Aula – Taller en Derechos Humanos por medio de la Literatura Paraguaya


LA LITERATURA DE RAFAEL BARRETT Y LOS DD. HH. EN PARAGUAY
08/03/2010, 2:18 PM
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EJERCITARIO – A CONTINUACION COLOCAMOS  EL ARTICULO 25 DE LA CONSTITUCION DE 1870 Y LOS 7 PRIMEROS ARTÍCULOS DE LA DECLARACIÓN DE LOS DD.HH. PROPONEMOS HACER UNA LECTURA PARALELA DE LOS ESCRITOS DE BARRET PARA LUEGO CONTESTAR LAS PREGUNTAS.

“Artículo 25. En la República del Paraguay no hay esclavos, si alguno existe queda libre desde la jura de esta constitución, y una ley especial velará las indemnizaciones a que diere lugar esta declaración.

Los esclavos, de que cualquier modo se introduzcan, queda libre por el solo hecho de pisar el territorio paraguayo.”  (CONSTITUCION NACIONAL DE LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY – 1870)


Artículo 1
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Artículo 3
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 4
Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 6
Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.

Artículo 7
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

(DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS – 1948)

LA ESCLAVITUD Y EL ESTADO de Rafael Barrett

Publicado en “El Diario”, Asunción, 15 de junio de 1908.

Es preciso que sepa el mundo de una vez lo que pasa en los yerbales. Es preciso que cuando se quiera citar un ejemplo moderno de todo lo que puede concebir y ejecutar la codicia humana, no se hable solamente del Congo, sino del Paraguay.

El Paraguay se despuebla; se le castra y se le extermina en las 7 u 8.000 leguas entregadas a la Compañía Industrial Paraguaya, a la Matte Larengeira y los y a los arrendatarios y propietarios de los latifundios del Alto Paraná. La explotación de la yerba-mate descansa en la esclavitud, el tormento y el asesinato.

Los datos que voy a presentar en esta serie de artículos, destinados a ser reproducidos en los países civilizados de América y de Europa, se deben a testigos presenciales, y han sido confrontados entre sí y confirmados los unos por los otros. No he elegido lo más horrendo, sino lo más frecuente; no la excepción, sino la regla. Y a los que duden o desmientan les diré:

«Venid conmigo a los yerbales, y con vuestros ojos veréis la verdad».

No espero justicia del Estado. El Estado se apresuró a restablecer la esclavitud en el Paraguay después de la guerra. Es que entonces tenía yerbales. He aquí lo esencial del decreto de enero de 1871:

«El Presidente de la República, teniendo en conocimiento de que los beneficiadores de yerbas y otros ramos de la industria nacional, sufren constantemente perjuicios que les ocasionan los operarios, abandonando los establecimientos con cuentas atrasadas…

DECRETA:
«Artículo 1º.- …».

«Art. 2º.- En todos los casos en que el peón precisase separarse de sus trabajos temporalmente deberá obtener… asentimiento por medio de una constancia firmada por el patrón o capataces del establecimiento».

«Art. 3º.- El peón que abandone su trabajo sin este requisito, será conducido preso al establecimiento, si así lo pidiere el patrón, cargándosele en cuenta los gastos de remisión y demás que por tal estado origine».

Juan B. Gil RIVAROLA

El mecanismo de la esclavitud es el siguiente: No se le conchaba jamás al peón sin anticiparle una cierta suma que el infeliz gasta en el acto o deja a su familia. Se firma ante el juez un contrato en el cual consta el monto del anticipo, estipulándose que el patrón será reembolsado en trabajo. Una vez arreado a la selva, el peón queda prisionero los doce o quince años que, como máximum, resistirá a las labores y a las penalidades que le aguardan. Es un esclavo que se vendió a sí mismo. Nada le salvará. Se ha calculado de tal modo el anticipo, con relación a los salarios y a los precios de los víveres y de las ropas en el yerbal, que el peón, aunque reviente, será siempre deudor de los patrones. Si trata de huir se le caza. Si no se logra traerle vivo, se le mata.

Así se hacía en tiempos de Rivarola. Así se hace hoy.

Es sabido que el Estado perdió sus yerbales. El territorio paraguayo se repartió entre los amigos del gobierno y después la Industrial se fue quedando con casi todo. El Estado llegó al extremo de regalar ciento cincuenta leguas a un personaje influyente. Fue aquella una época interesante de venta y arriendo de tierras y de compra de agrimensores y de jueces. Pero no nos importan por el momento las costumbres políticas de esta nación, sino lo referente a la esclavitud en los yerbales.

