiz, Oscar Ferreiro, Francisco Marín, José María Rivarola Matto, además de la publicación de artículos especiales de recordación.

             Muchos de estos jóvenes frecuentaron en Buenos Aires a los intelectuales y artistas expatriados, como Augusto Roa Bastos, José Asunción Flores, Elvio Romero, entre otros, con quienes profundizaron el conocimiento sobre la vida y la obra de Hérib Campos Cervera.

             Un desafío que resta es el estudio analítico de la influencia de Hérib Campos Cervera en los intelectuales de los últimos sesenta años. Sería el mejor homenaje que pudiéramos rendirle.

 


[1][1] Bareiro Saguier, Rubén y Flecha, Víctor-jacinto.”De lo fantástico popular a lo maravilloso histórico”, en Río de la Plata  Revista del Centro de Literarturas y Civilizaciones del Río de la Plata (CELCIRP), Paris 1985.

[2] Normalmente se dan diferentes fechas del nacimiento de esta escritora, todas ya en siglo XX, sin embargo, algunos testimonios y la propia memoria de su infancia, inédita, demuestra que ella nació hacia fines del silgo XIX. Su hijo testimonia que su madre solía decir que fue bautizada siendo una niña grande y normalmente la fecha de nacimiento era la del bautizo, en el libro de Iglesia, antes de que existiera el Registro Civil.

Derechos de Primera Generación o Derechos Civiles y Políticos

Los Derechos de Primera Generación o Derechos Civiles y Políticos se refieren a los primeros derechos que fueron consagrados en los ordenamientos jurídicos internos e internacionales. Estos Derechos surgieron como respuesta a los reclamos que motivaron los principales movimientos revolucionarios de finales del siglo XVIII en occidente. Estas exigencias fueron consagradas como auténticos derechos y como tales difundidos internacionalmente.

Los Derechos Civiles y Políticos están destinados a la protección del ser humano individualmente, contra cualquier agresión de algún órgano público. Se caracterizan porque imponen al Estado el deber de abstenerse de interferir en el ejercicio y pleno goce de estos derechos por parte del ser humano.

El Estado debe limitarse a garantizar el libre goce de estos derechos, organizando la fuerza pública y creando mecanismos judiciales que los protejan. Los Derechos Civiles y Políticos pueden ser reclamados en todo momento y en cualquier lugar.

  • Toda persona tiene los derechos y libertades fundamentales sin distinción de raza, sexo, color, idioma, orientación política, posición social o económica.

  • Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad jurídica

  • Nadie estará sometido a esclavitud o servidumbre
  • Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes, ni se le podrá ocasionar daño físico, psíquico o moral
  • Nadie puede ser molestado arbitrariamente en su vida privada, familiar, domicilio o correspondencia, ni sufrir ataques a su honra o reputación
  • Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia
  • Toda persona tiene derecho a una nacionalidad
  • En caso de persecución política, toda persona tiene derecho a buscar asilo y a disfrutar de él, en cualquier país
  • Los hombres y las mujeres tienen derecho a casarse y a decidir el número de hijos que desean
  • Todo individuo tiene derecho a la libertad de pensamiento y de religión
  • Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión de ideas
  • Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacífica

 TEXTUALMENTE LOS DERECHOS CIVILES Y POLÍTICOS EN LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS DICEN:

 Artículo 1.

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2.

Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Artículo 3.

Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 4.

Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5.

Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 6.

Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.

Artículo 7.

Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

Artículo 8.

Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.

Artículo 9.

Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

Artículo 10.

Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.

Artículo 11.

1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.

2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.

Artículo 12.

Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Artículo 13.

1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.

2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

Artículo 14.

1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.

2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Artículo 15.

1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.

2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.

PREGUNTAS DISPARADORAS DEL ENCUENTRO

– ¿Por qué son importantes los Derechos Humanos Civiles y Políticos?

-¿Conoce algún poema de este autor paraguayo que refleje una preocupación al respecto de los Derechos Humanos Civiles y Políticos?

– Herib Campos Cervera tuvo que hacer uso de un Derecho Humano Civil y Político, el Derecho al Asilo ¿Conoce usted el Derecho a Asilo? ¿Le parece importante?´¿Por qué?

 

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