En la reglamentación del 20 de agosto de 1885 se dice:

«Art. 11. -Todo contrato entre el explotador de yerba y sus peones, para que tenga fuerza, deberá ser hecho ante la autoridad local respectiva, etcétera».

Ni una palabra especificando qué contratos son legales y cuáles no. El juez sigue poniendo su visto bueno a la esclavitud.

En 1901, al cabo de treinta años, se deroga especialmente el decreto de Rivarola. Pero el nuevo decreto es una nueva autorización, más disimulada, puesto que ya el Estado no tenía yerbales, de la esclavitud en el Paraguay. Se prohíbe al peón abandonar el trabajo, so pena de daños y perjuicios a los patrones. Ahora bien, el peón debe siempre al patrono; no le es posible pagar y legalmente se le apresa.

El Estado tuvo y tiene sus inspectores, los cuales por lo común se enriquecieron pronto. Los inspectores van a los yerbales para:

«1.º) Reconocer toda la jurisdicción de su sección;

2.º) Fiscalizar la elaboración de yerba;

3.º) Cuidar que los industriales no destruyan las plantas de yerba;

4.º) Exigir que cada arrendatario le presente la patente del rancho arrendado, etc.».

Ninguna orden de verificar si en los yerbales se ejerce la esclavitud, y si se atormenta o fusila al obrero.

Este análisis legislativo es un poco inocente, pues aunque la esclavitud no se apoyara en la ley, se practicaría de todas maneras. En la selva está el esclavo tan desamparado como en el fondo del mar. Don R. C., en 1877, decía que la Constitución se detenía en el río Jejuy. Suponiendo que un peón sacara de su cerebro enfermo un resto de independencia, y de su cuerpo dolorido la energía necesaria para atravesar inmensos desiertos en busca de un juez, encontraría un juez comprado por la Industrial, la Matte o los latifundistas del Alto Paraná. Las autoridades locales se compran mensualmente mediante un sobresueldo, según me ratifica el señor contador de la Industrial Paraguaya.

El juez y el jefe comen, pues, en ese plato. Suelen ser simultáneamente autoridades nacionales y habilidades yerbateros. Así el señor B. A., pariente del actual presidente de la República, es jefe político de San Estanislao y habilitado de la Industrial. El señor M., pariente también del presidente, es juez en el feudo de los señores Casado y empleado de ellos. Los señores Casado explotan los quebrachales por medio de la esclavitud. Todavía se recuerda el asesinato de cinco peones quebracheros que intentaron fugarse en una barca.

Nada hay, pues, que esperar de un Estado que restablece, la con ella lucra y vende la justicia al menudeo. Ojalá me equivoque.

Y entremos ahora en el detalle de los hechos.

HOGARES HERIDOS de Rafael Barrett

El estado de un cuerpo depende del de sus moléculas, y no puede estar sano un organismo vivo si las células de que se compone no están sanos. Es imposible que un país prospere cuando no se constituye fuerte y dignamente la familia, que es molécula y célula social. La patria hogar común, es desgraciada y débil porque los hogares individuales lo son. Y así como en medicina se tiende al único procedimiento curativo de regenerar los tejidos por los elementos, así la obra de salvar la patria se reduce a la de regenerar los hogares.

Obra lenta, laboriosa, poco lucida, y sin embargo la sola obra fecunda. Obra que no está al alcance de un ministro por hábil y bullicioso que sea, ni de política alguna. Aquí la política, lo mismo que en todo lo que se refiere a los problemas esenciales de los pueblos, tal vez sea capaz de hacer el mal, pero es impotente para hacer el bien: o es una calamidad, o no es nada; nunca es más generosa y útil que cuando se abstiene. No; la grande obra de regenerar los hogares requiere varias generaciones de hombres inteligentes y abnegados, bastante modestos para ir a enterrarse en los rincones de la campaña, bastante heroicos para quedarse allí a combatir el daño en sus raíces y para consagrarse a consolar y sanar los enfermos espíritus. El Paraguay es un vasto hospital de alucinados y de melancólicos. No son oradores ni capitalistas ni sargentos lo que nos hace falta, sino médicos, médicos amorosos cuyas manos a un tiempo curen y acaricien.

Y esos hombres, ¿dónde están? No lo sé, mas son necesarios. Son semejantes a las células vigorosas, multiplicadas por la acción de sueros inmunizadores y cuyo destino es batallar contra los microbios patógenos y devorarlos. Hay que batir al enemigo en su terreno y con sus armas, o resignarse a sucumbir. En los meses que siguieron a los desastres de la guerra hispanoamericana, cuando no se hablaba en la península, igual que hoy en el Paraguay, más que de regeneración y de rumbos nuevos, don José Echegaray presentó una solución teórica y pueril, solución de matemático: «Regenerémonos nosotros mismos uno por uno, exclamó; en cuanto cada español se haya regenerado a sí propio, se habrá regenerado España». Muy sencillo y muy absurdo, porque precisamente en eso consiste la degeneración, en no conseguir nadie regenerarse sin ajena ayuda. Un individuo de suficiente energía para recobrar por sí la salud moral está ya limpio y robusto. Al perfeccionarse no crea pujanza: la demuestra. Por desgracia nuestro caso es distinto. Decir que los hogares están heridos es poco; están mutilados, y las conciencias también. No alcanzará una existencia a lograr que retoñen los órganos ausentes; será necesaria una serie de existencias, como reclaman los filósofos indios, una serie de reencarnaciones para llegar a la purificación suma. La empresa es larga y penosa puesto que es fundamental. El pan humano de las edades venideras, alzado por la levadura de los educadores predicadores laicos, tardará quizás siglos en blanquear su hostia redentora.

El hogar paraguayo es una ruina que sangra; es un hogar sin padre. La guerra se llevó los padres y no los ha devuelto aún. Han quedado los machos errantes, aquellos que asaltaban los escombros con el cuchillo entre los dientes, después de la catástrofe. Antes robaban, mataban, violaban, pasaban. Ahora, algo cambiados en su raza vil de horda, algo contagiados por la desesperación muda de las nobles mujeres que López arrastró descalzas en pos de las carretas y que al sobrevivir se entregaban a ellos, merodeadores repugnantes, para repoblar el desolado desierto de la patria, algo tocados de la apacible belleza del suelo, toman la hembra, engendran con la vida y el dolor y pasan. Detrás, en los ranchos miserables, hay concubinas o viudas, pero madres al fin, que trabajan la tierra con sus huérfanos hijos a ellas abrazados en triste racimo. Jamás un aborto voluntario, jamás un infanticidio que otras madres hasta por caridad cometerían. Siempre abandonadas, pacientes, ignorantes y silenciosas, sienten en el fondo de su alma, como sintieron después de los años fatídicos, la necesidad de criar hombres, buenos o malos, de echar al mundo la probabilidad del triunfo. ¡Madres dolorosas, madres despojadas de toda vanidad y honor, de toda alegría, de todo adorno, madres de niños taciturnos, sombrías sembradoras del porvenir, sólo en vosotras está la esperanza; sólo vosotras, sobre vuestros inclinados y doloridos hombros, sostenéis vuestro país!

Pero una madre no es un hogar todavía. Sin el hogar, sin el home, reconfortante, tibio nido, pequeño y sagrado teatro de los altruismos normales de nuestra especie, fuente de todo arranque elevado, condición de toda labor regular y continua, base de toda felicidad, no hay nación respetable ni segura. El progreso de los sajones se debe exclusivamente a que son incomparables padres de familia. ¡Oh cándidos legisladores, preocupados con enseñar a leer a vuestros compatriotas! Consagrad vuestros esfuerzos a una tarea más importante y obscura: haced que respeten a sus mujeres y amen a sus hijos.

EL YUGO EN LA SELVA de Rafael Barrett

No siempre se arrea la peonada mediante contrato previo. A veces los racoteurs preparan noticias de reclutamiento o de revolución, y ofrecen al cándido campesino un refugio en los yerbales. Tales ocasiones de adquirir gratis la hacienda humana se facilitan si el empresario, entendiéndose con las altas autoridades del país, dispone de la fuerza pública, no sólo para asegurar fraudes y contrabandos, sino para organizar razzias que arreen a los que quieren venir, y cacerías que cobren a los que quieren marcharse. Recientemente la Matte Larangeira hizo un pacto de esta naturaleza con Bentos Xavier, al cual adelantó fondos para que derrocara en Mato Grosso a un gobernador poco complaciente.

Sea por un sistema, sea por el otro, el peón cayó en la selva. Tiene mil probabilidades contra una de no salir. Antes había la suspensión de labores desde fin de agosto hasta diciembre. Se licenciaba al personal añadiendo el eslabón de un nuevo anticipo a la antigua cadena. Pero la Matte suprimió esa semi-libertad de dos o tres meses. Era un gasto inútil; ¡con el anticipo primitivo basta y sobra! La Industrial imita a la Matte; el año pasado no suspendió la zafra. Se puede afirmar al pie de la letra que el obrero no volverá de la selva hasta que haya sudado toda su sangre y lo despidan por usado, convertido no en un viejo sino en la sombra de un viejo, si es que no lo fusilaron por desertor, no le encontraron muerto una mañana y arrojaron al río su cadáver.

¡La selva! Extraen de ella enormes fortunas los negreros enlevitados que se pasean por las calles de Asunción, de Buenos Aires o Río, y no llega a ella una ráfaga espiritual, un eco de la cultura, un consuelo de la sociedad no perdida. En las 5.000 leguas del Alto Paraná no hay más que un juez comprado por la Industrial y un maestro de escuela, el de Tucurúpucú. ¡Jurad sin miedo que al maestro no le subvencionan! En esas 5.000 leguas no hay un boticario ni un médico. Si los médicos manejaran el látigo o el fusil, ¡los habría! Dos tipos de extrema degeneración: el esclavo, pobre bestia asustada, y el habilitado, bestia feroz, proxeneta de la avaricia urbana; he aquí todo lo que la humanidad ha dejado en la selva. ¡Qué importa!, esos dos tipos son suficientes a constituir nuestra civilización legal: suministran el oro.

¡La selva! La milenaria capa de humus, bañada en la transpiración acre de la tierra; el monstruo inextricable, inmóvil, hecho de millones de plantas atadas en un solo nudo infinito; la húmeda soledad donde acecha la muerte y donde el horror gotea como en las grutas… ¡La selva! La rama serpiente y la elástica zarpa y el devorar silencioso de los insectos invisibles… Vosotros, los que os apagáis en un calabozo, no envidiéis al prisionero de la selva. A vosotros os es posible todavía acostaros en un rincón para esperar el fin. A él, no, porque su lecho es de espinas ponzoñosas; mandíbulas innumerables y minúsculas, engendradas por una fermentación infatigable, le disecarán vivo si no marcha. A vosotros os separa de la libertad un muro solamente. A él le separa la inmensa distancia, los muros de un laberinto que no se acaba nunca. Medio desnudo, desamparado, el obrero del yerbal es un perpetuo vagabundo de su propia cárcel. ¡Tiene que caminar sin reposo, y el camino es una lucha: tiene que avanzar a sablazos, y la senda que abre con el machete torna a cerrarse detrás de él como una estela en la mar!

Así trabaja hozando en el bosque sus galerías de topo, tendidas de picada a picada, agujeros en fondo de saco por donde busca y trae la yerba. Desgaja, carga y acarrea el ramaje al fogón. Se arrastra penosamente bajo el peso que le abruma. A eso se reduce la estúpida faena del yerbal, a la de una acémila que hocicara ante su sendero de retorno. El paraje se llama mina, y el peón, minero. La Cámara de Apelación paraguaya ha opinado que el yerbal es una mina. Esta designación terrible es más elocuente que todo. Sí: hay minas al aire y a la luz del sol. El hombre desaparece, sepultado bajo la codicia del hombre.

El minero desgaja y acarrea de día. De noche -¡porque se pena de día y de noche en el yerbal!- alcanza el fogón, verea el ramaje, es decir, lo tuesta en la llama, abrasándose las manos; deshoja la rama destrozándose los dedos; pisa la hoja en el raido, sujetando con tiras de cuero la mole, que llevará a cuestas hasta el romanaje donde será pesada…

¿Sabéis cuánta hoja exigen al minero diariamente la Matte Larangeira y la Industrial Paraguaya? ¡Ocho arrobas como mínimum! Ocho arrobas al hombro, traídas de una legua, de legua y media por la picada! Cuando el minero suelta el raido, nadie se acerca al desgraciado, que por lo común se desploma al suelo. Los capataces le respetan en ese instante. Una desesperación sin nombre se apodera de él, y sería capaz de asesinar. La lástima es que jamás lo haga, que jamás ejecute a sus verdugos.

Ahora, el barbacuá, el horno rudimentario en que se cuece la hoja. Allá en lo alto, sobre la boca fulgurante, el urú encaramado, respirando fuego, vigila la quemazón. ¡Cuántas veces ha caído desmayado y lo han reanimado a puntapiés! El trabajo más cruel es quizá el acarreo de leña al barbacuá, 70 u 80 kilos de troncos gruesos, bajo los cuales, en el calvario de una larga caminata a través de la selva, la espalda desnuda sangra. ¡Sí; la carne cruje desnuda en el yerbal, porque allí son muy caras las camisas!

Sumad el ejército de los mensualeros, atacadores de mboroviré, troperos de carreta, picadores, boyeros, expedicionarios desprovistos de lo más preciso, obligados a cruzar desiertos y pantanos interminables; chateros a quienes se paga por viaje de un mes y que regresan, entorpecidos por las sequías, después de tres o cuatro meses de combate aguas arriba, con el pecho tumefacto por el botador; sumadlo todo, y obtendréis la turba maldita de los yerbales, jadeante catorce, dieciséis horas diarias, para la cual no hay domingo ni otra fiesta que el Viernes Santo, recuerdo del martirio de Jesús, padre de los que sufren…

Y esa gente ¿qué come? ¿De qué manera se trata? ¿Qué salario se le abona y qué ganancia produce a los habilitados y a la empresa?

Contestar a esto es revelar una serie de crímenes… Hagámoslo.

Publicado en “El Diario”, Asunción, 20 de junio de 1908.

PREGUNTAS

1.- El Texto de Barret es de una alta carga denunciativa. ¿Cuál de los Árticulos de la Declaración de los DD.HH. piensa usted que se ve agredido con los hechos denunciados?

2.- ¿Conocía la obra de Rafael Barret? ¿Qué le parece su trabajo?

3.- ¿Cuál es su opinión sobre la exclavitud? ¿Conoce casos actuales en Paraguay?

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6 comentarios so far
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PREGUNTAS
1.- El Texto de Barret es de una alta carga denunciativa. ¿Cuál de los Artículos de la Declaración de los DD.HH. piensa usted que se ve agredido con los hechos denunciados?
Para comenzar viola el Artículo 1 porque este enuncia que;
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, SIN EMBARGO LOS EN LA DENUNCIA DE BARRET, LOS TRABAJADORES CARECIAN DE LIBERTAD Y CON EL TIPO DE CONTRATO CARECIAN DE DIGNIDAD Y DERECHOS.
Artículo 2
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. TAMBIEN ESTE ARTICULO ESTA VIOLANDO YA QUE LA RESOLUCION DEL PRESIDENTE GILL va en detrimento de los trabajadores.
5. Artículo 3, expresa violación de este articulo ya que ni libertad ni seguridad garantizaban los yerbateros.

6. Artículo 4 elemental articulo transgredido
Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.
7. Artículo 5
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
8. Artículo 6
Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.
Artículo 7
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.
2.- ¿Conocía la obra de Rafael Barret? ¿Qué le parece su trabajo?
Desconocia la obra de Rafael Barret, me parece trascendental aun después del periodo del autor ya que aun hoy se dan violaciones de los DDHH
3.- ¿Cuál es su opinión sobre la esclavitud? ¿Conoce casos actuales en Paraguay?
La esclavitud al igual que la sujeción a una persona que implica servidumbre es realmente angustiosa, desgarradora ya que reduce al ser humano a una condición servil sórdida, infrahumana, hoy aun siguen existiendo personas que trabajan en condiciones insalubres superan las horas normales con un salario realmente pavoroso que solo mortifica la vida de personas.

Comentario por ALCIDES CARDOZO

Gracias por compartir con nosotros tus pensamientos Alcides.

VJF

Comentario por elombligodelmundo

Muy buen taller, aunque se notó la tinata antianarquista del profe.

Comentario por pelao

PELAO: BIEN POR LA DEMOCRACIA QUE NOS PERMITE PENSAR SOBRE LO ANTIANARQUISTA Y LO PRO ANARQUISTA, POR CIERTO LA ANARQUIA SEDUCE POR EL TRAMA DE QUE NOS PERMITE DEMOSTRAR CUAN ANIMALES PRODRIAMOS SER. LOS DDHH OTORGAN BENEFICIOS INCALCULABLES PARA UNA ARMONIA SOCIAL Y POR SOBRE TODO DESARROLLARNOS COMO HUMANO. MIS RESPETOS.
ALCIDES

Comentario por ALCIDES

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